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Palabras de Mons. Meurice y del Santo Padre sobre la realidad del cubano en la isla y el exilio


El Santo Padre Juan Pablo II estrecha las manos de Mons. Pedro Meurice Estíu, Arzobispo de Santiago de Cuba, durante la visita papal a esa arquidiócesis, en enero de 1998. Foto: Cortesía de En Comunión

En la bienvenida, Mons. Meurice dijo:
Hay otra realidad que debo presentarle. La nación vive aquí y vive en 1a diáspora. El cubano sufre, vive y espera aquí y también sufre, vive y espera allá fuera. Somos un único pueblo que, navegando a trancos sobre todos los mares, seguimos buscando la unidad que no será nunca fruto de 1a uniformidad sino de un alma común y compartida a partir de la diversidad. Por esos mares vino también esta Virgen, mestiza como nuestro pueblo. Ella es la esperanza de todos los cubanos. Ella es la Madre cuyo manto tiene cobija para todos los cubanos sin distinción de raza, credo, opción política lugar donde viva.

Durante su homilía, el Papa dijo:

Desde aquí quiero enviar también mi saludo a los hijos de Cuba que en cualquier parte del mundo veneran a la Virgen de la Caridad; junto con todos sus hermanos que viven en esta hermosa tierra, los pongo bajo su maternal protección, pidiéndole a Ella, Madre amorosa de todos, que reúna a sus hijos por medio de la reconciliación y la fraternidad.

Más adelante, añadió:

Tu nombre y tu imagen están esculpidos en la mente y en el corazón de todos los cubanos, dentro y fuera de la Patria, como signo de esperanza y centro de comunión fraterna.

Y terminó la homilía con esta petición:

¡Madre de la reconciliación! Reúne a tu pueblo disperso por el mundo. Haz de la nación cubana un hogar de hermanos y hermanas para que este pueblo abra de par en par su mente, su corazón y su vida a Cristo, único Salvador y Redentor, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.