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R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana

 

3 de abril de 2005 2o Domingo de Pascua [Ciclo A]

Evangelio según San Juan 20:19-31

La tarde de aquel día, el primero de la semana,* los discípulos estaban a puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús se hizo presente allí, de pie en medio de ellos. Les dijo: “La paz sea con ustedes”. Después de saludarlos así, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de gozo al ver al Señor. El les volvió a decir: “La paz esté con ustedes. Así como el Padre me envió a mí, así yo les envío a ustedes”. Dicho esto, sopló sobre ellos: “Reciban el Espíritu Santo, a quienes ustedes perdonen, queden perdonados, y a quienes no libren de sus pecados, queden atados”.** Uno de los Doce no estaba cuando vino Jesús. Era Tomás, llamado el Gemelo. Los otros discípulos le dijeron después: “Vimos al Señor”. Contestó: “No creeré sino cuando vea la marca de los clavos en sus manos, meta mis dedos en el lugar de los clavos y palpe la herida del costado”. Ocho días después, los discípulos estaban de nuevo reunidos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, y se puso de pie en medio de ellos. Les dijo: “La paz sea con ustedes”. Después dijo a Tomás: “Ven acá, mira mis manos: extiende tu mano y palpa mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”. Tomás exclamó: “Tú eres mi Señor y mi Dios”. Jesús le dijo: “tú crees porque has visto. Felices los que creen sin haber visto”.  Muchas otras señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y que por esta fe tengan la vida que él solo puede comunicar.***

*El día en que Jesús resucitó.
**Esta es la versión Joánica de Pentecostés.
***Este último verso expresa el propósito fundamental del Evangelio de Juan: “que crean que Jesús es el Cristo”.

Comentario breve:

El Evangelio del domingo pasado nos narró la historia de las diferentes reacciones de los tres primeros discípulos que encontraron la tumba vacía. Hoy, el evangelista presenta un nuevo personaje: Tomás. Tomás, quien no había estado presente la primera vez que Jesús se aparece a los discípulos, se niega a creer a menos que pueda tocar las llagas en las manos y en el costado de Cristo. Esta petición es algo tonta; una vez que vemos y tocamos, no es necesaria la fe, y dudar sería imposible. Sin embargo, con esta historia el evangelista nos demuestra que, aún entre los primeros seguidores de Jesús había dudas y miedos. Jesús es paciente con Tomás y le permite tocar sus heridas, lo cual hace que Tomás diga la famosa frase: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús usa este incidente para darnos la novena bienaventuranza: “Felices (benditos) los que creen sin haber visto”.

Esta lectura también nos recuerda que hemos sido enviados por Jesús a continuar su misión. Juan Pablo II ha dicho que solamente a través de una nueva evangelización podremos transformar la cultura de la muerte en una cultura de la vida.

Tres ideas importantes: de la lectura:

  • La resurrección no elimina la cruz. Es sólo porque Cristo llevó su pasión hacia la gloria de la resurrección, que el fracaso y la muerte pueden ser transformados en amor y nueva vida.

  • ¡El don que Cristo resucitado nos ofrece es la PAZ!

  • La figura de Tomás es un arquetipo de nuestras dudas y luchas hasta llegar a la fe verdadera.

Para la reflexión:

  1. ¿De qué modo me parezco a Tomás? Explica.

  2. ¿Estoy propagando la buena nueva de Cristo? ¿Cómo lo hago? ¿Soy una “buena noticia” para los que me conocen? Da ejemplos concretos.

 10 de abril de 2005 3er. Domingo de Pascua [Ciclo A]

