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Adiós a un pastor de almas

 

La Arquidiócesis evoca la afabilidad y la firmeza del Arzobispo McCarthy

 

El Arzobispo Edward A. McCarthy visitó la escuela secundaria que lleva su nombre en Southwest Ranches, cinco semanas antes de su fallecimiento. Según Richard Perhla, director de McCarthy High School, el arzobispo visitaba la escuela dos o tres veces al año. Perhla dice que, cuando el arzobispo llegó para realizar la que fue su última visita, parecía triste, pero cuando los alumnos
lo rodearon, se le vio mucho más animado.
Foto: Cortesía de Archbishop Edward A. McCarthy High School

 

Angelique Ruhi-López
La Voz Católica

 

En 1990, el Arzobispo McCarthy viajó a la República Dominicana con “Amor en Acción”, el grupo misionero laico de la Arquidiócesis, cuya creación él apoyó. Foto: Cortesía de “Amor en Acción”

Al conocerse la dolorosa noticia de que el Arzobispo Edward A. McCarthy, de 87 años de edad, había fallecido el 7 de junio, muchos en la Arquidiócesis dijeron que lo recordarían por su sonrisa, su afabilidad y su espíritu de pobreza –pero sin olvidar su valentía y su firmeza.

“Tenía una sonrisa encantadora, y era un pastor de almas, afectuoso y gentil”, expresó el Arzobispo John C. Favalora durante una conferencia de prensa, al día siguiente del fallecimiento de su predecesor. “Tuvo una relación muy estrecha con su congregación; fue un maravilloso y afectuoso pastor durante 17 años”.

Mons. McCarthy fue el segundo arzobispo de la Arquidiócesis de Miami, y desempeñó su misión pastoral desde julio de 1977 hasta noviembre de 1994. Su nombre llegó a ser sinónimo de evangelización, y su obra pastoral enfatizó la capacidad renovadora de los laicos en el mundo.

Irene Sterbinsky felicita al Arzobispo McCarthy después de una Misa para festejar el 80º cumpleaños de éste, en 1988.
Ana Rodríguez-Soto

“Mientras el primer arzobispo, Mons. Coleman Carroll, tuvo a su cargo crear y edificar la estructura de esta arquidiócesis, el Arzobispo McCarthy enfatizó la dimensión espiritual de la comunidad”, señaló el Arzobispo Favalora.

Entre los ministerios que estableció el Arzobispo McCarthy, están la Oficina de Ministerios Laicos, el Centro de Enriquecimiento Familiar, el Programa de Diaconado Permanente y la Oficina de Evangelización.

“Él sabía cómo tomarle el pulso a la Arquidiócesis, reconociendo la diversidad de los pueblos, las nacionalidades, los idiomas y otras tradiciones religiosas”, indicó el P. Patrick O’Neill, director de la Oficina de Ecumenismo y Relaciones Interreligiosas. “Siempre ofrecía una visión de cómo renovar la fe y mejorar la catequesis. Le gustaba participar directamente en lo que se estaba desarrollando en todos estos ministerios”.

Antes y después de su jubilación, ocurrida en abril de 1993 a los 75 años –la edad requerida por el Vaticano para el retiro de los obispos–, el Arzobispo McCarthy escribió 23 cartas pastorales sobre diversos temas, tales como la oración, la sexualidad, el racismo y la paz.

“No sólo predicó el Evangelio, sino que lo vivió, como un testigo al que, sin hablar, se le podía escuchar”, señaló el Obispo Auxiliar Agustín Román, que predicó la homilía en la Misa concelebrada por el Arzobispo McCarthy en la Catedral St. Mary, el 13 de junio. “Vivió el lema de su escudo: manere in directione Christi (‘permanecer en el amor de Cristo’)”.

