Hallazgo en ti
Sara Mateo y Alberto Barrios
Especial para
La Voz Católica
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“Nuestra Señora de la Caridad”, por Justo J. Rodríguez. Cortesía
de Justo J. Rodríguez |
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En
nuestra experiencia de vida, se dan hallazgos que resultan,
muchas veces, sorpresivos e inesperados. Se da, en ellos, una
relación profunda entre quien halla y lo hallado, puesto que
algo muy personal se mueve dentro, al producirse el encuentro.
Es como si la realidad descubierta hubiera sido anhelada y
buscada desde siempre, en lo profundo. El verdadero valor de lo
encontrado se verificará al pasar el tiempo, por lo importante
que se torna. Lo recordamos como una aparición que llegó a
cambiarnos la vida.
Hace sólo unos días celebramos la Fiesta de Nuestra Señora de la
Caridad en el estadio Miami Arena, como acto central en esta
ciudad. En diferentes comunidades se realizan también
celebraciones en torno a la fiesta. Millones de cubanos
estuvimos unidos por el mismo motivo, no sólo en Cuba, sino en
otras ciudades de los Estados Unidos como Nueva Jersey,
Washington, California, Houston, Tampa… En cualquier rincón del
mundo donde haya un cubano, se hace memoria viva de la Madre del
Amor.
Pero las celebraciones de la fiesta de Nuestra Señora de la
Caridad en estos últimos años, hasta el período de 2012-2013, se
revisten de un sentido especial, puesto que estamos dentro del
Novenario de Años que nos prepara a celebrar el cuarto
centenario de su aparición. Como nuestra fe es histórica,
creemos que la Reina del Amor tiene un cúmulo de Gracias para
este Aniversario. Un signo de ello lo podemos verificar en el
relato oficial sobre la aparición de la imagen, descubierto por
el Dr. Leví Marrero en el Archivo de Indias, de Sevilla. Su
difusión y estudio aportaron una fuente muy auténtica donde
beber la riqueza del significado evangélico que le sirve de
fondo.
El
declarante oficial resultó ser quien conocemos como “el Negrito
de la Caridad”, Juan Moreno, a sus 85 años. Tiene el relato todo
el encanto de lo natural y cotidiano, pero el hecho en sí dejó
una huella tan honda que marcó el desarrollo de la identidad
nacional cubana, actuando como fermento o levadura que
condimenta y orienta la vida del pueblo. Aquella mañana “los
tres Juanes” (dos esclavos indios y un esclavo negro) tuvieron
el privilegio de llevarla a Ella en su canoa y de ser recibidos
con admiración y alegría por todo el pueblo, incluidas sus
autoridades. Años más tarde, en el poblado de El Cobre que
albergaría de manera permanente la imagen de la Virgen, la ya
arraigada devoción a ésta impulsaría la primera liberación de un
grupo de esclavos en la historia de Cuba.
En
la Ciudad de Miami, la Virgen de la Caridad ha estado
particularmente presente en el desarrollo alcanzado a partir de
la década de los años 60. Podemos apreciar que imágenes de La
Caridad del Cobre se encuentran en la mayoría de los templos
católicos de la ciudad; las vemos también en múltiples negocios
(tiendas, restaurantes, salones de belleza, centros de salud),
en los jardines de las casas y hasta en los automóviles. Muchos
de los sacerdotes de nuestras parroquias son de origen cubano o
provienen de la expulsión de sacerdotes ocurrida en Cuba al
instaurarse el régimen comunista, pero atienden hoy a una grey
multicultural, integrada mayoritariamente por hombres y mujeres
que en esta ciudad han hallado a la Virgen de la Caridad, la
Virgen del Amor.
Y como corazón espiritual de esta gran ciudad de emigrantes
está, frente al mar, ese lugar tan especial, que guarda tantos
secretos de peticiones, promesas y devociones, y que conmueve a
todo peregrino: la Ermita de la Caridad. Desde allí, Ella es
Madre de todos los pueblos, representados por los devotos que
continuamente la visitan. La gran fiesta diocesana del 8 de
septiembre comienza con una procesión, donde le son ofrecidas a
la Virgen las banderas de muchos países, especialmente de habla
hispana.
Toda esta realidad en torno a María de la Caridad es un fenómeno
concreto, en el cual se verifica la afirmación hecha por el Papa
Juan Pablo II: “Cuba tiene un alma cristiana y eso la ha llevado
a tener una vocación universal” (Homilía en la Habana, 25 de
enero de 1998). El sufrimiento del pueblo cubano es traspasado
por una Luz cuando tomamos conciencia de que existe un Plan
Universal guiado por Dios. Toda la humanidad está bajo la mirada
del Padre cuando nos ha enviado a esta Madre de nombre tan
evangélico: Caridad. Y la nación cubana lleva en su
identidad –en su esencia– ese divino ingrediente, no sólo para
enorgullecerse, sino para responsabilizarse.
Es
necesario detenernos a redescubrirla. Ella es Reina y su poder
es incomparable, pues lo ejerce precisamente allí donde no
pueden regir otros poderes, ni siquiera los totalitarios: el
corazón humano. Es hora de preguntarnos quién controla nuestro
corazón: ¿El resentimiento? ¿Las heridas? ¿Los intereses
económicos? ¿Las urgencias exteriores? ¿La política? ¿Los miedos?
¿El preservar la propia imagen?… ¿O la Caridad? Cuando ésta no
Reina desde dentro de cada uno, otros dioses ocupan su lugar, lo
cual conduce al desequilibrio de la vida personal, familiar,
nacional y – mundial.
Ante el posible caos aparece Ella, serena e intacta de todo mal,
diciendo: “Yo soy la Virgen de la Caridad”. Detengámonos, pues,
y busquemos dentro de nosotros mismos, para aceptarla en cuanto
Ella es. Encontrémosla reinando en el mar de nuestras dudas,
trabajos, angustias y cansancios, para que, a la luz su Verdad,
podamos responderle con nuestra palabra y con nuestras obras:
“Yo soy tu hijo… ¿Qué quieres que haga?”
Sara Mateo es psicóloga clínica. Alberto Barrios es graduado en
teología y autor del libro Hallazgo en ti (2004), sobre la
aparición de la imagen de la Virgen de la Caridad.
mailto:Amense3@aol.com
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