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Las coronas del Día de los Muertos

 

Una tradición de la religiosidad popular mexicana

 

María León / EFE

 

Una tradición que ha pasado de generación en generación entre familias mexicanas es colocar brillantes coronas y cruces de papel y flores en las tumbas de sus familiares fallecidos, como parte de las celebraciones del Día de Los Muertos. En la foto, la artesana Alma Alejandra Carrillo posa con una de sus creaciones. EFE/María León

Una tradición mexicana que ha pasado de generación en generación es colocar brillantes coronas y cruces de papel y flores en las tumbas de sus familiares fallecidos, como parte de la celebración del Día de los Muertos.

Debido a la proximidad con la frontera, muchos inmigrantes mexicanos que llegan a Estados Unidos no sólo traen consigo sus ganas de superación, sino también sus creencias y costumbres.

Para Alma Alejandra Carrillo, seguir con esta tradición es un verdadero orgullo.

La talentosa artista lleva doce años confeccionando las hermosas coronas que serán utilizadas para las celebraciones del Día de los Muertos o de los Santos Difuntos, como también es conocido, que se celebra popularmente el 1º y el 2 de noviembre.

Según los historiadores, las celebraciones del Día de los Muertos comenzaron en México en la época de los aztecas, cuando cada año se llevaba a cabo una gran fiesta durante el mes azteca conocido como “Miccailhuitontli”, en honor de la “diosa de los muertos”, llamada “Mictecacihuatl”.

Al ser conquistado México por los españoles, las tradiciones indígenas se fundieron con la religión católica, fusión en la que el Día de los Muertos de los aztecas conservó su sentido original, que es el de recordar y celebrar por un día la vida de aquellos que ya no se encuentran en este mundo.

Esta tradición se fue extendiendo poco a poco a otros países del centro y sur de Latinoamérica.

En ciudades como Nogales, Sonora (México), las tradiciones del Día de los Muertos son parte de todo un ritual que comienza en la noche del 1º de noviembre, cuando familias enteras acuden a los cementerios a limpiar las tumbas, prender veladoras y colocar las coloridas coronas de flores.

“El color depende del gusto del difunto”, dijo Carrillo, mientras trabajaba diestramente con sus manos.

Indicó que algunos de sus clientes escogen los colores dependiendo de si se trata de un hombre o de una mujer.

“Algunos me dicen que el color favorito de su mamá era el rojo; entonces, la corona la hacemos de color rojo”, dijo la artesana, que vive desde hace varios años en la ciudad de Tucson (Arizona).

Mientras colocaba los picos que adornarían una de sus decoraciones, Carrillo explicó que el proceso para hacer las coronas es un poco laborioso; requiere mucha paciencia y, sobre todo, contar con el material y los utensilios necesarios.

En las coronas se usan grandes moños de colores brillantes, papel de seda y flores de tela o de plástico.

Algunos de los colores más utilizados son el morado oscuro, el azul rey, el dorado y el rosa mexicano.

Sentada en la sala de su casa, Carrillo, que es originaria de la ciudad fronteriza de Nogales, Sonora, trabaja arduamente para cumplir con los muchos pedidos que le llegan. Cada corona cuesta $30.

Algunas de los hermosos adornos de brillantes colores son llevadas por familias mexicanas que viven en Arizona hasta panteones que se encuentran al otro lado de la frontera, mientras que otras son utilizadas para adornar los altares que se colocan dentro de los hogares.

Las coronas de flores artificiales han ido reemplazando paulatinamente a las flores naturales, no sólo porque a veces son más económicas, sino también porque duran más y corren menos riesgo de ser robadas.

En el cementerio de la ciudad fronteriza de Nogales es común ver a familias llevando platos de comida a las tumbas, “compartiendo” con sus muertos, como si se tratara de una reunión familiar.

“Algunas de las familias hasta llevan mariachis hasta las tumbas”, dijo Carrillo.