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Palabras al inicio de la velada
por el XI aniversario de Vitral
Dagoberto Valdés
Querido Sr. Obispo de Pinar del Río.
Distinguidos miembros del Cuerpo Diplomático.
Admirados miembros de la sociedad civil.
Queridas Damas de Blanco, tenemos a sus esposos e hijos muy
presentes em este momento.
Estimado Antonio José Ponte.
Reconocidos intelectuales, miembros del Jurado del Concurso
Literario Vitral 2005.
Amigas y amigos todos:
En
nombre del consejo de redacción de la revista y en el mío propio
deseo darles a todos la más cordial bienvenida. Sabemos lo que
cuesta y por ello valoramos altamente su presencia y solidaridad.
Vitral
llega a sus once años. Cuesta arriba, contamos cada día y cada
año, como sin fueran mil, pero así, multiplicados también,
sentimos la satisfacción de la verdad proclamada y de la acogida
recibida por gran parte de nuestro pueblo sencillo. No hemos
atacado a nadie, ni hemos huido de la realidad. Estamos en paz
con nuestra conciencia. Y eso, en este momento, en Cuba, es algo
verdaderamente raro y gratificante.
Este año hemos vivido, no sin cierta sensación de estupor, el
vigor inapagable de la libertad de la luz ante el avance
creciente de la oscuridad. Si no fuera una experiencia, es casi
increíble lo que se puede sufrir y lo que se deja de esperar, al
final del más cerrado camino que parece conducirnos hacia ningún
lugar.
Pero, lo hemos experimentado también: cuanto mayor es la
tiniebla, más valor damos a la luz, no la que pudiera tener una
revista o una obra literaria, que son sólo espejo y resplandor,
sino de esa luz que cada cubano y cubana llevamos dentro y que
no deja que se apague definitivamente nuestra esperanza.
De
esa luz se ha hecho esta publicación; sin ella se hubiera
extinguido hace muchos años. De esa luz vive Vitral y
vivimos los cubanos; de esa luz vive Cuba. Y aunque Jesucristo,
en los Evangelios, dice que los hijos de las tinieblas son más
sagaces que los hijos de la luz, no dice que ellos tendrán la
última palabra. Ésta será de los que, desde la pequeñez de la
semilla, sean “sal de la tierra y luz del mundo”, piensen como
piensen, crean o no.
Nos
hemos preguntado si hacíamos fiesta después de un año como éste.
Después de un mes como éste. Y la respuesta es precisamente esta
celebración que quiere ser, no la fiesta de una revistica
provinciana, mosca en la oreja en comparación con los problemas
de Cuba, sino la fiesta anticipada de la luz que cada cubano
lleva dentro y que nadie podrá sofocar; la celebración de la
fuerza de lo pequeño ante el poder de lo aplastante; la fiesta
del grano de sal en medio de los sinsabores de la desesperanza;
la fiesta del diálogo frente a la intolerancia sin puertas; la
celebración anticipada de la paz frente a la violencia; la
fiesta de la gestación de una nueva convivencia social frente al
caos que intenta desorientarnos como puerta falsa y espejismo
sin retorno. Éste es y debe ser el único sentido de esta
celebración. Lo otro sería pantomima y patetismo.
Cuba sufre, suframos con ella, pero sin desesperanza, sin
violencia y sin abandonarla en manos de la nada. ¿Quién puede
saber el año que nos espera…? Sólo Dios lo sabe. Pero lo que sí
podemos saber es que el derrotero de Cuba dependerá de cada uno
de nosotros, de los otros y de la capacidad de todos para
mantener la serenidad, superar el miedo, vivir en libertad,
buscar la verdad, ceder espacios a la tolerancia y a la
participación, fomentar el diálogo, pero un diálogo de verdad, y
adelantar la reconciliación.
¡Lo
sabemos! Cuba podrá hacerlo… Y entonces esa será la verdadera
fiesta.
Muchas gracias.
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