SU SANTIDAD EL PAPA
 VOZ DEL ARZOBISPO
 ARQUIDIÓCESIS
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACIÓN
 AMÉRICA LATINA
 EN LA FLORIDA
 CUBA Y LA DIÁSPORA
 INMIGRACIÓN
 ESPIRITUALIDAD
 ENSEÑAZAS DE
 LA IGLESIA
 REFLEXIONES
 BÍBLICAS
 LETRAS / CINE / ARTE
 EN COMUNIÓN
 QUIENES SOMOS
 ENLACES
 ARCHIVO
 BÚSQUEDA
 PORTADA
 
 

 

IN MEMORIAM JOANNIS PAULI II

Mis hermanos y hermanas en Cristo:

“¡Regocíjense! ¡Aleluya! El Señor resucitó de entre los muertos, Aleluya!”

El Pregón de nuestra fe: “¡Jesucristo resucitó, ha resucitado de entre los muertos!” resuena dentro del corazón humano, haciéndose eco del clamor del Espíritu que Jesús, el Cristo de Dios, el cordero inmaculado, que una vez fue sacrificado por nosotros para convertirse en nuestro Redentor, ha conquistado la muerte—Él nos ha dado nuevas aguas de vida a través de su sufrida pasión, muerte en la Cruz y Resurrección. La alegría de la Pascua se ejemplifica en la vida y muerte de nuestro Santo Padre, Juan Pablo II, ya que Cristo estaba verdaderamente presente en el mundo en el hombre que calzaba las zapatillas del pescador, San Pedro, en la persona de “il Papa Polaco” de nuestros tiempos.

En los últimos días, he orado y reflexionado sobre la vida y los días de agonía de este muy Santo hombre, Juan Pablo II. En su sencilla, espontánea y carismática forma, Su Santidad, Juan Pablo II, Magnum P.M., me ha enseñado a mirar y valorar el corazón humano como Dios lo valora: ¡Un Corazón lleno de Amor! ¡Un Corazón lleno de Misericordia! El Corazón de Dios que está dentro de las rendijas de nuestro propio corazón. Este Papa nos ha enseñado que hemos sido verdaderamente creados a imagen y semejanza de Dios, y como tales, nuestro valor como humanos está mas allá de todas las riquezas de este mundo, solamente puede medirse “fuera de este mundo.”¹ Por tanto, la humanidad está llamada a vivir “como Cristo” si es que vamos a llamarnos discípulos del Señor: “Si alguien desea seguirme, debe negarse a sí mismo, cargar su cruz diariamente y seguirme”²

En su última “homilía” preparada para ser leída el domingo de la Divina Misericordia, en la parte pertinente el Papa expresaba:              “A toda la humanidad que parece perdida y dominada por el poder del mal, el egotismo y el miedo, nuestro Señor resucitado le da su amor que perdona, reconcilia y reabre el alma humana a la esperanza. El glorioso Aleluya Pascual resuena. La proclamación del Evangelio de hoy por el Evangelista San Juan nos enseña cómo el Cristo Resucitado se apareció a sus apóstoles y ‘les mostró sus manos y pies’, los signos visibles de su dolorosa pasión que marcó indeleblemente su cuerpo aún después de la Resurrección.”³

¿Cuál es su legado?, ¿Cual es la marca que este Santo Padre de nuestros tiempos nos ha dejado? yo le pregunté a nadie en particular mientras oraba. Quizás, puedo mejor resumirlo así: Como el Señor Jesucristo cuyo Vicario en la tierra era, Juan Pablo II nos enseñó que la humanidad logra su santidad en y a través de su humanismo. Pues Dios amó tanto al mundo que en la plenitud de los tiempos nos dio su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el hombre-Dios, el Redentor de todos nosotros. El Santo Padre nos enseñó a ser como Cristo, y al enseñarnos a todos que Jesús ordenó que se nos enseñara todo lo que El le había enseñado a sus apóstoles, él portó a todos los pueblos del mundo la Luz eterna, la Palabra Viva de Dios, esa que encontramos al final del Evangelio de San Mateo: “enséñenles a ellos todo lo que yo les he enseñado”. El Papa Viajero, como se le ha llamado, llevó a todos los confines de la tierra la Buena Nueva de nuestro Señor Jesucristo, y al hacerlo, realizó algo extraordinario que ningún Papa había hecho desde San Pedro, viajó por su mundo conocido trayendo el pregón de nuestra salvación: ¡Jesucristo ha Resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!.

Mi vida sacerdotal ha sido indeleblemente marcada por el Señor nuestro Dios el día de mi ordenación al sacerdocio ministerial, pero también ha sido tocada de forma muy especial por la mano de Dios a través de dos hombres santos: San Padre Pío y Juan Pablo II. Gracias Señor por el regalo de su vida en nuestras vidas y que la luz perpetua brille ahora sobre él mientras contempla la gloria de nuestro Señor Resucitado.

En Jesús y María,
Padre Fernando Hería,
Párroco—San Brendan

_____________

¹ Mateo 10:28-31; 6:19-21
² Lucas 9:23
³ Reuters News Service, domingo 3 de abril de 2005