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P. Florentino Azcoitia, S.J. Conocido afectuosamente como el “P. Tino”, el jesuita de 80 años de edad es el fundador de los Encuentros Familiares y del Centro de Espiritualidad Ignaciana de Miami. El P. Tino, el tercero de tres hijos, nació en 1924 en la ciudad cubana de Isabela de Sagua. A los seis años de edad viajó con su madre y hermanos a España, donde permanecieron por dos años en un pueblo llamado como el apellido de su padre: Azcoitia. En España, el joven Florentino visitó el lugar donde San Ignacio de Loyola se entregó totalmente a Dios, y asistió frecuentemente a la Eucaristía en la basílica dedicada a dicho Santo. Estas experiencias se le grabaron en su mente e influirían más tarde en su deseo de ser jesuita.
En 1932, la familia vuelve a Cuba, donde Florentino empieza a estudiar en el Colegio del Sagrado Corazón de Sagua, dirigido por los jesuitas. Pocos años después del fallecimiento de su padre, Florentino y su familia se mudaron a Sagua la Grande, donde continuó sus estudios con los jesuitas y empezó a sentir la vocación sacerdotal. “Siempre he querido seguir los caminos de Dios”, indicó el P. Tino. “Mi mamá era una mujer de comunión y vivió una vida de piedad. Ella influyó muchísimo en mi vida espiritual, y a los 14 años le dije a mi mamá que quería ser jesuita”. Cuba aún no tenía su propio noviciado, y todo candidato que sintiese el llamado a la vocación jesuita tenía que viajar a España. El 31 de julio 1940 –la fiesta de San Ignacio de Loyola–, Azcoitia se fue de Cuba para ingresar en la Compañía de Jesús en Marqués de Comillas, España. Después de terminar sus estudios en España, Puerto Rico, Maryland y Cuba (donde se abrió el noviciado en la ciudad de Cienfuegos, en 1942), Azcoitia fue ordenado sacerdote el 11 de junio 1955. Antes de llegar a Miami, sus trabajos apostólicos incluyeron el ser padre espiritual de los estudiantes del Colegio de Belén, en la Habana; del Seminario San Ildefonso, de Puerto Rico, y de los seminaristas jesuitas en Los Teques, Venezuela. En agosto de 1969, el P. Tino se mudó permanentemente a Miami, donde comenzó a trabajar como padre espiritual y profesor de Biblia en el Colegio de Belén. En enero de 1971, se integró en Miami un grupo de laicos preocupados por la falta de un apostolado para las familias, especialmente las de inmigrantes hispanos. “Comenzamos los Encuentros Familiares con un grupo de seglares que venían de una cultura cubana. Encontraron que la lengua y la cultura ya eran distintos entre padres e hijos”, explicó el P. Tino, que se unió al grupo y comenzó a asesorarlo. “Quisimos que los padres entendieran a sus hijos”. El P. Tino empezó a guiar los retiros de Encuentros Familiares, junto con los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola para padres e hijos. El movimiento estuvo sin un hogar fijo durante casi 15 años, hasta que el P. Tino encontró un terreno de cinco acres en la Avenida 122 y la Calle 56 del Southwest –el actual sitio de Casa Manresa y el Centro de Espiritualidad Ignaciana. Se ha iniciado la construcción de una nueva capilla, una sala de conferencias y otras 16 habitaciones para que la obra de los Ejercicios y los Encuentros siga creciendo. “No hay vida cristiana sin comunidad. El individualismo no tiene parte en la Iglesia”, expresó el P. Tino. “Los Encuentros han evitado muchos divorcios con la reforma, el diálogo, la comunicación, la oración y la comunión. Los matrimonios y las relaciones de familia se resuelven únicamente con Cristo en medio”.
P. Ricardo Villaverde, O.P. El P. Ricardo Villaverde, O.P. nació en 1927 en La Habana, pero lleva 53 años fuera de Cuba. El padre, de 78 años de edad, fue alumno del Colegio La Salle, y estudió Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de La Habana. Descubrió su vocación sacerdotal mientras trabajaba con la Juventud Obrera Católica (JOC) de Cuba. “Nací en una familia muy católica, y mi apostolado fue la Juventud Católica”, señaló el P. Villaverde. “Sentí algo, un llamado, dentro. En todos los momentos, siempre me he sentido muy sacerdote, muy dominico”. El P. Villaverde cursó sus estudios sacerdotales en Salamanca, Almagro y Granada (España), y el 19 de julio de 1955 fue ordenado como dominico. Su trabajo con la JOC continuó durante los primeros años de su sacerdocio, y en 1958 asistió durante dos meses a un seminario de dirigentes africanos de la Juventud Estudiantil Católica realizado en Dakar (África), en el cual participó con el propósito de introducir en Cuba la pedagogía de dicho movimiento. El P. Villaverde tuvo que salir de Cuba para Miami el 30 de agosto de 1961. Aquí ejerció su pastoral, inicialmente, en la parroquia Corpus Christi, y luego en San Raphael Hall, donde ayudó a jóvenes cubanos recién llegados a los Estados Unidos para orientarlos en diferentes centros de estudio de la nación. En 1962 fue transferido a Puebla, México, donde ejerció su ministerio durante 10 años. Su pastoral incluía visitar regiones campesinas para predicar, al igual que trabajar con los jóvenes y los matrimonios de la parroquia de Puebla, la que también restauró. Regresó a Miami en 1973, pero en 1985, partió rumbo a Venezuela; primero Caracas, y después Tanaguarena, un pueblo muy pobre donde fue párroco durante 20 años. Allí estableció una escuela primaria y una secundaria, e hizo posible la creación de un dispensario y un centro de distribución de alimentos. “En Venezuela, realicé mucho construyendo esas escuelas. Cuando llegué, no sabía ni por dónde empezar, en esta zona sin médico, sin escuelas, sin nada. Me encontré con una pobreza muy grande”, indicó el P. Villaverde. Pero después de un deslave, donde se desrumbaron muchos edificios y hubo entre 50,000 y 100,000 muertos –muchos de ellos de la parroquia del P. Villaverde–, “estaba yo tan destruido que no sabía ni decir el Padre Nuestro sin tener que leerlo”, dijo el sacerdote, que regresó a Miami en el año 2001. “Me sentí muy feliz en México y en Venezuela”, añadió, “pero sueño volver a Cuba. Mi corazón está en Cuba, pero mi familia está aquí, en Miami”. Aunque el P. Villaverde está jubilado, lleva un año celebrando Misas, asesorando al grupo juvenil y apoyando la pastoral hispana de la parroquia St. Joachim. “Después de vivir en Centro y Suramérica, me doy cuenta de que la pastoral hispana está muy lenta; me preocupa la lentitud de la Iglesia”, expresó el P. Villaverde. “Es una Iglesia muy dormida. Nosotros [los sacerdotes] tenemos que estar más en contacto con la gente. Atender al pueblo hispano no significa celebrar más Misas en español. Es acompañar a la gente”.
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