Por obra del Espíritu Santo
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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El pasado fin de semana, celebramos la fiesta de Pentecostés. En los Hechos
de los Apóstoles se nos narra que éstos y María, reunidos en el
salón superior, escucharon “como una impetuosa ráfaga de viento”
y recibieron el Espíritu Santo en forma de “lenguas como de
fuego”. Esta gran fiesta señala el fin de la Pascua y la
fundación de la Iglesia Católica.
A veces nos resulta difícil ver al Espíritu Santo obrando en nuestras vidas
y en la vida de la Iglesia. No vemos las lenguas de fuego ni
escuchamos las ráfagas de viento. Pero las imágenes recientes
del sepelio del Papa Juan Pablo II y de la elección del nuevo
sucesor de Pedro, Benedicto XVI, nos dan una imagen de cómo el
Espíritu Santo alienta y obra dentro de la Iglesia.
¿No estaban nuestros corazones en vilo mientras veíamos a los cardenales
entrar en la Capilla Sixtina en procesión solemne, rezando la
Letanía de los Santos? ¿Acaso no rezábamos con ellos para que el
Espíritu Santo los ayudara a escoger a un digno sucesor de San
Pedro? Y, ¿qué decir de la emoción que sentimos cuando las
campanas de la basílica confirmaron la señal del humo blanco, y
las puertas de la loggia se abrieron y escuchamos la
noticia: Habemus Papam?
¡Qué bello espectáculo, que maravilloso despliegue del poder del Espíritu
Santo, del cumplimiento de la promesa de Cristo de no dejarnos
huérfanos!
Nuestro Señor también prometió: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia. Y las puertas del infierno no prevalecerán
contra ella”.
El mes pasado, vimos la confirmación del cumplimiento de estas promesas.
Nuestra fe se fortaleció, tal como la de los apóstoles por obra
del Espíritu para salir y “hacer discípulos de todas las
naciones”.
Esto no significa que la Buena Nueva sería bien recibida por el mundo, tal
como los apóstoles pudieron descubrirlo muy pronto. Fueron
criticados, perseguidos y martirizados por predicar verdades que
muchas personas de su época se negaban a escuchar.
Inmediatamente después de su elección, los medios informativos difundieron
reacciones negativas a la designación del Cardenal Ratizinger
como el nuevo Papa Benedicto XVI. También él predica verdades
que el mundo de hoy, e incluso algunos católicos, desean no
escuchar.
Pero esto no significa que la Iglesia Católica deba cambiar sus enseñanzas
o fundamentar sus doctrinas en encuestas de opinión. La Iglesia
Católica ha existido durante 2,000 años porque, a pesar de una
gran carga de debilidades humanas, se ha esforzado por ser fiel
a ese “Espíritu de verdad que el mundo no puede aceptar, porque
ni lo ve ni lo conoce. Pero ustedes lo conocen, porque permanece
con ustedes y estará con ustedes”.
Ese Espíritu vive y alienta en la Iglesia Católica de hoy. En el Papa
Benedicto XVI, el sucesor de San Pedro; en los obispos, que son
los sucesores de los apóstoles; en los sacerdotes, religiosos y
laicos que se esfuerzan por practicar y predicar la fe católica
en todo el mundo; en los 12,000 adolescentes y adultos que han
recibido el sacramento de la confirmación, este año, en nuestra
propia arquidiócesis.
Puede que no veamos al Espíritu como lo vieron los apóstoles –como ráfagas
de viento y lenguas de fuego–, pero podemos sentir la presencia
del Espíritu cada vez que se bautiza a un bebé, o se confirma a
un adolescente, o se predica una homilía conmovedora, o se sana
la ira y se superan los resentimientos mediante el sacramento de
la confesión.
No importan las pruebas y tribulaciones que tengamos que
soportar como pueblo de Dios, pues la promesa de Cristo se
mantiene: “Os enviaré mi Espíritu… Y las puertas del infierno no
prevalecerán en su contra”.
- o O o -
Mensaje del Arzobispo John C. Favalora por el Día Mundial de las
Comunicaciones
Queridos amigos en Cristo:
Al saludarlos en el día de hoy, debo felicitar a los medios informativos
del sur de la Florida por la destacada tarea periodística que
realizaron durante los días de la muerte del Papa Juan Pablo II
y de la elección del Papa Benedicto XVI. Cuando ocurre un evento
internacional como éste, todos nos damos cuenta de la
importancia de las comunicaciones. Gracias a todos por su
magnífica labor.
Nuestro Santo Padre ha designado el domingo 15 de mayo de 2005 como el Día
Mundial de las Comunicaciones. Este evento nos permite celebrar
las gestiones de la Iglesia para llegar a la gente con mensajes
de fe y esperanza a través de los medios de comunicación masiva.
Opino que hemos sido testigos de esto durante los recientes
eventos de Roma.
Vuestra donación a la campaña de Recaudación de Comunicaciones proporciona
recursos a la Campaña Nacional de Comunicación Católica, y para
que la Arquidiócesis de Miami continúe realizando su buena obra.
Los invito a ver uno de nuestros proyectos, “Portraits of Faith”
(“Encuentro Espiritual”), auspiciado por el P. José Álvarez, que
puede verse cada sábado en WLRN-TV. También pueden ver nuestro
nuevo vídeo en el sitio en la red de la Arquidiócesis de Miami:
www.miamiarch.org.
Nada de esto podría haber sido posible sin el apoyo de ustedes a la
Recaudación Anual de Comunicaciones. En el pasado, ustedes han
sido muy generosos en sus contribuciones. ¿Puedo pedirles que lo
sigan siendo, para que podamos difundir la buena Nueva de
Jesucristo?
Los saluda cordialmente en Cristo,
John C. Favalora
Arzobispo de Miami |