Evangelio según San Lucas 24:13-35

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos discípulos de Jesús iban de camino a un pueblito llamado Emaús, a unos treinta kilómetros de Jerusalén, conversando de todo lo que había pasado.  Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar a su lado, pero algo les impedía reconocerlo.* Jesús les dijo: “¿Qué es lo que van conversando juntos por el camino?” Ellos se detuvieron, con la cara triste. Uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: “¿Cómo, así que tú eres el único peregrino en Jerusalén que no sabe lo que pasó en estos días?”  “¿Qué pasó?”,  preguntó Jesús.  Le contestaron: “Todo ese asunto de Jesús Nazareno. Este hombre se manifestó como un profeta poderoso en obras y en palabras, aceptado tanto por Dios como por el pueblo entero. Hace unos días, los jefes de los sacerdotes y los jefes de nuestra nación lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel, pero a todo esto van dos días que sucedieron estas cosas. En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos dejaron sorprendidos. Fueron muy de mañana al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron a contarnos que se les habían aparecido unos ángeles que decían que estaba vivo.  Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”. Entonces Jesús les dijo: “¡Qué poco entienden ustedes y cuánto les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!  ¿Acaso no era necesario que el Cristo padeciera para entrar en su gloria?”  Y comenzando por Moisés y recorriendo todos los profetas, les interpretó todo lo que las Escrituras decían sobre él. Cuando ya estaban cerca del pueblo al que ellos iban, él aparentó seguir adelante. Pero ellos le insistieron, diciéndole:  “Quédate con nosotros, porque cae la tarde y se termina el día”.  Entró entonces para quedarse con ellos.  Una vez que estuvo a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio.  En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero ya había desaparecido. Se dijeron uno al otro:  “¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”  Y en ese mismo momento se levantaron para volver a Jerusalén.  Allí encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo.  Estos les dijeron:  “¡Es verdad!  El Señor resucitó y se dejó ver por Simón”.  Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.**

*Una manera de hablar de la ceguera espiritual.
**El nombre primitivo de la Eucaristía.

Comentario breve:

En esta conocida historia que sucede después de la resurrección, Lucas nos habla de dos discípulos que no lograron reconocer a Jesús resucitado cuando se unió a ellos en el camino. Llenos de tristeza, los dos caminantes no podían creer que los sucesos de los últimos días que habían alterado para siempre su mundo fueran desconocidos para el otro peregrino. Como tantos otros, ellos esperaban que Jesús fuera el Mesías que liberaría a Israel y los cuentos que les llegaban sobre la tumba vacía no les hacían creer que había resucitado. Lo que ellos entendían por resurrección era la victoria de los justos al final de los tiempos, y obviamente, el final no había llegado. Jesús se les acercó y se tomó el tiempo de escuchar sus preocupaciones y de explicarles las Escrituras. Aunque sus corazones “ardían” a medida que Jesús les enseñaba, no lo reconocieron hasta que compartieron una cena. En la descripción de esta cena, Lucas nos recuerda la multiplicación de los panes ( 9:16) y la Ultima Cena (22:19).

Tres ideas importantes: de la lectura:

  • En todas las narrativas de la resurrección, Jesús resucitado parece diferente y al principio irreconocible.

  • La experiencia del Señor resucitado no se puede contener. Debe ser compartida.

  • Lo reconocieron “al partir el pan”.

Para la reflexión:

  1. ¿He sentido alguna vez a Jesús caminando conmigo en medio de mis problemas? ¿En qué momento me di cuenta de su presencia? Explica.

  2. ¿Ayudo a los demás a que reconozcan que el Señor camina con ellos todos los días, especialmente en tiempos malos?

17 de abril de 2005 4o Domingo de Pascua  [Ciclo A]

Evangelio según San Juan 10:1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús: “En verdad les digo, quien no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino por cualquier otra parte, es un ladrón y un salteador. Pero el pastor de las ovejas entra por la puerta. El cuidador le abre, y las ovejas escuchan su voz: llama por su nombre a cada una de sus ovejas y las saca fuera del corral.  Cuando ha sacado a todas las que son suyas, va caminando al frente de ellas, y lo siguen porque conocen su voz. A otro no lo seguirán: más bien huirán de él porque desconocen la voz del extraño”. Jesús propuso esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Jesús tomó entonces de nuevo la palabra: “En verdad les digo, yo soy la puerta para las ovejas. Todos los que se presentaron antes que yo son ladrones y malhechores, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la Puerta: el que entra por mí está a salvo, circula libremente y encuentra alimento. El ladrón entra solamente a robar, a matar y a destruir. Yo, en cambio, vine para que tengan vida y encuentren la plenitud”.

