|
1o de mayo de 2005
6o Domingo de Pascua [Ciclo A]
Evangelio según San Juan 14:15-21
En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Si ustedes me aman,
guardarán mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y les dará otro
Defensor* que permanecerá siempre con ustedes. Este es el
Espíritu de Verdad, que el mundo no puede recibir porque no lo
ve ni lo conoce. Pero ustedes lo conocen porque permanece con
ustedes y estará con ustedes. No los dejaré huérfanos, sino que
vengo a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero
ustedes me verán, porque yo vivo, y ustedes también vivirán. En
ese día ustedes comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que
ustedes están en mí, y yo en ustedes. El que conoce mis
mandamientos y los guarda, ése es el que me ama a mí, y yo
también lo amaré y me mostraré a él”.
*Del griego Paráclito, intercesor, abogado defensor.
Comentario breve:
Cuando Juan escribió su Evangelio en los años 90 ya la Iglesia
había experimentado la presencia del Espíritu Santo. La lectura
de hoy es parte del discurso de despedida de Jesús y nos prepara
para celebrar su ascensión y la venida del Espíritu Santo en
Pentecostés. También nos recuerda que el fundamento de la vida
cristiana es el amor y que si somos capaces de guardar los
mandamientos de Jesús es porque lo amamos. Para Juan Jesús fue
el primer Defensor (Paráclito) porque intercedió ante el
Padre, pero al irse (humanamente) no nos abandonó, sino que
envió a otro Defensor. Este nuevo Paráclito no caminará
entre nosotros como Jesús, sino que habitará en nuestro
interior. Los primeros cristianos creían que el regreso de
Jesús, la Parusía, era inminente. Esta creencia estaba
basada en la promesa de Jesús de volver a ellos. Juan la explica
de un modo diferente: Cristo, quien es el camino, la verdad, y
la vida, regresará a ellos a través del Espíritu Santo. Para
Juan, ésta es la Parusía que cuenta. Los discípulos no
podrán escuchar a Jesús y verlo actuar, pero el Espíritu Santo
los guiará y les ayudará a comprender todo lo que Jesús les
enseñó.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
La morada que Jesús prometió prepararle a los discípulos
(v.2) no se encuentra “allá fuera”, sino dentro de los
mismos creyentes (vv. 20-21).
-
Aquellos discípulos que amen a Jesús serán amados por el
Padre y el Hijo, el cual se les revelará a través de su
Espíritu Santo.
-
Jesús prometió que el Espíritu Santo permanecería siempre
con nostros, guiándonos y alentándonos.
Para la reflexión:
-
¿Cómo siento que el Espíritu Santo anima y alienta mi vida?
Explique.
-
¿Cómo puedo ayudar a otros a reconocer la presencia de Dios
en ellos cuando nadie los respeta ni los ama?
8 de mayo de 2005
7o Domingo de Pascua [Ciclo A]
Evangelio según San Juan 17:1-11a
En
aquel tiempo, Jesús elevó los ojos al cielo y dijo: “Padre, ha
llegado la hora: da gloria a tu Hijo para que tu Hijo te dé
gloria a ti, usando el poder que a él le diste sobre todos los
hombres para comunicar la vida eterna a todos aquellos que le
diste a él. Pues ésta es la vida eterna: conocerte a ti, único
Dios verdadero, y al que enviaste, Jesús, el Cristo. Te he
glorificado en la tierra, cumpliendo la obra que me habías
encargado. Ahora tú, Padre, dame junto a ti la misma gloria que
tenía a tu lado desde antes que comenzara el mundo. A los que
me diste, salvándolos del mundo, les he manifestado tu nombre.
Los sacaste del mundo, pues eran tuyos, y me los diste, y han
hecho caso de tu palabra. Ahora ellos reconocen que viene de ti
todo lo que me diste. Las palabras que me confiaste, se las he
entregado y las han recibido. Reconocieron verdaderamente que
yo he salido de ti, y creen que tú me enviaste. Yo ruego por
ellos. No ruego por el mundo, sino por los que tú me diste, que
ya son tuyos - todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío - y yo
he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero
ellos quedan en el mundo, mientras yo vuelvo a ti”.
Comentario breve:
El capítulo 17 contiene la oración de Jesús que desde el siglo
XVI se conoce como la “oración sacerdotal”. En esta oración el
Señor le pide al Padre que le otorgue la gloria en esta hora
decisiva de su muerte y de su consecuente triunfo y
resurrección. El Hijo glorificó al Padre al cumplir su misión de
revelarlo ante los suyos, y ahora pide al Padre que le otorgue
la gloria merecida que ya poseía desde antes de ser enviado. La
vida eterna comienza cuando reconocemos al Dios verdadero y a
Jesús, su enviado.
