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R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana

 

 

7 de agosto de 2005
4 de septiembre de 2005
23er. Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo A]

Lectura del Evangelio según san Mateo 18:15-20
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Si tu hermano* ha pecado contra ti, anda a hablar con él a solas. Si te escucha, has ganado a tu hermano. Si no te escucha, lleva contigo a dos o tres de modo que el caso se decida por boca de dos o tres testigos. Si se niega a escucharlos, dilo a la Iglesia** reunida. Y si tampoco lo hace con la Iglesia, será para ti como un pagano o un publicano. Yo les digo: todo lo que aten en la tierra, el cielo lo considerará atado, y todo lo que desaten en la tierra, será tenido en el cielo como desatado. Asimismo, si en la tierra dos de ustedes unen sus voces para pedir cualquier cosa, estén seguros que mi Padre en los cielos se la dará. Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy ahí en medio de ellos”.

*Otro discípulo. **La asamblea local.

Comentario breve:
En este texto, Mateo da una instrucción precisa sobre como resolver los conflictos en la comunidad cristiana. Hoy muchos tienen una idea romántica de los primeros cristianos y creen que nunca tenían problemas. Esta lectura nos ense
a que aun en las primeras comunidades existían tensiones y desacuerdos. El evangelio explica el proceso a seguir con el pecador: 1) corrección en privado; 2) apelación a dos o tres testigos; 3) corrección ante la comunidad local. Si después de seguir estos pasos no “has ganado a tu hermano”, se procederá a excluir de la comunidad al pecador que no acepta reconciliarse con sus hermanos. El texto describe a estos “excomulgados” como paganos y recaudadores de impuestos para que los judíos-cristianos que formaban la comunidad de Mateo lo entendieran. Ellos conocían la costumbre judía de evitar juntarse con estos dos grupos.
   La segunda parte de la lectura nos anima a orar en comunidad puesto que la presencia de Jesús entre nosotros garantiza la eficacia de nuestra oración

Tres ideas importantes de la lectura:

  • El primer paso a seguir para la reconciliación es una conversación privada.

  • La Iglesia no es una asociación de gente perfecta, sino una comunidad afectada por la miseria humana, que camina confiando en la misericordia de Dios.

  • Excluir a una persona de la comunidad es un último recurso.Para la reflexión:

  1. ¿Cómo manejo los conflictos? ¿Sigo los pasos que el evangelio sugiere o me dedico ante todo a “chismear” y hablar mal del pecador?

  2. ¿Siento la presencia de Cristo cuando estoy en mi parroquia orando comunitariamente? ¿Necesito mejorar algo?

 

11 de septiembre de 2005
24o Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo A]

Lectura del Evangelio según san Mateo 18:21-35
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le dijo: “Seor, ¿cuántas veces debo perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No digas siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto el Reino de los Cielos es semejante a un rey que resolvió arreglar cuentas con sus empleados. Cuando estaba empezando a hacerlo, le trajeron a uno que debía diez millones de monedas de oro. Como el hombre no tenía para pagar, el rey dispuso que fuera vendido como esclavo, junto con su mujer y sus hijos y todas sus cosas para pagar la deuda. El empleado se arrojó a los pies del rey, suplicándole: ‘Ten paciencia conmigo y yo te pagaré todo’. El rey se compadeció, y no sólo lo dejó libre, sino que además le perdonó la deuda. Pero apenas salió el empleado de la presencia del rey, se encontró con uno de sus compaeros que le debía cien monedas; lo agarró del cuello y casi lo ahogaba, gritándole: ‘Paga lo que me debes’. El compaero se echó a sus pies y le rogaba: ‘Ten un poco de paciencia conmigo y yo te pagaré todo’. Pero el otro no le aceptó. Al contrario, lo mandó a la cárcel hasta que le pagara toda la deuda. Los compaeros, testigos de esta escena, quedaron muy molestos y fueron a contarle a su patrón. Entonces, el patrón lo hizo llamar y le dijo: ‘Siervo malo, todo lo que me debías te lo perdoné en cuanto me lo suplicaste. ¿No debías haberte compadecido de tu compaero como yo me compadecí de ti?’ Y estaba tan enojado el patrón que lo entregó a la justicia, hasta que pagara toda su deuda”. Y Jesús terminó con estas palabras: “Así hará mi Padre Celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos”.

Comentario breve:
Después de habernos dejado las normas a seguir para la reconciliación en la Iglesia, Mateo ofrece la pregunta de Pedro que refleja la de todos nosotros: “¿Cuántas veces debo volver a perdonar al hermano que se arrepiente?” La respuesta es un número simbólico que no debe tomarse literalmente pues apunta al perdón ilimitado. La parábola que aparece a continuación, ilustra elocuentemente la enseñanza de Jesús: si Dios nos ha perdonado nuestros pecados, ¿cómo podremos nosotros ser tan mezquinos que no podamos cancelar la pequea deuda de un hermano? La historia tiene un final dramático y retador: El perdón de Dios y el nuestro están íntimamente ligados

Tres ideas importantes de la lectura:

  • El perdón ha sido una parte integral en la vida de la Iglesia desde sus comienzos.

  • Para los cristianos, el perdón no tiene límites.

  • El perdón y la reconciliación no son lo mismo. Aun cuando perdonemos, la reconciliación dependerá de la actuación de la otra persona.

