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V O Z    D E L    A R Z O B I S P O

¿Dónde está Dios? ¿Dónde estaban ustedes?

Lo que sigue se basa en la homilía del Arzobispo Favalora en la Misa concelebrada el 4 de septiembre, en la Catedral St. Mary, para orar por las víctimas del huracán “Katrina”.

Mis queridos amigos:

Arzobispo John C. Favalora

Mis queridos amigos:

El lunes por la mañana, mientras el huracán “Katrina” azotaba la Costa del Golfo, mi secretaria recibió una llamada telefónica de un caballero que simplemente le dijo: “Pregúntele al arzobispo dónde estaba su Dios mientras todo esto estaba pasando”.

Pensé en esta pregunta durante largo rato. No es la primera vez que ha sido formulada. Lo fue después del huracán “Andrew”. Lo fue después del 11 de septiembre. Es la misma pregunta que se hacen las familias cada vez que la muerte las golpea. La que se hacen las personas cada vez que ven la devastación y el mal causados por el hombre en todo el mundo.

Es una pregunta pertinente, especialmente si a uno le importa realmente el darle respuesta. Durante la semana pasada, he pensado en esta pregunta largo tiempo.

La respuesta me la dieron las escrituras que hemos leído hoy, todas las cuales nos recuerdan que, efectivamente, somos responsables unos de otros: “Porque donde están dos o tres reunidos en Mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18: 20).

Durante toda la semana hemos visto ejemplos de esto en las pantallas de los televisores. Hemos visto a personas en situaciones desesperadas, haciendo cosas desesperadas. De repente, venía alguien que les alcanzaba una botella de agua, y la expresión de sus rostros cambiaba.

Anoche vi a una familia de Slidell en la televisión. Se habían reubicada en el sur de la Florida, con una familia que los recibió. La mujer dijo algo que se grabó en mi mente: “La gente ha sido tan buena… Nunca me había dado cuenta de que la gente podía ser tan buena”.

¿No es una vergüenza que tenga que ocurrir una crisis nacional para que esta mujer vea la bondad del prójimo, y para que el prójimo sea bueno con ella?

Cuando practicamos la bondad hacia los otros, los volvemos creyentes, porque esa bondad es la bondad de Dios actuando en nosotros.

El libro del Génesis nos dice que cada uno de nosotros ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Ese Dios que actúa en nosotros es el mismo Dios que se manifestará a quienes preguntan: ¿Dónde está Dios? Hacemos que Dios se manifieste a los demás cuando los tratamos como Dios los hubiera tratado.

Pero olvidamos esto, especialmente cuando no nos comportamos con los demás de la manera en que Dios se hubiera comportado con nosotros.

Por lo tanto, la respuesta apropiada a la pregunta de “dónde estaba Dios”, es que Dios siempre está presente, pero no siempre se manifiesta, simplemente porque no permitimos que ese Dios que está dentro de nosotros se haga visible.

Hay también una segunda pregunta, implícita en la primera. ¿Por qué permite Dios que estas cosas sucedan? Se trata de una pregunta de hondas implicaciones filosóficas. ¿Por qué existe el mal? La respuesta está en el libro de Job.

Todos conocemos la historia de Job. Era un hombre próspero y fiel a Dios. Pero Dios permitió que el mal lo sometiera a prueba, y Job perdió todo lo que poseía, su hogar y hasta su familia. De manera muy semejante a lo que les sucedió a nuestros hermanos de la Costa del Golfo, todo le fue arrebatado.

Sus amigos le dijeron que estaba siendo castigado por sus pecados personales (como algunos han pensado también en Nueva Orleáns). Pero Job no era más pecador que cualquier otro ser humano –de hecho, era un hombre muy bueno–, y no podía aceptar semejante explicación. Pero no renegó de Dios. A pesar de sus infortunios, Job nunca perdió su fe. Pero se sentía muy frustrado, y se dirigió a Dios, y le preguntó el porqué.

La respuesta de Dios fue: ¿Quién eres tú para preguntarme esto? ¿Acaso estabas presente cuando creé el universo, cuando hice correr los ríos y crecer los océanos, cuando levanté las montañas? Dios no dio explicaciones; simplemente, dijo: Yo sé lo que está ocurriendo. Yo concebí el mundo entero. Y así como me ocupo de la creación, me ocuparé de ti.

Y Job se arrepintió de sus pensamientos de rebeldía. Y recuperó todas sus bendiciones: una nueva prosperidad, un nuevo hogar, y toda una nueva familia, llena de hijos. Su famosa frase sobre aquella jornada de pérdida fue: “El Señor lo da, y el Señor lo quita”.

La historia de Job es la historia de la resurrección. Ésta es la esperanza que las víctimas de “Katrina” necesitan, y que las personas de fue pueden ofrecerles.

El Señor da. El Señor quita. Y el Señor devuelve de un modo diferente.

Tenemos necesidad de creer en esto. Tenemos necesidad de confiar en esto. Tenemos necesidad de poner nuestra atención en Dios, no en las muchas cosas en las que creemos en lugar de Dios.

Si tenemos esperanza y fe, entonces lo tenemos todo.

El Señor da. El Señor quita. Y el Señor devuelve de un modo diferente, de un modo tal vez mejor.