Juan Pablo II ya está camino a los altares
ACI
En la noche del 28 de junio se abrió oficialmente en la Basílica
romana de San Juan de Letrán, el proceso de beatificación del
Papa Juan Pablo II, con una solemne ceremonia en la que se
recordó la vida y legado de “El Grande”.
En su discurso, el Vicario de Roma, Cardenal Camillo Ruini,
aseguró que es “unánime y universal el convencimiento de la
santidad” del difunto Papa.
El purpurado sintetizó el legado de Juan Pablo II a través de
“su amor por la Humanidad, que llevó a una obra incansable para
evitar las guerras y restablecer la paz; para asegurar a los
pueblos más pobres, a los últimos de la tierra, una esperanza de
vida y de desarrollo; para defender la dignidad de la persona,
desde su concepción hasta su muerte natural”.
El Cardenal Ruini recordó la vida del fallecido Pontífice y
destacó el impacto que en su vida sacerdotal tuvo la Segunda
Guerra Mundial, los duros años del comunismo en Polonia y las
enseñanzas de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.
El Vicario de Roma evocó las primeras palabras de Juan Pablo II
al inaugurar su pontificado: “No tengáis miedo; abrid de par en
par las puertas a Cristo”y lo consideró “una persona de gran
profundidad espiritual”.
Asimismo, precisó que hasta el último momento de su vida, sus
dolores fueron un testimonio para la humanidad sobre el
significado cristiano del sufrimiento y la muerte. “Por ello,
los días de sus exequias fueron para Roma y el mundo días de
extraordinaria unidad, de reconciliación, de apertura del alma a
Dios”, agregó.
La ceremonia
La ceremonia de apertura del proceso comenzó con el rezo de las
primeras Vísperas de la festividad de San Pedro y San Pablo,
Patrones de Roma, que se celebra mañana, seguido por el
juramento latín del Cardenal Ruini, los jueces del tribunal y
los notarios.
Después, el postulador de la causa, el sacerdote Slawomir Oder,
presentó los papeles que le acreditan como tal, los documentos
que ya ha recogido sobre la figura del difunto Papa y la lista
de las personas a las que hay que interrogar.
Tras esta sesión inaugural, en fechas próximas se celebrará la
primera audiencia, que será a puerta cerrada.
El proceso
El proceso de beatificación se inauguró en la basílica romana y
no en el Vaticano, porque el Papa era también Obispo de Roma.
El pasado 13 de mayo, Benedicto XVI anunció en el curso de un
encuentro con el clero romano en esa misma basílica la apertura
de la causa dispensando de los cinco años de espera que deben
transcurrir tras la muerte del Siervo de Dios y el inicio del
proceso.
Según el Vatican Information Service, “el Tribunal diocesano de
Roma es responsable de la primera fase del proceso (análisis de
la vida y de los escritos del Siervo de Dios, audiencia a los
testigos). Si el veredicto es positivo, el sumario pasará a la
Congregación para las Causas de los Santos, donde tras un nuevo
examen del material relativo a la causa, se analizarán con la
ayuda de médicos y expertos los favores extraordinarios que
podrían ser milagros. Tras la certificación de un milagro, el
Papa puede disponer la beatificación”.
El sitio oficial de la causa de beatificación de Juan Pablo II
es www.JohnPaulIIBeatification.org.
El postulador de la causa, Mons. Slawomir Oder, explicó que en
breve esa página “ofrecerá espacio a los testimonios sobre las
gracias recibidas, los encuentros personales con Juan Pablo II,
así como información sobre las iniciativas de los fieles para
apoyar en todo el mundo la causa de beatificación”.
La oración
En el sitio, en diversos idiomas, se facilita también la oración
aprobada por el Vicariato de Roma para implorar favores por
intercesión del siervo de Dios Juan Pablo II:
“Oh Trinidad Santa, Te damos gracias por haber concedido a la
Iglesia al Papa Juan Pablo II y porque en él has reflejado la
ternura de tu paternidad, la gloria de la cruz de Cristo y el
esplendor del Espíritu de amor. El, confiando totalmente en tu
infinita misericordia y en la maternal intercesión de María, nos
ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor, indicándonos
la santidad, alto grado de la vida cristiana ordinaria, como
camino para alcanzar la comunión eterna Contigo. Concédenos, por
su intercesión, y si es tu voluntad, el favor que imploramos,
con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus
santos. Amén”.
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