Para la reflexión:

    1. ¿Quiero liberarme del odio y del deseo de venganza aun cuando el otro no “merezca” mi perdón?
    2. ¿Considero que esta ensenza de Jesús es demasiado exigente? Explique

 

18 de septiembre de 2005
25o Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo A]

Lectura del Evangelio según san Mateo 20:1-16a]
EEn aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un jefe de familia que salió de madrugada a contratar trabajadores para su via. Aceptaron el sueldo que les ofrecía (una moneda de plata al dia), y los envió a su via. Salió después cerca de las nueve de la maana, y se encontró en la plaza con otros que estaban desocupados. Y les dijo: ‘Vayan ustedes también a mi via y les pagaré lo que corresponda’. Y fueron a trabajar. El patrón salió otras dos veces, como al mediodía y como a las tres de la tarde, en busca de más trabajadores. Finalmente salió a eso de las cinco de la tarde, y vio a otros que estaban sin hacer nada, y les dijo: ‘¿Por qué pasan todo el día ociosos?” Contestaron ellos: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Dijo el patrón: ‘Vayan también ustedes a mi via’. Al anochecer, dijo el dueo de la via a su mayordomo: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, empezando por los últimos y terminando por los primeros’. Se presentaron los que habían salido a trabajar a las cinco de la tarde, y a cada uno se les dio un denario (una moneda de plata). Cuando finalmente llegaron los primeros, se imaginaron que iban a recibir más; pero recibieron también un denario. Por eso, cuando se lo dieron empezaron a protestar contra el patrón. Decían: ‘Los últimos apenas trabajaron una hora y les pagaste igual que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’. El patrón contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no he hecho nada injusto, ¿no convinimos en un denario al día? Entonces, toma lo que te corresponde y márchate. Me gusta darle al último tanto como a ti. ¿No tengo derecho a hacer lo que quiero con mi dinero? ¿Por qué miras con malos ojos que yo sea bueno?’ Así sucederá: los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos”.

Comentario breve:
Hoy leemos otra parábola que invierte totalmente las expectativas humanas. Su mensaje fue difícil para los primeros cristianos y continúa siéndolo para nosotros hoy. El jefe de familia que salió a contratar trabajadores para su via acordó un “pago justo” solamente con el primer grupo de jornaleros. Al resto les dijo simplemente: “les pagaré lo que corresponda”. ¿Qué puede ser justo o corresponderle a alguien que sólo trabajó una hora? Al finalizar el día, los que trabajaron desde temprano se sintieron tratados injustamente por el patrón y empezaron a protestar. La respuesta a la protesta es una pregunta que los deja y nos deja confundidos: “¿Por qué miras con malos ojos que yo sea bueno?” Aquí no hubo injusticia alguna. Los que trabajaron todo el día recibieron el pago acordado, y los otros recibieron lo que el jefe de familia quiso darles generosamente. Dios no “paga” en base a los méritos acumulados, sino en base a su bondad y misericordia. Originalmente, esta parábola fue dirigida a los que criticaban a Jesús por rodearse de pecadores y cobradores de impuestos.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • No hay nada que podamos hacer para “ganar” o “merecer” el amor de Dios.

  • Si viviéramos en una unión íntima con Dios no nos molestaría que otros la tuvieran también.

  • La misericordia y la bondad de Dios no pueden ser medidas con métodos humanos.

Para la reflexión:

  1. ¿Me molesta que Dios actúe de manera desproporcionada cuando ama a los que aparentan no merecerlo?

  2. Si mis esfuerzos no me ganan más amor por parte de Dios, ¿para que luchar tan duro por ser bueno?

 

25 de septiembre de 2005
26o Domingo del Tiempor Ordinario [Ciclo A]

Evangelio según san Mateo 21:28-32
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué les parece esto? Un hombre que tiene dos hijos llama al primero y le dice: ‘Anda a trabajar a mi via’. Y él responde: ‘No quiero’. Pero después se arrepiente y va. Después el padre llama al otro y le manda lo mismo. Este responde: ‘Voy, Seor’, pero no va”. Jesús, pues, preguntó: “¿Cuál de los dos hizo lo que quería el padre?” Ellos contestaron: “El primero”. Y Jesús prosiguió: “En verdad, los publicanos y las prostitutas entrarán antes que ustedes al Reino de los Cielos. Porque Juan vino a indicarles el camino del bien y no lo creyeron mientras que los publicanos y las prostitutas le creyeron; ustedes fueron testigos, pero ni con esto se arrepintieron y le creyeron”.

Comentario breve:
La lectura
de hoy compara a los líderes religiosos judíos con las prostitutas y los cobradores de impuestos. Esta parábola se escribió en un momento crítico de la historia de Israel: el pueblo escogido, que había dicho Sí a Dios a través de su historia, no reconoció al Mesías. Por otra parte, los pecadores, los que vivían fuera de la ley mosaica, eran los que estaban reformando sus vidas en respuesta a la prédica de Jesús. El hijo que finalmente obedeció a su padre era como los cobradores de impuestos y las prostitutas que aparecían constantemente en el ministerio de Jesús. Mateo nos recuerda que la conversión de los pecadores ya había comenzado con Juan el Bautista a quien las autoridades religiosas también rechazaron y finalmente asesinaron.

Ideas importantes de la lectura:

  • ¿A qué hijo me parezo? ¿Al que dice sí y después no hace nada, o al que dice no y después se arrepiente?

  • ¿Resiento cuando un “pecador” es recibido en mi comunidad y le dan un ministerio importante? Explique.