Comentario breve:

El capítulo 10 del Evangelio de Juan se conoce como el discurso del Buen Pastor y acontece durante Hanukkah, la fiesta judía que celebra la dedicación del Templo. Una de las lecturas principales de este día era tomada del libro de Ezequiel (34) donde el profeta condena a los falsos pastores de Israel. El concepto de pastor es muy común en el Antiguo Testamento. Abrahám, David y Amós fueron pastores, no sólo por su labor en los campos, sino porque todos habían sido llamados por Dios para guiar al pueblo. Así como los pastores buscan a sus ovejas cuando el rebaño se disgrega, Jesús, el Buen Pastor, busca a aquellos que están perdidos.

 Esta narrativa aparece a continuación de la historia del ciego de nacimiento en el capítulo 9, la cual concluye con un ataque a los fariseos. En esa ocasión, los fariseos no reconocieron a Jesús, pero el pueblo, simbolizado por el ciego, sí lo reconoció. La lectura de hoy continúa este ataque a los pastores “ciegos” de Israel.

Tres ideas importantes: de la lectura:

  • Jesús revela a Dios como bueno y amoroso, no como si fuera un ladrón que sólo roba y destruye.

  • Jesús promete que todos los que escuchen su voz y la sigan tendrán vida y encontrarán la plenitud.

  • Jesús protege el rebaño evitando que sea asaltado por malhechores. 

Para la reflexión:

  1. ¿Quién es Dios para mí? ¿Es el Buen Pastor o el ladrón? Explica.

  2. ¿Cómo entiendo esta plenitud de vida que Jesús me ofrece? ¿La veo como una vida sin sufrimientos ni tristezas? 

24 de abril 2005 5o Domingo de Pascua  [Ciclo A]

Evangelio según san Juan 14:1-12

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “No se turben. Ustedes confían en Dios: confíen también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no fuera así, ¿les habría dicho que voy allá a prepararles un lugar? Después que yo haya ido a prepararles un lugar, volveré a buscarlos para que donde yo estoy, estén también ustedes. Para ir donde voy, ustedes saben el camino”. Tomás le dijo; “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?”  Jesús contestó: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocieran a mí, también conocerían al Padre. En realidad, ya lo conocen y lo han visto”.  Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”.  Jesús respondió:  “Hace tanto tiempo que estoy con  ustedes ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo, pues, dices: >Muéstranos al Padre=?  ¿No crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mi? Las palabras que yo les he dicho no vienen de mí mismo. El Padre que está en mí obra por mí. Créanme: Yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí.  Al menos créanmelo por mis obras. En verdad, el que cree en mí hará las mismas cosas que yo hago, y aun hará cosas mayores que éstas, pues ahora me toca irme al Padre”.

Comentario breve:

La lectura de hoy nos recuerda las palabras de Jesús en la Ultima Cena. Estos versículos forman parte del discurso de despedida de Jesús y nos preparan para celebrar su ascensión y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Los primeros cristianos creían que el regreso de Jesús, la Parusía, era inminente. Esta creencia estaba basada en la promesa de Jesús de volver a ellos. Juan, que escribe su Evangelio en los años 90s, lo explica de un modo diferente: Cristo, quien es el camino, la verdad,  y la vida, regresará a ellos a través del Espíritu Santo. Para Juan, ésta es la Parusía que cuenta. Debido a esta certeza de que Cristo está con ellos, los discípulos no necesitan preocuparse o afanarse por nada. Jesús insiste en la necesidad de la fe asegurándoles que se va para prepararles un lugar y que regresará por ellos. ¡No hay nada que temer!

Tres ideas importantes: de la lectura:

  • Jesús le responde a Tomás que la esperanza no radica en un método, sino en una persona: Jesús es el camino.

  • La respuesta de Jesús a Felipe señala su perfecta unión con el Padre.

  • Tomás y Felipe son ejemplos de la dificultad que tienen los discípulos en entender las palabras de Jesús antes de Pentecostés.

Para la reflexión:

  1. ¿Qué perturba a mi corazón hoy? ¿En qué áreas de mi vida necesito mayor fe?

  2. ¿Soy como Felipe pidiendo teofanías, es decir manifestaciones de Dios? Explica.