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No todo es oscuridad cuando se va la luz

 

Las compensaciones de “Wilma”

 

Ana Rodríguez-Soto

Toda mi vida me he considerado una optimista, el tipo de persona para la que el vaso siempre está medio lleno, nunca medio vacío. Pero esta forma mía de ver las cosas fue puesta a prueba por el huracán “Wilma”. Mientras escribo esto, todo mi vecindario está a oscuras. Hace una semana que nos tenemos que bañar con agua fría, cocinar con una Sterno y esperar en vano los camiones de la Florida Power and Light.

Y todavía me considero afortunada. Mis seres queridos están a salvo. Puedo ir a pie o en auto al supermercado cercano y comprar el hielo que necesito. Mi teléfono funciona y mis celulares tienen energía. No nos hemos quedado sin baterías, o alimentos, o gasolina, o dinero. Nuestra casa, excepto por unas pocas tejas y un gran destrozo en el jardín, está intacta, como nuestros autos.

De modo que tal vez “Wilma” no haya sido una gran prueba. Pero tengo la satisfacción de informarles que las duchas frías no han congelado mi optimismo. Todavía prefiero mirar el lado luminoso de las cosas, en vez de maldecir el oscuro.

Y he aquí mi lista de compensaciones por “Wilma”

  • Escuchar el canto de los pájaros en la mañana del huracán, señal de que ya se podía salir a inspeccionar los daños.

  • Colaborar con vecinos cuyos nombres aún no sabía, en despejar la calle de árboles y de ramas.

  • Tomar un descanso en dicha faena, para sorber un poco de café cubano acabado de hacer por otro vecino en su horno para asar, con “espumita” y todo.

  • Compartir la tarea de poner y de quitar los protectores de ventanas con mi hijo y mi hija adolescentes.

  • Dar una vuelta por la cuadra, sintiendo en la cara el aire fresco y el crujido de las hojas bajo los pies, imaginándome que estoy subiendo una cuesta en Yellowstone.

  • Ver a mi hijo de 16 años sentado sobre el suelo del patio, cocinando para toda la familia en una Sterno.

  • Pasarme las tardes jugando Yahtzee con mis hijos.

  • Dejar las ventanas abiertas por la noche.

  • Encontrar por fin una razón para usar el patio.

  • Compartir una comida italiana cocinada en casa de los vecinos, mientras comparto con ellos el lavado de una montaña de ropa.

  • Pasarme una gloriosa, luminosa y fresca mañana de viernes en el patio, jugando monopolio con mis hijos.

  • Que mis amigos vengan a traernos hielo, a pesar de que tampoco ellos tienen electricidad.

  • Ver a mi hija de 15 años encaramada en el techo con su padre, recogiendo las tejas rotas.

  • Darme cuenta de que es muy fácil ir a pie a lugares a los que antes iba en auto.

  • Sentir que me he casado con el hombre mas hábil del universo, cuando le oigo decir que nuestro suplemento de baterías es inagotable… Y que siempre se pueden volver a cargar.

  • Darme cuenta de que se puede vivir sin televisión.

  • Mirar hacia arriba por la noche, y ver que en el cielo hay estrellas.

  • Redescubrir, en suma, lo que es verdaderamente importante en la vida.

  • Tener el tiempo necesario para darle gracias a Dios por todas sus bendiciones, especialmente la más importante: la de tener familia y amigos.