Vivió mucho pero mantuvo la juventud
El
P. Angel Villaronga fue un sacerdote que vivió mucho pero que
nunca envejeció. Su pensamiento siempre se mantuvo fresco y
actual. Vivía en el mundo de hoy y predicaba la verdad a la
familia de hoy, que tiene que vivir su cristianismo hoy. ¿Por
qué dedicó toda su vida religiosa y sacerdotal a la familia?
Seguramente porque se crió en una familia muy buena, y porque
desde muy joven aprendió que sin familias no hay sociedad, ni
mucho menos Iglesia.
Muchos ministerios de la Iglesia de hoy se dedican a resolver
problemas y a tratar sus síntomas. Ángel Villaronga siempre supo
que el origen de la enfermedad social está en la familia. Si
tenemos familias como Dios manda, donde se vive el amor, la
comprensión, la educación de los hijos por el ejemplo, donde los
esposos se aman y se respetan, donde el compromiso es para toda
la vida: donde se reza juntos y la religión no es algo de
domingo sino la norma de toda actividad, es muy difícil que haya
violencia, y que haya hijos delincuentes.
Conocí a este sacerdote franciscano cuando él, recién ordenado,
empezaba a trabajar en la iglesia de San Antonio, en La Habana,
Cuba, siendo yo un muchacho de la Juventud Católica. Visitaba
esa iglesia para hablar con los otros franciscanos que nos
ayudaban en la Acción Católica, y recuerdo del Padre Ángel que
practicaba el órgano por las tardes cuando la iglesia estaba
vacía.
Después, en Miami, tuve la oportunidad, en algunas ocasiones, de
trabajar con él en el Movimiento Familiar Cristiano que, con
algunos matrimonios, fundó en Miami siguiendo la obra empezada
en Cuba, y de irlo a ver para pedirle consejo. Todo el que haya
hablado alguna vez en privado o se haya confesado con él, sabe
que era una persona con un entendimiento claro de la vida
familiar y con una gran compasión. Te decía la verdad con cariño
y certeza y te daba soluciones prácticas y posibles, aunque no
siempre fáciles. Porque la verdadera vida familiar no es fácil.
El P. Villaronga sabía del amor, del verdadero Amor, el que
tiene principio y fin en Dios. Ese Amor que es fuente de todos
los amores, del amor entre esposos, del amor a los hijos, del
amor a los padres, amor al prójimo. Fue uno de los primeros
sacerdotes que hablara por radio en Miami. Siempre tenía un
programa en el aire porque su tema, el amor y la familia, no se
agota. A pesar de un choque de automóviles que sufrió por los
años sesenta o setenta, y que le trajo durante toda su vida
problemas de salud, no paró de trabajar hasta el mismo día de su
muerte, casi al cumplir los ochenta años de edad.
Murió en camino a Casa Caná, sede del MFC, a donde iba a una
actividad. Su legado queda en el Movimiento Familiar Cristiano,
un movimiento sólido que seguirá creciendo, en los corazones de
un pueblo y una Iglesia que no lo puede olvidar. Nos unimos a su
familia y en especial a su hermana Vicky Rezola, que es parte de
En Comunión, en el dolor humano de la pérdida y en la esperanza
cristiana de que está con el Señor.
Miembro de En Comunión
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