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La Institución Teresiana:
educación y cultura a la luz del Evangelio

 

Angelique Ruhi-López

La Voz Católica

 

 Loreto Ballester, directora de la Institución Teresiana, recibe un regalo de la niña Blanca Arias, en respresentación del colegio St. Helen, en Ft. Lauderdale, el 11 de abril. Foto: Angelique Ruhí-López

En este mundo globalizado, Loreto Ballester, directora general de la Institución Teresiana, dice sentirse como si anduviera por el mundo con “una gran mochila,” visitando a los diversos pueblos y naciones, “tejiendo redes y poniendo y sacando lo mejor de cada lugar para darle una voz”.

Durante el mes de abril, Ballester posó su mochila en los Estados Unidos, donde visitó a grupos de la Institución Teresiana en Chicago, Nueva York y el sur de la Florida.

“La Institución Teresiana en los Estados Unidos ofrece la experiencia de una sociedad que se construye desde su base multicultural, vivida intensamente”, explicó Ballester. “Veo aquí un gran sentido de los ministerios laicales, que tienen una formación teológica y pastoral, y que el aporte del mundo universitario, sea de la áreas científicas o los campos humanísticos, es importante”, señaló. “Reconozco el valor de este país en estas aportaciones significativas, y la importancia de la educación en todos los niveles. Es un momento de agradecimiento por la Institución en los Estados Unidos”.

Este año se celebra el 50º aniversario de la presencia de la Institución en los Estados Unidos, pero ésta comenzó a existir hace casi 100 años. En 1911, en Oviedo, España, el P. Pedro Poveda sintió la urgencia de demostrar que era posible, desde el Evangelio, lograr la promoción humana y la transformación social mediante la educación y el enriquecimiento cultural, ante el desafío histórico de una cultura que, a principios del siglo XX, se concebía en gran parte como incompatible con la fe. Sus primeros colaboradores, como Josefa “Pepita” Segovia y Victoria Díez, compartieron las inquietudes y tareas de Poveda en España, y la Institución se fue ampliando en círculos cada vez más extensos.

Actualmente, la Institución Teresiana, una asociación internacional de laicos, cuenta con 3,500 miembros en 30 países, y se dedica a la promoción humana y la transformación social mediante la educación y la cultura a la luz del Evangelio. Sus miembros son mujeres y hombres que se comprometen a vivir una misión evangelizadora en el mundo, desde su testimonio y su trabajo en los distintos campos educativos, culturales y profesionales “al estilo de los primeros cristianos”, como quería San Pedro Poveda, sacerdote mártir que fue canonizado el 4 de mayo de 2003.

“Poveda decía que dentro de cada persona hay una potencial; formemos personas y el mundo cambiará”, indicó Ballester. “Hay que llevar esa clave formativa, formar personas, generar ambientes y educar con una mirada positiva, con ilusión, hasta en tiempos difíciles”.

Durante su visita al sur de la Florida, Ballester visitó la escuela St. Helen, en Ft. Lauderdale, donde estudiantes de diversas edades ofrecieron una representación multicultural, con escenas musicales, sobre la vida de San Pedro Poveda y la creación de la Institución Teresiana.

“Me impresionó el ver cómo esos niños y niñas de una escuela elemental tan multicultural, eran capaces de captar la experiencia de un educador [Poveda]”, señaló Ballester. “Han podido recrear tantísimo una historia de otro continente, otra cultura”.

La escuela parroquial St. Helen fue creada en 1973, y desde 1999 ha sido auspiciada por la Institución Teresiana.

“La Institución está trabajando en las escuelas públicas, las privadas, la universidad, en la educación de la diócesis”, dijo Ballester. “A mí me parece que, como la misión es una misión de inserción, es como la casa de la familia, la casa de los amigos. Cuando hay una persona de la institución, se ve en todos los medios. Lo llevamos dentro. Se trata de ser personas plenamente humanas, y todas de Dios. Es un modo de expresión, un modo de vivir”.

Ballester explica así su trabajo como directora de la Institución Teresiana:

“Mi tarea es dar siempre la perspectiva de la Iglesia, siempre mirando al mundo y la sociedad, y preguntándome: ¿dónde hay una necesidad? ¿Hay alguien que puede dar? Coloco lo mejor de cada lugar dentro de la mochila, y lo voy repartiendo. Poveda nos dijo que no hace falta ser rico para dar; basta con ser bueno. Al final, el mensaje es éste: tú vales mucho, y quien es bueno tiene mucho para dar. El mensaje es trasformador”.