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De Irlanda a Miami con amor
Instalación del nuevo Obispo Auxiliar, Mons John Noonan

Angelique Ruhi-López
La Voz Católica
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Diversos
momentos
de la instalación |
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Cuando Mons. John Noonan era un niño, su madre solía decirle que
nunca se pusiera el sombrero dentro de la iglesia. Ahora, como
nuevo Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Miami, puede
hacerlo.
Después de dos horas y medias de ceremonia, Mons. Noonan saludó
brevemente a la concurrencia, al concluir su instalación
episcopal en la Catedral St. Mary, el 24 de agosto, ocasión en
que dijo, en son de broma, que el convertirse en obispo le
permitía realizar algunos de sus sueños infantiles.
“Mamá me decía que no me pusiera nunca el sombrero dentro de la
iglesia”, declaró Mons. Noonan, cubierto con su nueva mitra y
portando su báculo. “Y ahora me han dado un bastón, de modo que
no sé si voy hacia atrás o hacia adelante”.
Muchos de lo primos y amigos del Obispo Noonan viajaron desde su
nativa Irlanda, así como de Canadá y de lugares de los Estados
Unidos, para asistir a la instalación del noveno obispo auxiliar
de Miami, un hombre que, según ellos, no ha cambiado desde que
era niño.
“En él hay algo muy especial”, dijo Gemma O’Grady, prima materna
de Mons. Noonan, que vino con su hija, Colette, desde Limerick,
Irlanda. “John es el mismo que era cuando niño. Nunca ha
cambiado y nunca cambiará. Es el hijo de todo el mundo”.
O’Grady se emocionó durante la ceremonia, y señaló que su primo
también estaba emocionado.
“Es la primera vez en mucho tiempo que lo veo emocionarse”, dijo
ella. “Los recuerdos que tengo de su madre y de la mía, me
hicieron llorar. Su madre era muy afectuosa. Acudíamos a ella en
busca de consejo. Tenía un amor increíble por todo el mundo. Y
él sigue sus pasos”.
“Lo mirábamos con mucho respeto desde que éramos más jóvenes”,
dijo Colette O’Grady. “Es generoso y afectuoso, y se relaciona
muy bien con todo el mundo, jóvenes y viejos. Trata a todos de
la misma manera”.
“Conocí a su madre. Sé que habría estado muy orgullosa de él”,
añadió entre lágrimas de emoción.
Entre Mons. Noonan y su madre había lazos muy especiales.
Peter Cussell, feligrés de St. Elizabeth of Hungary, en Pompano
Beach, conoció a Mons.
Noonan y a la madre de éste durante la primera asignación
sacerdotal del actual obispo en dicha parroquia, de 1983 a 1989.
“Margaret solía preparar un desayuno después de la Misa
dominical para quienes estábamos en la pastoral de música”, dijo
Cussell, que se convirtió del judaísmo al catolicismo después
que Mons. Noonan ofició en su boda con Theresa, su esposa, que
ha sido feligresa de St. Elizabeth of Hungary durante 41 años.
Noonan lo bautizó en la fe católica y, posteriormente, bautizó a
sus tres hijas.
“He sido católica toda mi vida, y nunca he conocido a un
sacerdote como él”, dijo Theresa Cussell, que llegó temprano a
la catedral con su esposo para encontrar buenos asientos para la
instalación. “Cuando uno está en su presencia, siente una gran
paz. Siento santidad cuando estoy con él. Es divertido, cálido y
optimista. Le hace sentir a uno que nada está mal en el mundo”.
Los Cussell dicen estar agradecidos por toda la atención y el
cuidado que Mons. Noonan les ha dispensado durante años. Cuando
el padre de Theresa Cussell se estaba muriendo, ella no hizo más
que dejarle un recado a Mons. Noonan para hacerle saber la
inminencia de su fallecimiento. Media hora después, explicó ella,
el sacerdote había acudido al hospital para darle a su padre la
unción de los enfermos y para orar con la familia. Cuando su
tercera hija, Lauren, nació con dificultades respiratorias hace
ocho años, Mons. Noonan fue al hospital en la misma tarde del
parto y llevó en una silla de ruedas a Theresa, agotada física y
emocionalmente, a la unidad de cuidados intensivos neonatales,
donde oró por la bebé y la bendijo.
“Vino a verme esa misma tarde, y me la bendijo. Pienso que por
ello es tan saludable en la actualidad”, dijo Theresa Cussell,
quien añadió que, hace dos años, su esposo telefoneó a Mons.
Noonan para comunicarle una preocupación, pero éste estaba
ocupado y dijo que le respondería más tarde. Esa noche, Mons.
Noonan se presentó ante su puerta sin avisarles.
“Ni siquiera sabía exactamente dónde vivíamos, pero vino. Se
confió a su memoria y recorrió todo el camino desde el seminario,
en Miami, hasta Deerfield Beach, donde vivimos nosotros”,
recordó Theresa Cussell. “En todas las ocasiones importantes de
mi vida, desde que soy adulta, ha estado presente. Nos responde
cada vez que lo necesitamos”.
