“Cursillos de Cristiandad” convoca a encuentro para clausurar el
Año de la Eucaristía
P. José Santiago Matéu
Especial para La Voz Católica
El Papa Juan Pablo II nos dejó una contextualización de la fe
católica para cada uno de los pueblos que visitó en su misión
pastoral de veintiséis años. El mensaje universal de salvación
resonó con perfiles propios y encarnados en cada región.
También, por su escritura, recibimos documentos magisteriales,
catequesis y hasta libros.
Aunque, quizás, su más elocuente y clara enseñanza fue el modo
en que asumió el dolor, la enfermedad, el deterioro físico. El
hombre fornido y ágil que salió a la Plaza San Pedro al
finalizar el Cónclave de 1978, devino en anciano encorvado y
tembloroso que llegó, por tenacidad y fe, al año 2005 cumpliendo
su misión.
Pero nos dejó más, porque nos dejó encargos y tareas. En su
testamento nos pidió muy encarecidamente que volviéramos
nuestros ojos al Concilio Vaticano II.
Indiscutiblemente, el acontecimiento eclesial del siglo XX fue
el Concilio, y es bueno recordar que Juan Pablo II participó en
él como joven obispo.
El Movimiento “Cursillos de Cristiandad” de la Arquidiócesis,
cumpliendo otro encargo de Juan Pablo II, celebró con un
Encuentro Eucarístico, el pasado abril, el año de la Eucaristía
que él convocó. Allí reflexionamos acerca del camino de
preparación al Sacramento desde el Antiguo Testamento, y lo
celebramos en la Liturgia, en la adoración y también en la
procesión.
Los textos que el mismo Papa preparó y entregó sirvieron para
profundizar en el “sacramento de nuestra fe”.
Y ahora, para clausurar el Año de la Eucaristía, “Cursillos de
Cristiandad” vuelve a convocar a otro encuentro, los días 15 y
16 de octubre, en su Casa de Emaús.
En esta ocasión, el tema de las reflexiones va a ser,
precisamente, lo que nos encargó el papa en su testamento: el
Concilio Vaticano II.
Recordaremos cómo el Concilio se hizo acontecimiento por la
convocatoria de aquel papa elegido en 1958, Juan XXIII, que para
algunos era un papa de transición, pero infundió un espíritu de
renovación que enrumbó a la Iglesia por caminos de hoy.
El Concilio quedó en la historia como el espíritu que infundió
en la Iglesia Juan XXIII, pero también contiene el gran aporte
de Pablo VI, el papa que lo sucedió y al que le tocó guiar a la
Iglesia en los momentos de transformación y de la casi necesaria
crisis que trae consigo un acontecimiento que llegó hasta los
aspectos más profundos y medulares.
Pero al Concilio lo tenemos hoy, muy especialmente, en los
textos que se elaboraron y aprobaron, sobre todo en las cuatro
grandes Constituciones. En el encuentro de octubre las tendremos
como eje central del estudio y la reflexión.
La primera en orden de discusión y aprobación en aquel evento
conciliar es la Sacrosanctum Concilium, sobre la Sagrada
Liturgia. El carácter de esta Constitución es
dogmático-disciplinar, porque nos ofrece teoría y práctica sobre
ese aspecto tan importante, que es el modo en que la Iglesia
celebra su fe.
La Constitución dogmática Lumen Gentium nos presenta,
desde su capítulo primero, “el misterio de la Iglesia”, y
destaca de modo muy especial la participación laical en tal
misterio.
La Constitución Dei Verbum es también de carácter
dogmático, y nos muestra la intención de Dios de revelarse a los
hombres en la historia por medio de ellos mismos.
La cuarta Constitución, la Gaudium et Spes, con un tono
eminentemente pastoral, presenta a la Iglesia en el mundo
actual.
Otros documentos emanados del Concilio Vaticano II son los
Decretos. Éstos no tienen la solemnidad ni la organicidad de las
Constituciones, pues su objetivo es dar orientaciones y
motivaciones para el actuar de la Iglesia en determinados
aspectos y áreas.
De los nueve decretos hemos escogido los que pueden ser de más
directo interés para la acción misionera laical.
Primero el Apostolicam Actuositatem, sobre el apostolado
de los laicos. Después Ad Gentes, sobre la actividad
misionera de la Iglesia. Por último el Inter Mirifica,
sobre los medios de comunicación social.
Nuestro encuentro de octubre será de nuevo un acontecimiento que
se motiva y se realiza desde la Eucaristía; por eso tendremos la
adoración durante todo el tiempo del evento, la tradicional
bendición con el Santísimo y cada día la celebración solemne de
la Misa.
La asistencia a las conferencias y a cada uno de los momentos
del Encuentro Eucarístico no se limita a los cursillistas, sino
a todos los miembros del Pueblo de Dios que lo deseen.
Se hace una especial invitación a los miembros de los demás
movimientos apostólicos de la Arquidiócesis.
“Cursillos de Cristiandad” hace esta propuesta de reflexión,
estudio y oración como un servicio a la Iglesia en el sur de la
Florida.
Hay muchos años de presencia misionera en esta región.
Precisamente por esta fecha estamos celebrando los treinta años
de organización e integración laical de movimientos apostólicos
en nuestra arquidiócesis. Por tal motivo debe ser más calurosa
la presencia laical en la adoración ante el Señor, que se hace
Eucaristía para nosotros.
Y la reflexión sobre el Concilio en los principales momentos del
Encuentro, nos servirá como alimento para continuar con la
misión evangelizadora “mar adentro”
Director Espiritual de “Cursillos de Cristiandad” de la
Arquidiócesis de Miami.
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