|
Los laicos responden al llamado
Más de 50 se gradúan de la Escuela de Ministerios, y otros 51
son comisionados como ministros
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
|
 |
|
Leola Barry ejercerá su ministerio entre los desamparados de
Cayo Hueso. Ana Rodríguez-Soto |
|
|
Ella los llama “mis muchachos”, y ellos la llaman “la señora de
la iglesia”.
Ella les paga por realizar trabajos singulares. Ellos le
mantienen limpio su centro comercial.
Leola Barry establece reglas estrictas para los desamparados que
deambulan por el centro comercial que ella administra en Cayo
Hueso. Pero también les compra regalos de cumpleaños y les
ofrece fiestas de Navidad. Los lleva a recibir servicios
sociales y a sus citas con el médico. Les da una dirección que
pueden utilizar para obtener tarjetas de identidad o recibir los
cheques de sus beneficios.
Lo que comenzó como un arreglo comercial se ha convertido en un
ministerio. Y Barry, feligresa de la parroquia St. Mary Star of
the Sea, asumió este ministerio oficialmente el 4 de junio,
cuando se convirtió en uno de los 51 nuevos ministros laicos de
la Arquidiócesis de Miami.
“Antes de que yo llegara, la gente ni siquiera quería hablarles
[a los desamparados]. Nadie sabía cómo se llamaban”, dijo Barry,
que no se dio cuenta de que se había comprometido en un
ministerio hasta que el Diácono Peter Batty, de St. Mary, se lo
señaló.
“Algunos de ellos han dicho que no habían tenido a nadie que les
hiciera un regalo o que se ocupara de ellos durante años”,
explicó Barry. “A personas así no se les puede predicar. Hay que
actuar, y que ellos lo vean. Entonces saben si uno lo está
haciendo a favor suyo, o en su contra”.
En diciembre pasado, Barry fue atropellada por un auto mientras
montaba en bicicleta. Fue entonces cuando sus “muchachos” se
ocuparon de ella.
“Mis muchachos fueron de gran ayuda para mí. Me hacían los
mandados; iban a la tienda de abastecimientos”. Hasta le
llevaban vasos con agua a su escritorio, para que no tuviera que
levantarse a buscarlos.
“Son rudos, pero no están acostumbrados a que la gente les hable
con amabilidad”, dijo Barry de sus “muchachos”. “He aprendido
mucho de ellos”.
El ministerio de Leola Barry es un ejemplo de la gran variedad
de maneras en que los laicos están prestando servicios en la
Arquidiócesis. Más de 1,500 de ellos se han graduado del
programa de dos años de la Escuela de Ministerios desde que la
Oficina de Ministerios Laicos se fundó en 1977. Otros cientos
han continuado hasta ser comisionados como ministros laicos,
comprometiéndose a servir entre cinco y siete horas semanales,
durante cinco años, en un ministerio específico.
Los que fueron comisionados este año, dedicarán su tiempo a
ministerios como la atención pastoral de veteranos, la oración,
la catequesis, la consolación de personas dolientes, la
preparación litúrgica, la preparación bautismal, la hospitalidad
y la evangelización. También visitarán a los enfermos y a los
ancianos, y se ocuparán de los pobres y de los presos,
trabajarán con sus familias y con parejas comprometidas,
enseñarán la fe a conversos y ayudarán a formar a más ministros
laicos.
Además de los que fueron comisionados por primera vez, otros 16
renovaron su comisión por otros cinco años de ministerio, y
otros 54 se graduaron de la Escuela de Ministerios, incluyendo
la segunda promoción de haitianos.
Las clases de la Escuela de Ministerios se imparten en inglés,
español y creole en parroquias de la Arquidiócesis. Los
profesores suelen ser voluntarios, y tres de ellos recibieron
reconocimientos este año por su extraordinaria disponibilidad
durante los últimos 20 años: Tere Sáenz, ministra laica desde
1985; El P. Pedro Corces, director de vocaciones en la
Arquidiócesis, y Mons. Tomás Marín, párroco de Our Lady of
Guadalupe, en el Doral.
William Patterson, un veterano discapacitado de la parroquia St.
Maurice, de Fort Lauderdale, se graduó de la Escuela de
Ministerios, aunque no se vinculó a ningún proyecto específico.
“Ya estoy laborando 20 horas a la semana”, dijo, visitando a los
enfermos, trabajando en el bingo durante el día y enseñando los
sacramentos a los niños del programa de educación religiosa.
Si hubiera dispuesto del tiempo necesario, añadió, hubiera
ingresado en el ministerio para veteranos discapacitados, para
animarlos a obtener todos los beneficios a los que tienen
derecho.
“Muchos de ellos están mejor protegidos de lo que ellos mismos
piensan. Sólo tiene que solicitarlo”, dijo Patterson, que
seguirá ayudando a los veteranos cada vez que se presente la
ocasión.
Pero ésta no fue la razón por la que ingresó en la Escuela de
Ministerios. Convertido en 1963, “cursé la escuela para aprender
más sobre mi propia fe”, explicó. “Mientras más aprendía, más
deseaba aprender. Le recomendaría hacer lo mismo a cualquier
persona que quisiera conocer más sobre su fe”.
En la homilía que dirigió a los graduados y ministros, el
Arzobispo John C. Favalora les recordó que para ellos, “como
representantes especiales de la fe”, el conocimiento de su fe es
muy importante.
“Pero la obra de la evangelización es ser portadores de Cristo
–no sólo del conocimiento de Cristo, sino del ejemplo de Cristo”,
señaló el arzobispo. “Esto no depende de la fuerza del
conocimiento o de la fuerza de la experiencia que ustedes tengan.
Depende de su amor a Dios y de su disposición a servir. Su
responsabilidad es ser portadores de Cristo”.
Para más información sobre la Oficina de Ministerios Laicos y la
Escuela de Ministerios, llame al 305-762-1184 o al 954-525-5157,
ext. 1184; o diríjase por correo electrónico a:
mailto:laymin@miamiarch.org.
|