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Gemma O’Grady y Mary Hanley, primas del Obispo Noonan venidas de
Irlanda, observan emocionadas la cedremonia. |
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Una racha de aire fresco
Mons. Noonan es tan estimado en la parroquia St. Rose of Lima,
donde fue párroco de 1993 a 1994, y donde actualmente concelebra
algunas de las Misas de fin de semana, que la directora de la
escuela, la Hna. Nancy Kindelan, IHM, cerró la escuela para que
los estudiantes y sus familias pudieran asistir a la instalación.
“Mons. Noonan ha formado parte de nuestra parroquia durante años”,
dijo la Hna. Kindelan. “Nos sentimos muy cercanos, muy
vinculados a nuestro nuevo obispo. Es muy agradable, amistoso,
cálido y acogedor; muy pastoral y muy afectuoso. La parroquia
está encantada de que se trate de alguien tan familiar para
nosotros. Es un privilegio conocerlo”.
“Representa una racha de aire fresco para nuestra iglesia, con
su sencillez y su humildad”, dijo la Hna. Virginia Michael,
maestra de quinto grado en St. Rose of Lima.
Danny Rubio, alumno de octavo grado de la misma escuela, quien
asistió a la ordenación episcopal con su familia, realiza
funciones ocasionales de monaguillo cuando Mons. Noonan
concelebra la Misa en St. Rose.
“Es divertido escucharlo. Sus homilías son buenas, y habla para
que los chicos puedan entenderlo”, señaló Rubio.
La habilidad de Mons. Noonan para comunicarse con diferentes
personas es un talento que según Leona Cooper, ex directora de
la Comisión de Defensa Social de la Arquidiócesis, le servirá de
mucho en su nueva misión.
“Lo veo como un obispo de toda la gente: anglos, hispanos,
afroamericanos, haitianos”, dijo Cooper, que ha conocido a Mons.
Noonan durante 15 años. “Es un obispo de amplio alcance, que
puede comunicarse con todos en la Arquidiócesis”.
Comunicar el mensaje de los Evangelios será, por supuesto, la
tarea principal de Mons. Noonan como obispo.
“Si por medio de tu prédica, de tu enseñanza, de tu experiencia,
de tu bondad, de tu perdón y de tu misericordia, puedes conducir
a la gente hacia Jesús, entonces Él hará el resto. Tu misión
apostólica consiste en llevar a Jesús a la gente, y a la gente a
Jesús”, dijo el Arzobispo John C. Favalora durante su homilía,
dirigiéndose al primer obispo nacido en Irlanda que ha habido en
Miami en 60 años.
El Hno. Edward van Merrienboer, O.P., ex decano académico del
Seminario St. John Vianney y residente actual de Chicago,
colaboró estrechamente con Mons. Noonan durante siete años. El
Hno. van Merrienboer dijo que admiraba el ejemplo y la gentileza
de Mons. Noonan, y que por nada del mundo hubiera dejado de
asistir a su instalación.
“John es un sacerdote destacado. Ama a Dios y al pueblo de Dios”,
dijo van Merrienboer. “Posee la sonrisa de un gnomo irlandés,
humildad, y la gracia de la hospitalidad. No es posible negarse
a su acogida, y estoy seguro de que los chicos a los cuales él
confirme, se sentirán acogidos por Cristo también”.
Al final de la ceremonia, el obispo recién instalado recibió la
misma cálida acogida que él da a otros cuando, precedido por los
Obispos Auxiliares Felipe J. Estévez y Agustín A. Román, hizo un
recorrido triunfal por la catedral y bendijo a toda la
concurrencia. Cuando pasó junto a los seis bancos ocupados por
los seminaristas, fue aclamado por éstos.
En la conferencia de prensa sostenida después de su instalación,
Mons. Noonan dijo que, aunque era consciente del entusiasmo de
la gente que lo aclamaba, trató de no enfocar en eso su atención.
“Traté de escuchar a mi propio corazón, más bien que a la gente.
Y mi corazón decía: ‘Gracias, Señor’; ¿‘por qué yo, Señor?’;
‘vengo a hacer Tu voluntad’”, declaró Mons. Noonan, quien añadió
que la presencia de su familia fue muy conmovedora para él.
Incluso personas que no tenían parentesco con el nuevo obispo,
se sintieron eufóricas por su instalación.
“No soy miembro de su familia, pero me siento como una Noonan
por adopción”, afirmó Theresa Cussell. “Este día resplandecerá
siempre en mi memoria”.
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Después de la instalación, el Obispo Auxiliar Felipe de J.
Estévez, El Obispoo Robert Lynch, de la Diócesis de St.
Petersburg, el recién instalado Obispo Auxiliar John Noonan, el
Arzobispo John C. Favalora, El Obispo Thomas Wensky, de la
Diócesis de Orlando, el Obispo Gerald M. Barbarito, de la
Diócesis de Palm Beach, y el Obispo Auxiliar Emérito Agustín
Román. |
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