Cuando Juan escribe este Evangelio, las comunidades cristianas
confrontaban desacuerdos teológicos que amenazaban su unidad. En
este texto Jesús pide al Padre que proteja a todos los creyentes
y pide también un don especial para todos aquellos que creen en
él: la UNIDAD. Esta petición está basada en la unión que Jesús
tiene con el Padre y la cual ha logrado con sus discípulos.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
En el Evangelio de Juan la cruz y la resurrección están tan
unidas que la oración de Jesús antes de su Pasión es sobre
su glorificación.
-
Conocer
a Dios revelado en Jesús es tener ya la vida eterna y,
(comienza
ahora!
-
Para Juan, “manifestar el nombre” se refiere a “YO SOY”
(véase 8:24; 28:58; 13:19).
Para la reflexión:
-
¿Estoy disfrutando la vida eterna que ya ha comenzado?
¿Estoy en paz conmigo mismo?
-
¿Cómo ayudo a que otros puedan vivir a plenitud? ¿Me limito
a hablarles sólo de religión?
15 de mayo de 2005
Domingo de Pentecostés* [Ciclo A]
Evangelio según San Juan 20:19-23
La
tarde de ese mismo día, el primero de la semana, los discípulos
estaban a puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús se hizo
presente allí, de pie en medio de ellos. Les dijo: “La paz sea
con ustedes”. Después de saludarlos así, les mostró las manos y
el costado. Los discípulos se llenaron de gozo al ver al Señor.
El les volvió a decir: “La paz esté con ustedes. Así como el
Padre me envió a mí, así yo les envío a ustedes”. Dicho esto,
sopló sobre ellos: “Reciban el Espíritu Santo, a quienes ustedes
perdonen, queden perdonados, y a quienes no libren de sus
pecados, queden atados”.
* Originalmente era la fiesta agrícola judía establecida para
presentar a Dios las primeras espigas y se celebraba siete
semanas después de la Pascua. De ahí viene su nombre griego,
pentekoste (día quincuagésimo).
Comentario breve:
El Evangelio de Juan nos da un relato único de la venida del
Espíritu Santo sobre los discípulos. Al aparecer Jesús los
discípulos estaban llenos de miedo y justamente por eso el Señor
los saluda deseándoles la paz. Después de otorgarles este don,
vienen los dos hechos más importantes del relato: el envío
oficial por el cual Jesús pone en manos de sus amigos la
continuación de su misión; en lo sucesivo actuarán como
autorizados del Padre. Enseguida y para que ellos puedan ser
capaces de proclamar al Dios de amor, perdón y justicia tienen
que ser habilitados con la presencia del Espíritu. En este
envío, los discípulos se convierten en apóstoles, que quiere
decir “enviados”. Los últimos versículos hablan claramente del
poder de la comunidad de perdonar en el Nombre de Jesús. A
través de la presencia del Espíritu, la comunidad cristiana
podrá acoger o excluir, en nombre de Dios, a los hermanos de la
comunidad eclesial.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
El gesto de “soplar sobre ellos” nos recuerda Génesis 2:7
dónde Dios sopla sobre el primer ser humano y le da vida.
-
El don de Cristo resucitado es la paz y esta los llena de
gozo. Es el gozo del que Jesús les había hablado en Juan
16:22: “Cuando los vuelva a ver, su corazón se llenará de
alegría, y nadie podrá quitarles esa alegría”.
-
A través del Espíritu la Iglesia posee el poder de perdonar
los pecados. Todos estamos llamados a perdonarnos. (El
Concilio de Trento en 1551 declaró que este poder se
manifiesta en el sacramento de la Penitencia).
Para la reflexión:
-
¿Dejo que personas o situaciones me quiten la paz y el gozo
de Cristo? Explique.
2.
¿Soy un instrumento de paz y perdón en mi familia, centro
de trabajo y parroquia?
¿Cómo?
22 de mayo de 2005
La Santísima Trinidad [Ciclo A]
Evangelio según San Juan 3:16-18
En
aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: “Tanto amó Dios al mundo que
le dio su Hijo único, para que todo el que crea en él no se
pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no mandó a su Hijo a
este mundo para condenar al mundo sino para salvarlo. El que
cree en él no se pierde; pero el que no cree ya se ha condenado
por no creerle al Hijo único de Dios”.
Comentario breve:
Hoy la Iglesia universal celebra la fiesta de la Santísima
Trinidad. Esta doctrina afirma la comunión íntima de Dios con
nosotros, a través de Jesucristo, en el Espíritu Santo. Los
cristianos creemos que Dios interviene y participa en la
historia. Desde un principio, Dios ha tratado de comunicarse y
relacionarse con todas sus criaturas. En el Antiguo Testamento
lo hizo a través de sus hazañas y de los profetas. En la
plenitud de los tiempos, Dios se hizo uno con la humanidad en
Jesucristo, quien es la imagen visible del Dios que no podemos
ver (Col 1:15). Por el poder del Espíritu Santo, Dios continúa
su presencia activa entre nosotros, buscando una comunión eterna
con sus criaturas.
