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Preservar el talento deportivo, regalo de Dios

 

Marino Martínez

“Como dijo el Papa Juan Pablo II en la Santa Misa dedicada a la Virgen de la Caridad del Cobre celebrada el 24 de enero de 1998, en Santiago de Cuba: ‘Sin fe desaparece la virtud y los valores morales se oscurecen”. En términos deportivos, el que un atleta busque mejorar su rendimiento utilizando sustancias ilegales, representa una pérdida de fe en sus propias virtudes naturales, y cuando esto sucede se deterioran sus valores morales’.”

Miembros de un Comité del Congreso de Estados Unidos debatieron en marzo, durante más de 11 horas, las opiniones de médicos, abogados, directivos del béisbol de Grandes Ligas y seis famosos peloteros, sobre el uso de esteroides en el deporte de las bolas y los strikes, así como las medidas que deben ser implementadas para eliminar dicho pecado.

El dopaje se ha convertido en el aterrador enemigo de los deportes en las últimas décadas, y su aumento progresivo ha llevado al deterioro de los principios morales que deben prevalecer en la feria del músculo y la mente.

Equipo Nacional de Gimnasia de los Estados Unidos, que participó destacadamente en la Olimpiada Mundial de Atenas en el año 2004. Foto: Cortesía de Marino Martínez

El francés Pierre de Freddy, barón de Coubertin, fue el organizador de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna. Se iniciaron en 1896 en la ciudad de Atenas, con la asistencia de 14 naciones y 254 atletas. Coubertin moldeó el deporte olímpico sobre la base de la moral. ¿Su lema? “Mente sana en cuerpo sano”. Pero a este hermoso lema se le ha clavado una espina que no sólo hiere, sino que también mata: la espina de las drogas y el uso de otras sustancias prohibidas, en busca de un mayor rendimiento atlético.

Es imposible negar el progreso técnico, material y científico alcanzado durante las últimas tres décadas en el campo de los deportes. A dicha evolución cualitativa se le suma el desarrollo de los medios de comunicación. La prensa escrita llega con las noticias redactadas, con sus fotografías y titulares impactantes a todos los rincones del mundo por medio del sistema digital. La televisión nos trae la imagen. La radio, el sonido y la inmediatez. La internet globaliza todos los medios antes mencionados y comunica a centenares de miles de seres humanos a lo largo y ancho del universo.

Los grandes medios de comunicación han ganado muchísimo dinero durante esta etapa evolutiva de la técnica y la ciencia. Pero los protagonistas del espectáculo deportivo son los atletas, y los mismos han logrado derechos con la ayuda del Sindicato de Jugadores.

De la noche a la mañana, con una sola firma, los atletas se convierten en millonarios en una era que podemos denominar como la del deporte de lujo. Nadie ha sido capaz de poner un freno a esta danza de los millones, estableciendo un tope salarial a las nóminas de los equipos.

Con millones de dólares vienen muchas cosas buenas. ¿Quién lo duda? Pero también pueden llegar otras cosas que no son muy agradables. Entre ellas se incluye una pérdida en los conceptos de la moralidad, que deben servir de guía en los deportes, desde la etapa infantil a la profesional.

La degradación progresiva de la moral no sólo ha incluido a los atletas, también a sus dirigentes, que de igual forma se han convertido en millonarios. Y la pregunta que hacemos es la misma que se hacen decenas de millones de fanáticos en Estados Unidos. Sin importar los millones que pueda ganar un dirigente, ¿cuál debe ser la principal función de un comisionado en los deportes profesionales? Sin mencionar sus restantes responsabilidades, su prioridad debe ser velar por el buen desarrollo del deporte.

Hace muchos años, exactamente en 1919, el béisbol de Grandes Ligas padeció una crisis de graves proporciones cuando ocho jugadores de los Medias Blancas de Chicago se entregaron a los apostadores por dinero en la Serie Mundial frente a los Rojos de Cincinnati. El béisbol sufrió. Pero fue salvado por un juez incorruptible que se llamó Kenesaw Mountain Landis, que con su pluma enérgica y con una moral muy elevada supo restablecer el orden.

