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Sin duda, Batman Begins es una película bien realizada, con una producción meticulosa y una lista de actores de reparto que bien podrían llenar una cartelera, pero ante los cuales el protagonista, Christian Bale, no aparece en nada empequeñecido. Este cuarto intento seguido de volver a contar la historia de Batman es, sin duda, el mejor de todos en el sentido tanto cinematográfico como en el contenido. La historia de Batman está muy bien tejida y resulta la más coherente y creíble de todas las narradas hasta ahora. El despliegue de efectos especiales y recursos tecnológicos acercan más esta versión del hombre-murciélago al exitoso comic televisivo de Batman Beyond, un Batman adolescente provisto de la última tecnología. Lo más valioso del filme, sin embargo, es el bien logrado esfuerzo por explorar las motivaciones morales de Batman, cargadas de humanidad y de un sentido de la justicia muy cercano a la visión cristiana de la misma, entendida como autentica superioridad moral y no como venganza. No es de extrañar que la critica cristiana en Estados Unidos haya sido muy favorable. La historia narra el conjunto de crueles circunstancias que le cuestan la vida a los padres del niño millonario Bruce Wayne. Éste, acongojado por el dolor, se aleja de Ciudad Gótica para entrenar su cuerpo y sanar su alma, bajo la tutela del misterioso Henri Ducard, en una apartada región montañosa. Al descubrir sus nuevas habilidades, Wayne decide convertirse en Batman y regresar a Ciudad Gótica, para salvarla del crimen y de la destrucción, y para enfrentarse al astuto villano Ra's Al Ghul –cuyo brillante complot se va tejiendo en la historia– y al perverso Dr. Jonathan Crane, El Espantapájaros, contra quien tendrá que luchar para salvar la vida de la mujer que ama. Batman Begins queda abierta a una pronta continuación, muy de esperarse si la historia mantiene los mismos cimientos cinematográficos y morales.
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