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Mensaje del Santo Padre a la Conferencia Episcopal en su
despedida de Cuba con referencia a los laicos y al exilio
Animen a los fieles laicos a vivir su vocación con valentía y
perseverancia, estando presentes en todos los sectores de la
vida social, dando testimonio de la verdad sobre Cristo y sobre
el hombre; buscando, en unión con las demás personas de buena
voluntad, soluciones a los diversos problemas morales, sociales,
políticos, económicos, culturales y espirituales que debe
afrontar la sociedad; participando con eficacia y humildad en
los esfuerzos para superar las situaciones a veces críticas que
conciernen a todos, a fin de que la Nación alcance condiciones
de vida cada vez más humanas. Los fieles católicos, al
igual que los demás ciudadanos, tienen el deber y el derecho
de contribuir al progreso del País. El diálogo cívico y la
participación responsable pueden abrir nuevos cauces a la acción
del laicado y es de desear que los laicos comprometidos
continúen preparándose con el estudio y la aplicación de la
Doctrina Social de la Iglesia para iluminar con ella todos los
ambientes.
Sé que su atención pastoral no ha descuidado a quienes, por
diversas circunstancias, han salido de la Patria pero se
sienten hijos de Cuba. En la medida en que se consideran
cubanos, éstos deben colaborar también, con serenidad y espíritu
constructivo y respetuoso, al progreso de la Nación, evitando
confrontaciones inútiles y fomentando un clima de positivo
diálogo y recíproco entendimiento. Ayúdenles, desde la
predicación de los altos valores del espíritu, con la
colaboración de otros Episcopados, a ser promotores de paz y
concordia, de reconciliación y esperanza, a hacer efectiva la
solidaridad generosa con sus hermanos cubanos más necesitados,
demostrando también así una profunda vinculación con su tierra
de origen.
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