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Joven inmigrante cubano
se gradúa en seminario de Miami

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

Ana Rodríguez-Soto

Dayán Machado comenzó a recorrer el camino hacia el sacerdocio en 1998, cuando vio a un anciano vestido de blanco que hablaba por la televisión.

“Sin mirar lo que tenía escrito, dijo: ‘El Papa está con todo aquel que sufre la injusticia’. Eso fue algo tremendo”, recuerda Machado.

En esa época, estaba estudiando el décimo grado en Cuba. “Yo no sabía nada de Dios y eso no era parte de mi vida”.

Pero las palabras del Papa Juan Pablo II despertaron su curiosidad, y se preguntaba: “Y quién es ese Papa y qué hace aquí en Cuba?”

Después escuchó la homilía del Papa durante su Misa final en La Habana. “Allí fue que yo oí por primera vez lo que la Iglesia tenía que decir. Ésa fue la primera vez que me di cuenta que la Iglesia existía”, dice Machado. “Me di cuenta en ese momento que la moneda tenía otra cara. Y yo tenía que buscar eso”.

Seis meses después, su familia ganó la “lotería de visas”, y en noviembre de 1998, después de haber sido bautizado, Machado llegó a Tampa.

Este mes, Machado fue uno de los 11 seminaristas que se graduaron en el Seminario St. John Vianney, con una licenciatura en filosofía. Ocho de los graduados, incluyendo a Machado, seguirán estudiando sacerdocio en el Seminario Regional de St. Vincent de Paúl, en Boynton Beach.

Otros diez hombres, que ya tenían licenciaturas en otras disciplinas, terminaron un programa de un año en el que obtuvieron certificados de pre-teología. Todos pasarán al seminario mayor.

Según el rector del seminario, Mons. John Noonan, la promoción de graduados de 2005 incluye a cinco hombres de la Arquidiócesis de Miami, tres de Pensacola-Tallahassee, dos de Orlando, dos de Palm Beach, dos de St. Petersburg –uno de los cuales es Machado– y uno de St. Augustine.

El seminario también cuenta con estudiantes de los Oblatos de María Inmaculada y de los Padres Piaristas, y de las diócesis de Tyler, Texas; Providence, Rhode Island; Washington, D.C.; Charleston-Wheeling, West Virginia; Bahamas, y Montego Bay, Jamaica.

“Me ha servido mucho, sobre todo para conocer la fe, para conocer la Iglesia desde dentro, para conocer al clero tan dedicado que hay aquí, y que ha sido el ejemplo más grande que yo he tenido”, dice Machado.

Ha sido un largo camino para aquel muchacho de 16 años de edad que, después de la visita papal, comenzó a asistir los domingos, de pie y en el fondo de la nave, a la iglesia de su pueblo, San Antonio de los Baños, para ver lo que el sacerdote hacía en el altar; o para el joven de 18 años que entró en el seminario porque tenía que satisfacer “esta inquietud que yo tengo de la Iglesia y lo que el sacerdote hace en la sociedad y en la parroquia”.

“Esto es un proceso que continúa,” dice Machado, refiriéndose a sus próximos años de estudio en el seminario mayo. “Yo todavía tengo ese deseo. Hay amigos esperándonos allí”.