Una ceremonia sencilla
para un hombre sencillo y sincero
Angelique
Ruhi-López
La Voz
Católica
Muy temprano en la mañana del 25 de junio, unos niños
despertaron a Mons. Pedro Meurice Estíu con una breve serenata
mariana, en felicitación por sus 50 años de sacerdocio. Ya a esa
hora, la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, en Santiago
de Cuba, estaba desbordándose de feligreses de tres diócesis
para la Eucaristía que se iba a celebrar a las 10 de la mañana.
De igual manera, en la noche anterior, los jóvenes de todas las
comunidades de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba, al igual
que de las diócesis de Guantánamo-Baracoa y Bayamo-Manzanillo,
realizaron una velada en la Iglesia María Auxiliadora en honor
de Mons. Meurice, algo que, según Mercedes Ferrera –secretaria
del arzobispo desde hace seis años–, lo sorprendió mucho.
“Todo el mundo lo conoce y ese día fue muestra de que lo quieren
muchísimo”, señaló Ferrera en entrevista telefónica con La
Voz Católica el 27 de junio. “Yo pienso que se agradece
mucho su trato sincero, que trata a cada uno por igual. A pesar
que es una persona tímida, es sincero y verdadero”, enfatizó.
“Aquí hay personas con muchas necesidades; no tiene que ser una
persona rica. Él los atiende como personas; esto es el mejor
valor que la gente encuentra en él. En su forma de ser dice
mucho más de lo que pueden decir las palabras”.
Aunque el aniversario de su ordenación fue realmente el 26 de
junio, se celebró anticipadamente porque, ese día Mons. Meurice
tuvo que viajar a la Diócesis de Holguín para clausurar un
congreso eucarístico. La Misa del 25 de junio fue concelebrada
por el Cardenal Jaime Ortega y Alamino y todos los obispos de
Cuba, junto con el primer secretario de la nunciatura, Mons.
Julio César Álvarez, ya que el nuncio no pudo asistir por
motivos de salud.
“Fue una ceremonia sencilla, como es Mons. Meurice”, indicó
Ferrera, añadiendo que el P. Rafael Ángel López-Silvero, párroco
de la catedral, pronunció la homilía.
Al final de la ceremonia, se le hicieron regalos al arzobispo,
entre ellos una cesta con frutas del Caney, localidad de la cual
fue párroco Mons. Meurice. También recibió dos cuadros, uno del
pintor santiaguero Ferrer Cabello con un paisaje de San Luis,
tierra natal del arzobispo, y el otro del artista René López,
con una representación simbólica de la resurrección.
Después de la Misa, Mons. Meurice se acercó a los feligreses,
quienes lo pudieron saludar y felicitar.
“Estaba muy contento y muy emocionado, y la gente –que vino de
los barrios, de las comunidades, de la ciudad, en fin, de muchas
partes– también estaba muy contenta”, expresó Ferrera. “Es signo
de una Iglesia unida y de una Iglesia que quiere a su pastor”.
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