En la pelota actual, el comisionado Bud Selig estuvo ignorando durante mucho tiempo los rumores acerca del uso de esteroides en el deporte que dirige a nivel nacional. Se hablaba de ello en la prensa, en la calle y en los propios camerinos de los atletas. No se realizaron investigaciones para evitar el desastre. ¿Y qué pasó? El desastre llegó.

¿Cómo es posible que los dirigentes de las Grandes Ligas no puedan ser capaces de limpiar el béisbol del uso de esteroides, estableciendo las medidas apropiadas que garanticen la eliminación completa de dicho mal? Hasta el presente, los intereses económicos han prevalecido.

Un verdadero dirigente deportivo debe luchar por la reforma y el progreso; tiene la obligación de combatir la corrupción y denunciar el mal; está en el deber de buscar las vías para conservar las mejores tradiciones, corregirlas, perfeccionarlas y mejorarlas. Así, con ese crecimiento cualitativo, no sólo engrandece su deporte, también contribuye a consolidar su futuro.

El deporte es una actividad maravillosa. Miles de millones de seres humanos lo aman. Sea béisbol, fútbol, baloncesto, atletismo, voleibol, boxeo, etc. Es una actividad que apasiona y que no sólo convierte a figuras desconocidas en famosas y a pobres en millonarios: también sirve para forjar el carácter y ayudar al desarrollo integral de la niñez y la juventud, que son en definitiva la esperanza y el futuro de los pueblos.

La juventud debe tener motivaciones elevadas. Los jóvenes deben crecer con valores morales auténticos, sin ningún vicio que pueda corromper la mente y alterar el desarrollo físico y mental. Los jóvenes deben seguir las reglas del atleta modelo. Deben competir en busca del triunfo, pero hacerlo con principios éticos: sencillez y humildad, dignidad y limpieza, respeto a sí mismo y a su rival, disciplina y entrenamiento adecuado, decencia y juego limpio.

Con sentido de responsabilidad social y con la práctica de las virtudes morales, la juventud deportiva puede alcanzar la plenitud de sus dimensiones. Sin necesidad de usar drogas y esteroides. Con su talento natural. ¡Regalo de Dios!

Sin valores morales la vida no tiene un verdadero sentido de trascendencia. La moral es la base que ayuda a conservar y promover los valores más genuinos de una nación.

Como dijo el Papa Juan Pablo II en la Santa Misa dedicada a la Virgen de la Caridad del Cobre celebrada el 24 de enero de 1998, en Santiago de Cuba: “Sin fe desaparece la virtud y los valores morales se oscurecen”. En términos deportivos, el que un atleta busque mejorar su rendimiento utilizando sustancias ilegales, representa una pérdida de fe en sus propias virtudes naturales, y cuando esto sucede se deterioran sus valores morales.

De la imagen moral que den los deportes, depende en gran medida el crecimiento de la calidad humana en una sociedad donde los niños y los jóvenes imitan a sus ídolos deportivos.

Cada hombre y mujer de buena voluntad en Estados Unidos debe luchar para que sea sepultado de raíz en todos los deportes el uso de esteroides, desde la etapa escolar hasta el nivel profesional.

El deporte forma parte de la cultura nacional de Estados Unidos y sus mejores atletas representan el reflejo de la sociedad.

El béisbol y el deporte profesional están bajo fuego. Un fuego ardiente. Tan ardiente, que está quemando poco a poco los mejores valores de la sociedad. Ese fuego ardiente hay que apagarlo. De lo contrario, puede convertir en cenizas los cimientos morales de la nación.

Llegó la hora de que el deporte, sin disminuir el desarrollo técnico y científico alcanzado en las últimas décadas, recupere sus mejores virtudes con la práctica de los ideales de Pierre de Freddy, el barón de Coubertin: “Mente sana en cuerpo sano”.

Es la hora de emprender en los deportes el nuevo camino que exige el momento actual: Crecimiento moral.

Cronista deportivo