Miami en la XX Jornada Mundial de la Juventud
Con 37 jóvenes de la Arquidiócesis de Miami y la Diócesis de
Palm Beach, salimos para Alemania el día 10 de agosto. Como
siempre, nuestro grupo era multicultural, con representantes de
casi todos los países de Hispanoamérica. Durante meses nos
habíamos preparado para ser terreno fértil de esta experiencia
de Iglesia, de peregrinación, de encuentro con Cristo.
Los primeros seis días los pasamos en la Diócesis de Munster,
compartiendo la vida de un pueblo pequeñito llamado Liesborn.
Allí nos repartimos de dos en dos y pudimos gustar y disfrutar
de todo el cariño y la acogida, de la sencillez y la generosidad
del pueblo alemán.
El último día fuimos a Berlín, ciudad señorial que lleva en sus
entrañas una larga historia de sufrimiento. Ante el muro de
Berlín recordamos a todos los pueblos que todavía esperan que
caigan “los muros” que les impiden vivir con dignidad y libertad.
Por fin, el 16 de agosto, llegamos –con miles de jóvenes– a
Colonia. Desde el primer día nos topamos con las exigencias de
nuestro ser de peregrinos: incertidumbre y largas caminatas, ya
que el eficiente sistema de tránsito de Colonia colapsó ante las
olas de peregrinos que invadieron trenes y buses.
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El
grupo juvenil de la Arquidiócesis de Miami y la Diócesis de Palm
Beach visita la parroquia de San Damián y San Cosme, en Liesborn.
Fotos:
Cortesía de la Hna. Ondina Cortés. |
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Acudimos con los participantes de habla inglesa a la catequesis
que se dio en el Bay Arena, donde cada día obispos de diferentes
países nos dieron un mensaje y después compartimos la liturgia.
El primer día, Tony Meléndez fue uno de los animadores del
encuentro. Tony es un talentoso músico que toca guitarra con sus
pies, ya que nació sin brazos. Tocó para Juan Pablo II en la
Jornada de Denver.
El jueves, los jóvenes se congregaron a lo largo del río Rin
para recibir al Papa Benedicto XVI,que los saludó desde un barco
que transportaba a representantes de todos los países. Fue
significativo que este sucesor de Pedro el Pescador, viniera a
nosotros por primera vez, también en una barca.
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La representación juvenil de la Arquidiócesis de Miami y la
Diócesis de Palm Beach, en la estación del ferrocarril,
despliega las banderas de sus países de origen. |
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Con su presencia y entusiasmo, los jóvenes expresaron al Papa su
acogida. El mundo, representado en todos estos jóvenes daba la
bienvenida al Papa a su propia tierra y le recordaba que ahora
él, como Papst (“Papa” en alemán) pertenecía a todos los
pueblos. En este primer discurso, el Papa les habló de cómo
ellos, al igual que los Reyes Magos (cuyos restos se creen
enterrados en la Catedral de Colonia) están en búsqueda: “¿Dónde
encuentro los criterios para mi vida? ¿Dónde, los criterios para
colaborar de modo responsable en la edificación del presente y
del futuro de nuestro mundo? ¿De quién puedo fiarme? ¿A quién
confiarme? ¿Dónde está aquél que puede darme la respuesta
satisfactoria a los anhelos del corazón?”, se preguntó.
“Plantearse dichas cuestiones”, respondió, “significa reconocer,
ante todo, que el camino no termina hasta que se ha encontrado a
Quien tiene el poder de instaurar el Reino universal de justicia
y paz, al que los hombres aspiran, aunque no lo sepan construir
por sí solos. Hacerse estas preguntas”, precisó, “significa
además buscar a Alguien que ni se engaña ni puede engañar, y que
por eso es capaz de ofrecer una certidumbre tan firme, que
merece la pena vivir por ella y, si fuera preciso, también morir
por ella”.
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Jóvenes enarbolan la bandera de los Estados Unidos. |
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Finalmente, los jóvenes acamparon en el Marienfield, o “Campo de
María”. El Papa les acompañó en esta vigilia y les invitó, como
lo había hecho Juan Pablo II tantas veces, a dirigir la mirada a
los hombres y mujeres que optaron radicalmente por Jesucristo y,
en medio de los sacrificios que supuso esa entrega, descubrieron,
viviendo en el amor, la verdadera alegría. “La revolución
verdadera”, les dijo, “consiste únicamente en mirar a Dios, que
es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor
eterno. Y, ¿qué puede salvarnos, si no es el amor?”
Al día siguiente, más de un millón de personas de casi 200
países del mundo celebraron juntas la Eucaristía, unidas en la
misma fe. El Papa les presentó una hermosa catequesis y les
invitó a ser adoradores del Dios verdadero, que se hace presente
en la Eucaristía.
Comienza ahora el tiempo de asimilar lo vivido, de profundizar
en los discursos escuchados en medio de la algarabía, a través
de la sintonía radial que nos los traducía a nuestra lengua. Que
el Señor nos dé fidelidad para responder a tantas gracias
recibidas durante esta XV Jornada Mundial de la Juventud.
Directora de la Oficina de Jóvenes de la Arquidiócesis de Miami
mailto:srondina@miamiarch.org
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