El arzobispo fue una voz que nunca permaneció en silencio ante situaciones que afectaban la justicia social. Denunció el racismo, la violencia y la pena de muerte, así como la discriminación contra los refugiados haitianos. En 1981 consagró el Centro Católico Haitiano Pierre Toussaint, dedicado a ofrecer un hogar espiritual y servicios sociales a los refugiados haitianos. En la Nochebuena de ese mismo año, visitó a los haitianos detenidos en el campamento de Krome Avenue, y le envió al entonces Presidente Ronald Reagan un telegrama en protesta contra la política de detener indefinidamente a los refugiados haitianos que buscaban asilo político en los Estados Unidos.

Mons. Pablo Navarro, actual párroco de la iglesia St. John Neumann, de Miami, fue el secretario personal del Arzobispo de 1979 a 1984, y de 1986 a 1992. Mons. Navarro recuerda que, casi sin excepción, el arzobispo siempre se mostraba tranquilo y de buen humor.

“Sólo lo vi perder los estribos dos veces en 14 años, y fue a causa de la injusticia: primero, ante los disturbios [ocurridos en 1980 a causa del racismo] y, después, cuando se estaba tratando de expulsar a los haitianos. Aunque se calmaba prontamente, nunca dejó de luchar por las causas que lo conmovían”.

El Obispo Thomas Wenski, de la Diócesis de Orlando –que fue obispo auxiliar de Miami desde 1997 hasta 2003–, destacó igualmente su dedicación a la fe y la justicia social: “Era una persona transparente, tal como lo veías: un hombre de Dios, sincero en público al igual que en privado”, explicó el Obispo Wenski. “Recuerdo que era un defensor eficaz del pueblo haitiano, y me permitió trabajar con los ellos y desarrollar un ministerio que ahora llega a toda la Florida”.

El Arzobispo McCarthy también les abrió las puertas a otros grupos marginados de la sociedad: se comunicaba con las indígenas del sur de la Florida, abrió un albergue para los desamparados con SIDA, inauguró varias casas para el cuidado de ancianos, y acogió a los cubanos que vinieron a través del Mariel.

“El Arzobispo McCarthy fue un símbolo de la unidad. Decía que la unidad y la diversidad no se oponen cuando tenemos la misma fe, y que teníamos que crecer en fe, oración y caridad”, dijo el Obispo Román. “En más de una ocasión, lo vi llorar al no poder responder favorablemente a las necesidades de los exiliados en Miami”.

El Arzobispo McCarthy fue un hombre que vivió el espíritu de la pobreza –señaló Mons. William Hennessey, Vicario General de la Arquidiócesis, y recordó que, entre los sacerdotes, se llegó a hacer el chiste de que el arzobispo todavía guardaba el dinero que le regalaron en su Primera Comunión… Pero nunca dejó de ser generoso y bondadoso con todos aquellos a los que consideraba su familia.

“Me trató como a un miembro de su familia, y hasta a mis propios familiares también, cuando vinieron a visitarme. Les dijo que la casa era de ellos, y era muy bondadoso con todo el mundo”, señaló el P. Michael Carruthers, que fue el secretario personal del Arzobispo de 1992 a 1994. “Se habla mucho de su gentileza, pero algo que no se menciona tanto es su fuerza. Ser evangelista y predicar el Evangelio”, añadió, “es algo que requiere una fuerza y un valor tremendos. Su legado es la nueva evangelización, comisionando a los laicos y reconociendo sus talentos. Se ocupó de que todos se sintieran llamados a la santidad”.

En sus últimos 10 años, el Arzobispo McCarthy vivió en el seminario St. John Vianney, bajo la atención directa de Mons. John Noonan, rector del seminario y ahora Obispo Electo de Miami.

“Fue como un padre para todos los sacerdotes, y un abuelo para los seminaristas”, expresó Mons. Noonan. “Lo pudieron conocer, y se unía a nosotros todos los días para celebrar la Misa y comer juntos. Se sentaba en su silla de ruedas y concelebraba con nosotros. Su papel de siempre era dar la bendición final, que terminaba con un fuerte ‘¡Aleluya! ¡Aleluya!’ Todos esperábamos oír esto”.

El Arzobispo Edward A. McCarthy, que comenzaba todas sus homilías con la frase “queridos míos”, ha impartido su bendición final.