El famoso versículo que hoy leemos: “Tanto amó Dios al mundo...”
es generalmente asociado a la muerte de Jesús. Este énfasis ha
ocultado el don principal de Dios en la encarnación. El
nacimiento de Jesús, la Palabra hecha carne, es la prueba más
radical del amor de Dios por nosotros al querer hacerse
partícipe de nuestra humanidad.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
La Palabra se hizo carne para que todos pudiéramos conocer
cuánto nos ama Dios. Hoy el Espíritu Santo nos sigue
revelando ese amor incondicional.
-
Para los cristianos Dios es Trinidad y esto tiene
consecuencias radicales. Dios es comunión y relación. Es
decir, que la Trinidad no es una doctrina acerca de un Dios
aislado, sino sobre la relación de Dios con nosotros y
nuestras relaciones.
-
Jesús vino a salvar, no a condenar, pero algunos se condenan
ellos mismos al apartarse de la luz.
Para la reflexión:
-
Dios me ama tanto que se ha hecho uno conmigo.
¿Cómo
estoy respondiéndole?
-
¿Cómo andan mis relaciones? ¿En qué aspectos necesito
mejorarlas? Explique.
29 de mayo de 2005
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo [Ciclo A]
Evangelio según San Juan 6:51-58
[Léase en voz alta]
En
aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: “Yo soy el pan vivo
bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre.
El pan que yo daré es mi carne, y la daré para la vida del
mundo”. Los Judíos discutían entre ellos. Unos decían: “Cómo
este hombre va a darnos a comer su carne?” Jesús les contestó:
“En verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre, y
no beben su sangre, no viven de verdad. El que come mi carne y
bebe mi sangre, vive de vida eterna, y yo lo resucitaré en el
último día. Mi carne es comida verdadera y mi sangre es bebida
verdadera. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí, y
yo en él. Como el Padre que vive me envió, y yo vivo por él,
así, quien me come a mí tendrá de mí la vida. Este es el pan que
bajó del cielo, no como el que comieron los antepasados de
ustedes, los cuales murieron. El que come este pan vivirá para
siempre”.
Comentario breve:
La lectura de hoy está considerada por los estudiosos bíblicos
como una homilía basada en las enseñanzas de Jesús, pero
elaborada más tarde por un predicador cristiano inspirado por el
Espíritu Santo. En este sentido, todo el discurso del Pan de
Vida viene del Señor. El texto le señala a los lectores de hoy
las dificultades que sentían los judíos al oir las palabras de
Jesús. El discurso está basado en varias lecturas del Antiguo
Testamento que se refieren al “alimento bajado del cielo que
satisface el hambre del pueblo y al maná, pan celestial”. (Vea
Ex 16:4; Neh 9:15; Salmo 78:24; Salmo 105:40). Los versículos
del 51 al 58 son la sección final del discurso y usan un
vocabulario más radical: carne, sangre, comer, alimentarse,
beber. En la primera parte del discurso Jesús habló acerca de
cómo alimentar a los discípulos que creían. El verbo “creer” se
reemplaza aquí por: “a no ser que coman”. Estos versículos
hablan claramente del alimento sacramental. Jesús proclamó una
comunión misteriosa y real entre su propio Cuerpo y el nuestro.
Juan, quien es el único evangelista que no relata la Última
Cena, transfirió todo el contenido Eucarístico a este capítulo.
Aquí él une los dos elementos esenciales de la Eucaristía
cristiana: la palabra (ver 35:47) y el pan (ver 48:59).
Tres ideas importantes de la lectura:
-
Cuando somos alimentados con la Eucaristía renovamos nuestro
compromiso de servir a Cristo en aquellos que tienen hambre
de alimentos o de una vida digna.
-
Cuando cantamos el gran Amén en la Eucaristía estamos
diciéndole sí al cuerpo entero de Cristo. Esto incluye la
presencia real de Cristo en el sacramento, pero también en
todos los que nos rodean.
-
Los cristianos estamos llamados a participar de lleno en la
vida de Cristo. A través de la Eucaristía somos uno con él y
con los demás.
Para la reflexión:
-
¿Cómo puedo ser alimento para alguien que necesita ayuda o
que necesita ser escuchado?
-
Cuando digo Amén al Cuerpo y la Sangre de Cristo, ¿estoy
también dándole la bienvenida a los que me caen mal?
|