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90 Aniversario.

Con esta carta, hace 90 años, los mambises pidieron que se se hiciera ley de la Iglesia lo que ya era ley en el corazón de los cubanos:

A la Beatitud de Benedicto XV:

Los que suscribimos, hijos de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, a Vuestra Beatitud humildemente exponemos:

Que somos miembros unos y simpatizadores otros, del Ejército Libertador Cubano, título que constituye el timbre de nuestra mayor gloria y preciado honor, por sintetizar en él, el supremo bien de la libertad e independencia de nuestra Patria; que junto a este título ostentamos otro, que es el de pertenecer a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, en cuyo seno nacimos, al amparo de sus preceptos vivimos y de acuerdo con ellos queremos dejar de vivir; y esos títulos hacen que hoy, reunidos en la Villa del Cobre, en donde se encuentra el Santuario de la Santísima Virgen de la Caridad, y postrados reverentemente ante su altar, acordamos acudir a V.B. para que realice la más hermosa de nuestras esperanzas y la más justa de las aspiraciones del alma cubana, declarando Patrona de nuestra joven República a la Santísima Virgen de la Caridad del Cobre y de precepto para Cuba, el día que lleva su santísimo nombre (8 de septiembre).

No pudieron, ni los azares de la guerra, ni los trabajos para librar nuestra subsistencia apagar la fe y el amor de nuestro pueblo católico a la virgen venerada, y, antes al contrario, en el fragor de los combates y en las mayores vicisitudes de la vida, cuando más cercana estaba la muerte o más próxima la desesperación, surgió siempre como luz disipadora de todo peligro o como recio consuelo para nuestras almas la visión de esa Virgen cubana por excelencia, cubana por el origen de su devoción secular y cubana porque así la amaron nuestras madres inolvidables, así la bendicen nuestras amantes esposas, y así la han proclamado nuestros soldados, orando todos ante ella por la consecución de la victoria y por la paz de nuestros muertos inolvidables, y acusara una vergonzosa ingratitud por nuestra parte, el que a los beneficios que esa Virgen excelsa nos prodiga permaneciéramos inactivos y mudos y no levantamos nuestra voz ante el sucesor de San Pedro, para que haciéndose intérprete de los sentimientos del pueblo católico y de los de su Ejército Libertador, que profesan la religión de nuestros antepasados, usando de las facultades de que se encuentra investido, declare, previos los trámites correspondientes, como Patrona de Cuba a la Virgen de la Caridad del Cobre, y de fiesta eclesiástica en ella el día que lleva su Santo Nombre.

A Vuestra Beatitud suplicamos humildemente acceder benigno a nuestra solicitud. Villa del Cobre, 24 de septiembre de 1915.