Santa María Magdalena
Fiesta: 22 de julio
Redacción /ACI
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“María Magdalena ante el sepulcro de Jesús”, por Gustave Doré. |
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En los Evangelios se habla de María Magdalena, la pecadora (Luc.
7, 37-50); María Magdalena, una de las mujeres que seguían al
Señor (Jn. 20, 10-18) y María de Betania, la hermana de Lázaro (Lc.
10, 38-42). La liturgia romana identifica a las tres mujeres con
el nombre de María Magdalena, como lo hace la antigua tradición
occidental desde la época de San Gregorio Magno.
El nombre de María Magdalena se deriva de Magdala, una población
situada sobre la orilla occidental del mar de Galilea, cerca de
Tiberíades, en la que el Señor encontró por primera vez a
aquella mujer. San Lucas hace notar que era una pecadora (aunque
no afirma que haya sido una prostituta, como se supone
comúnmente). Cristo cenaba en casa de un fariseo donde la
pecadora se presentó y al momento se arrojó al suelo frente al
Señor, se echó a llorar y le enjugó los pies con sus cabellos.
Después le ungió con el perfume que llevaba en un vaso de
alabastro. El fariseo interpretó la aceptación de esta unción
por parte de Jesucristo como una especie de aprobación del
pecado, y murmuró en su corazón. Jesús le recriminó por sus
pensamientos. Le preguntó, en forma de parábola, cuál de dos
deudores debe mayor agradecimiento a su acreedor: aquel a quien
se le perdona una deuda mayor, o al que se la perdona una suma
menor. En el capítulo siguiente, San Lucas habla de los viajes
de Jesucristo por Galilea, y dice que le acompañaban los
apóstoles y que le servían varias mujeres.
Entre ellas figuraba María Magdalena, de la que Jesús había
arrojado “siete demonios”. También se recuerda a María Magdalena
por otros episodios evangélicos. Durante la muerte de Jesucristo,
María Magdalena asistió a la agonía de su Maestro en la cruz, y
después a su enterramiento. Acompañada por “la otra María”, fue
en la mañana del domingo de Resurrección, muy temprano, al
sepulcro de Jesucristo, y descubrió “que alguien había apartado
la pesada piedra” que cubría la entrada. Fue ella la primera
persona que vio, reconoció y adoró a Jesucristo resucitado.
María Magdalena fue la primera persona que proclamó la
resurrección de Jesucristo a los apóstoles. El Hijo de Dios
quiso manifestar la gloria de su resurrección a aquella
discípula de excepcionales dotes espirituales.
La tradición oriental afirma que, después de Pentecostés, María
Magdalena fue a vivir a Efeso con la Virgen María y San Juan, y
que murió allí. Pero, según la tradición francesa, adoptada por
el Martirologio Romano y muy difundida en occidente, María
Magdalena fue con Lázaro y Marta a evangelizar la Provenza, y
pasó los últimos treinta años de su vida en los Alpes Marítimos,
en la caverna de la Sainte Baume. Según la misma tradición, poco
antes de su muerte, fue trasladada milagrosamente a la capilla
de San Maximino, donde recibió los últimos sacramentos y fue
enterrada por el santo.
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