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Tras el Dennis: Un ciclón de solidaridad.

Carlos Amador

Una imagen de la destrucción causada por el huracán “Dennis” en la Diócesis de Bayamo-Manzanillo.
Foto: Cortesía de En Comunión

En la noche del 7 al 8 de julio la diócesis de Bayamo-Manzanillo sufrió el azote de un ciclón fuerza 4 (de un máximo de 5 en la escala utilizada). Fueron afectados principalmente los municipios costeros de Pilón, Niquero y Media Luna.

Las anécdotas son espeluznantes: Una familia cuya casa se vino abajo salvó su vida milagrosamente al caer la armazón del techo de guano sobre el cabecero de la cama y con el techo sobre sus cabezas pasaron más de cinco horas. Otra familia de ancianos logró resistir detrás de una pared mientras el resto de la casa se derrumbaba en medio de la oscuridad reinante. Muchos pobladores de esta zona refieren que “nunca habían visto cosas igual”. Más de 100,000 personas y cerca de 41 mil viviendas fueron afectadas de algún modo.

Las pocas cosas de que disponían se han perdido o dañado irremisiblemente: muebles, colchones, ropa.

El propio viernes 8 el obispo diocesano, Mons. Dionisio García, recorrió la zona afectada a fin de acompañar y animar a sacerdotes, religiosas y fieles. Los voluntarios de Cáritas y muchos otros miembros de ministerios de las parroquias afectadas, comenzaron a visitar a las familias y a cuantificar los daños. Esas personas también eran damnificados pero como mencionaban muchos de ellos “tenían que darle una mano a los hermanos que estaban peor”.

Las cifras que siguen son un pálido reflejo de lo vivido:

  • La muerte de 13 personas en la provincia.

  • En la localidad de Cabo Cruz, Niquero, de 128 viviendas sólo 11 resistieron el paso del huracán.

  • En el municipio de Niquero resultaron dañadas o destruidas totalmente más de 9,000 viviendas (el 82 % del total).

  • En el municipio de Pilón de 8,300 viviendas la afectación fue del 96 %.

  • Las viviendas de Media Luna y Campechuela fueron dañadas en un 35% y un 25 % respectivamente.

En este momento comenzó a producirse “el milagro de las manos vacías”: a la oficina diocesana de Cáritas comenzaban a llegar llamadas: las parroquias que no habían sido afectadas, las Cáritas diocesanas de otras provincias,  muchos obispos cubanos, congregaciones religiosas, hermanos cubanos residentes fuera de Cuba, las organizaciones eclesiales de ayuda. La casa del Obispo y el edificio de la Curia diocesana se convirtieron en improvisados almacenes y centros de clasificación, embalaje y distribución.

Mons. García Ibáñez expresó así el espíritu de la Iglesia católica ante esta situación: “El dolor del hermano necesitado siempre ha encontrado oído receptivo en las comunidades cristianas. Tenemos que mirar la realidad. El propósito es llegar al mayor número de personas afectadas con nuestra presencia y ayuda. Pero sabemos que no podemos llegar a todos. Nuestra primera mirada se dirige, entonces, al prójimo, al más próximo, que son: los miembros de nuestras comunidades, las personas que ayudamos habitualmente, las personas cercanas, otros casos que se vayan descubriendo teniendo siempre en mente a los que viven en regiones apartadas o en situaciones tan particulares que se les hace difícil, en ocasiones, pedir ayuda. Se trata de, a partir de la realidad, detectar las necesidades y ser creativos a la hora de planificar las acciones; de actuar con rapidez y haciendo lo posible”

Todas las labores fueron coordinadas por los párrocos de cada lugar, los que se encargaron, junto a las religiosas y los laicos responsables de organizar los esfuerzos y de disponer con la Caritas diocesana las acciones a tomar.

Se organizaron comedores a fin de suministrar alimentos elaborados a algunas de las personas necesitadas en los primeros momentos de la etapa recuperativa.

La Pastoral Juvenil suspendió las tradicionales convivencias de verano y los jóvenes partieron a brindar su apoyo. En pequeños grupos, compartieron con los habitantes de barrios y caseríos. Con su presencia y escucha, animaron y llevaron un toque de esperanza en medio de la desolación. Ayudaron en lo que podían limpiando y desmantelando las casas destruidas y colaborando en la construcción de las facilidades temporales con los materiales salvados. Muchos de ellos tuvieron tiempo también de propiciar a los niños ratos de esparcimiento con juegos y cantos. “Fuimos capaces de salir de nosotros, de darnos a personas que nos necesitaban. Ya no somos los mismos” resumió uno de los jóvenes al ser interrogado sobre la experiencia vivida

Según informes oficiales se han reparado más de 7000 techos de viviendas. La estrategia que se sigue por las autoridades en la provincia, es de reparar primero las viviendas menos dañadas, ir creando facilidades temporales , y por último acometer la solución de los casos de derrumbe total.

Si el trabajo hasta hoy ha sido arduo, lo que falta por hacer impresiona por su magnitud. En estos momentos se trabaja a fin de acometer acciones que permitan devolver esperanza y deseos de vivir a estas personas, apoyarlos en sus necesidades y, juntos, caminar en pos del bien común. Lo vivido hasta hoy, con su carga de dolor y sufrimiento, nos ha tocado muy profundo y la respuesta de todos nos llena de esperanza.