De
Nuestra Iglesia
Mercedes Ferrera
Angelo
Santiago
de Cuba
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Fotos:
Mons.
Arturo González, Obispo de Santa Clara, da la bienvenida a los
participantes del nuevo curso del Centro de Formación de Santa
Clara. Fotos: Cortesía de Mercedes Ferrera Angelo |
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Los centros de
formación en las arquidiócesis y diócesis cubanas son una
realidad querida y cuidada por toda nuestra Iglesia, no solo por
lo que significan para su propia vida, sino también por el amor,
los esfuerzos y sueños que entrañan y que los han llevado a ser
lo que son hoy.
Si se buscan los
antecedentes de estos espacios formativos hay que decir con
justicia que en cada lugar se intentaban diversas formas,
algunas de ellas novedosas, para dar posibles soluciones a la
necesidad siempre presente de formación, sin textos
actualizados, medios de reproducción y escasez de profesores. A
finales de la década de los 80 y con el impulso que propicio el
ENEC en todos los ámbitos de la vida eclesial, se comenzaron a
buscar modos de hacer, a fin de lograr mayor sistematicidad en
la formación, al tiempo que nos adentrábamos en los campos de
diferentes temáticas con visiones muy actualizadas, no sólo
desde el punto de vista de los contenidos, sino también por la
pedagogía con la que se presentaban los mismos. Un ejemplo fue
lo que hoy es el Instituto de Ciencias Religiosas “Padre Félix
Varela” de la arquidiócesis de La Habana y que en aquella época
funcionaba como Centro Interdiocesano de Formación.
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Encuentro del grupo de Bioética en los salones de la Parroquia
de La Pastora, en Santa Clara. |
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La arquidiócesis de
Santiago de Cuba, comenzó a trabajar en la creación de un
instituto de formación en 1989. La experiencia comenzó en el
Instituto Catequético que buscaba agrupar a los catequistas y
animadores de Pastoral Juvenil en un mismo empeño formativo. Se
trabajaba a partir de la experiencia adquirida por algunas
personas que venían haciendo un curso de catequesis con el
Instituto de Teología a Distancia (ITD) de Madrid.
En el año 1990, se
creó el Instituto Pérez Serantes, en ese primer momento, adjunto
al Instituto “Padre Félix Varela” de La Habana. Y no sólo para
catequistas, sino que la convocatoria se abrió a otros agentes
de pastoral. El siguiente paso no tardó en llegar, en 1993 el
Instituto Pérez Serantes se convertía en un centro asociado del
ITD, al servicio de la Arquidiócesis y un poco mas allá, pues su
curso de Historia de la Iglesia y Evangelización de la Iglesia
en Cuba se imparte en otras diócesis.
En 1993 surge en Pinar
del Río el Centro de Formación Cívica y Religiosa, que como
novedad, comienza en 1994 a editar una publicación del Centro,
la revista Vitral. Tiene a disposición de sus destinatarios 26
cursos semestrales. Además agrupa para su promoción y animación
a Economistas, Educadores, e interesados y estudiosos de
Computación. El Centro cuenta con un Aula de Música y atiende
una Consultoría Cívica que brinda orientación jurídica,
sicológica, ética y cívica. Cada uno de estos grupos publica un
boletín mensual.
Durante estos años son
muchos los que se han formado en nuestros Institutos. Sus
experiencias son válidas no sólo para los que se forman sino
también para los formadores, que también se han formado guiando
a sus hermanos en ese singular andar por las sendas del saber,
en los diferentes cursos y opciones de formación de estos
Centros.
Casi todos los Centros
de Formación están asociados al IITD (Instituto Internacional de
Teología a Distancia) de Madrid. Camagüey además, está adscripto
para los cursos básicos, al Centro de Formación Integral a
Distancia de Monterrey en México.
El Centro “Felicia
Pérez” de Santa Clara desarrolla además las Áreas Educativa y
de Bioética, dentro de la cual brinda la especialidad Experto
en Bioética junto a la Universidad Católica de Valencia “San
Vicente Mártir”. También cada verano imparte cursos
monotemáticos y lanza anualmente el Concurso “Fe y Vida hoy en
Cuba”.
Si fuéramos a sacar
alguna lección de todo este esfuerzo que en el área formativa
realiza la Iglesia en Cuba a través de sus Centros de
Formación, habría que decir que, con la Gracia de Dios, y a la
distancia de los años transcurridos, nos parece que lo realizado
supera nuestras fuerzas y nuestros recursos materiales.
Los protagonistas son
muchos, todos los que de una forma u otra hemos estado del lado
del optimismo para seguir adelante, con la fe puesta en Aquel
que no nos defrauda y las manos y el intelecto prestos para
darse.
Los esfuerzos por
hacer que los encuentros sean amenos y productivos; por realizar
los viajes, con todas las dificultades que entrañan, de los que,
desde lejos se empeñaron en comenzar y sobre todo en terminar; y
la búsqueda por parte de directores y profesores de lo que puede
ayudar a lograr las metas propuestas, no son méritos exclusivos
de un lugar o de otro, porque más allá de necesidades o
particularidades locales, esta siempre presente la intención de
hacer y hacerlo bien.
Nos toca desde el
camino ya recorrido, empeñarnos en buscar nuevas posibilidades
de servicio y continuar ayudando a los que se acercan a nuestros
centros a crecer como personas, vivir una fe adulta y ser
testigos de Cristo, para anunciar con sus vidas y sus palabras
la Buena Noticia de la Salvación en los distintos ambientes.
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