Arzobispo McCarthy: ¡nunca le olvidaremos!
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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Otra vez estamos de luto.
En abril, la muerte del Papa Juan Pablo II entristeció a los
católicos de todo el mundo. Dos meses después, la muerte del
Arzobispo Edward A. McCarthy causa una tristeza semejante en
todos los corazones de la Arquidiócesis de Miami.
Un visionario, un soñador; un alma afable, cálida, generosa y
compasiva; un sacerdote de vida santa; un patriarca inspirador;
un devoto pastor para su amado rebaño: todos estos calificativos
describen eficazmente a quien fue el segundo arzobispo de Miami.
El Arzobispo McCarthy imprimió su sello en la Arquidiócesis
mediante las pastorales que creó, especialmente las oficinas de
Vida Familiar y de Ministerio Laico; Radio Paz y Radio
Peace; el apostolado para los haitianos; la pastoral para
las personas con VIH/SIDA, y el establecimiento del programa de
diaconado permanente.
El Arzobispo McCarthy conoció a su arquidiócesis mediante su
primer sínodo, que estableció las necesidades de los católicos
del sur de la Florida y encaminó las pastorales de la Iglesia en
la dirección necesaria para satisfacer dichas necesidades.
Enfatizó constantemente la necesidad de evangelización,
recordando a todos los católicos que están llamados –en virtud
del bautismo– a llevar el Evangelio a los lugares donde viven y
trabajan.
Se consideraba a sí mismo entre los “párvulos” del Concilio
Vaticano Segundo, pues estuvo entre los obispos más jóvenes que
participaron en el evento, y por ello tuvo que sentarse muy al
fondo en San Pedro. Pero, sin duda alguna, supo aprender muy
bien las lecciones, especialmente la definición conciliar de la
Iglesia como “el pueblo de Dios”.
A pesar de su dulzura, el Arzobispo McCarthy adoptó posiciones
muy firmes en cuestiones tan importantes como el racismo y la
necesidad de que los inmigrantes cubanos y haitianos fueran bien
recibidos en la comunidad.
Como muchos han dicho, encontró la Arquidiócesis en momentos muy
difíciles, y asumió un papel rector para resolver una serie de
cuestiones comunitarias.
La persistencia del Arzobispo McCarthy terminó por ayudar a
persuadir al Papa Juan Pablo II para que visitara Miami en 1987.
Aquel fue –estoy convencido de ello– el momento de mayor
satisfacción para el arzobispo.
Mis recuerdos del Arzobispo McCarthy se remontan a nuestras
reuniones de los Obispos estadounidenses, donde siempre lo veía
tomar numerosas notas. No es extraño que haya escrito más de 20
cartas pastorales durante los 17 años que duró su misión aquí.
Incluso después de retirarse, seguía leyendo, escribiendo y
estudiando casi constantemente, en la medida en que su salud se
lo permitía. Su fe en Dios lo llevó a ver el retiro como una
oportunidad de prepararse para encontrarse con Dios frente a
frente, tal como los niños pequeños se preparan para su primera
Comunión.
Al final de su vida, como lo hizo el Papa Juan Pablo II, el
Arzobispo McCarthy nos enseñó cómo envejecer y morir
venturosamente. Su vida fue un ejemplo de autenticidad: predicó
aquello en que creía, y creyó en aquello que predicaba.
Aunque nos entristece su partida, nos regocija saber que este
hombre bueno y santo, este esforzado y amable pastor de almas,
se ha ido a la Casa del Padre, donde le espera su recompensa
eterna.
El pueblo de Miami nunca le olvidará, querido Arzobispo
McCarthy. Y seguiremos siendo siempre, como usted acostumbraba a
decir de sí mismo, “devotamente suyos”.
Miami, Florida
2 de abril del 2005 |