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¿Perdió Pinar?… ¡Ganó Cuba!
Elevado al
Ministerio Episcopal el P. Manuel Hilario de Céspedes y
García Menocal, tataranieto del Padre de La Patria.
Virgilio Toledo y Sergio Cabarrauy
Pinar del Río
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“¡Alabao,
Monseñor Manolo!”. Foto: Cortesía de En Comunión.
“Allá, muy cerca del Obispo Siro, todos pudimos aclamar con un
vuelco en el corazón a Monseñor Felipe Estévez, obispo auxiliar
de Miami que había venido especialmente para testimoniar que
somos un mismo pueblo a ambos lados del mar que nos une y nos
separa. Fue un vuelco cordial de solidaridad, cercanía y
comunión. Gracias Mons. Estévez, gracias Iglesia que peregrina
en la diáspora por estar presente en cada momento importante de
la vida de la Patria y de su Iglesia. Pienso que ya no podría
ser de otra manera. La interminable ovación que acompañó al
abrazo que el recién ordenado obispo dio a Mons. Estévez así lo
confirmó.”
Dagoberto Valdés Hernández |
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“¡Alabao, nos quedamos sin el Cura Manolo!”, fue la primera
expresión que salió de mis labios cuando me enteré de su
nombramiento como Obispo de la Diócesis de Matanzas.
Una
mezcla de sentimientos y pensamientos encontrados se agolpaba en
mi corazón y en mi mente. Por una parte, el egoísmo, el rechazo
al cambio, la seguridad que les da a los feligreses el tener un
cura como Manolo en su parroquia, la experiencia tan rica y
educativa de haber trabajado con él en la Pastoral de la
Comunidad de Nuestra Señora de la Caridad, me hacían sentir
triste y pensar que estábamos perdiendo. Por otro lado, el hecho
de que a un amigo, a un maestro, a alguien que uno quiere y
admira, se le reconozcan su dedicación y entrega, su sacrifico
por los demás sin buscar ni esperar ninguna recompensa, su
austeridad heroica, su metódica, rigurosa y sistemática
preparación de todas sus labores, me hacían sentir alegre y
dichoso de haber conocido, trabajado y aprendido tanto con esta
gran persona que es el Padre Manolo.
Después que se fueron atenuando las primeras emociones y fui
razonando más fríamente, me dije: bueno, es verdad que nuestra
parroquia y la Diócesis de Pinar del Río pierden a un gran
sacerdote, pero la Conferencia Episcopal, la Diócesis de
Matanzas, Cuba y la Iglesia ganan a un gran Pastor.
Estoy seguro, Padre Manolo, de que lo harás bien; tu fidelidad y
obediencia coherente, tu estilo de trabajo, siempre en equipo,
tu preparación y planificación previa de todas tus actividades y
responsabilidades, tu espíritu de sacrificio y responsabilidad,
tu sencillez y humildad, son virtudes y métodos que te ayudarán
en esta alta y difícil tarea. Los miedos y las dudas que vienen
a ti en este momento, como bien sabes, son señales de la
responsabilidad y libertad con que quieres vivir esta nueva
misión que te piden el Santo Padre y la Iglesia.
Entrégalos a Dios: Él siempre nos acompaña. Tu sufrido pueblo y
tu Iglesia, a los que amas tanto, te necesitan como apóstol de
Cristo Jesús. No tengas miedo, que Dios y tus amigos están
contigo.
Una
última cosa te digo, Padre Manolo: el cariño, el respeto y la
admiración que te ganaste, son más grandes de lo que te imaginas;
me di cuenta de eso cuando me enteré de tu nombramiento, y pude
ver y oír las distintas reacciones de las personas, siempre
lamentando, pero también alegrándose de tu envío.
Me
alegro de tu Sí, y te digo: cuenta con nuestras oraciones
y con nuestro acompañamiento. Inspírate siempre en el Sí
de María; déjate caer en sus brazos, la Virgen de la Caridad
siempre velará e intercederá por ti.
Ya
puedo decir, asimilados y encauzados los pensamientos, emociones,
y sentimientos que me embargaron con esta buena nueva, que
ganaron Pinar, Matanzas, Cuba y la Iglesia con el nuevo Obispo,
Manuel Hilario de Céspedes y García Menocal.
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