La campaña de la Iglesia en Estados Unidos
para eliminar la pena capital
Mons. Felipe de Jesús Estévez
Obispo Auxiliar de Miami
Especial para La Voz Católica
Los
obispos de Estados Unidos notan con satisfacción que, en el
pasado, el 70 por ciento de los fieles estaba en favor de la
pena capital, pero que, en 2004, sólo un 48 por ciento estaba en
favor de ella, y atribuyen a las enseñanzas de la Iglesia la
razón principal de este cambio de actitud.
Basándose en el Catecismo de la Iglesia (# 2267), el Santo Padre
Juan Pablo II, en su encíclica El Evangelio de la Vida
(56), sencillamente afirma que las razones para ejecutar a un
preso son hoy “muy raras o prácticamente inexistentes”.
El
gesto mismo del Papa hacia el agresor que trató de quitarle la
vida, ha tenido un impacto mundial. Su visita al preso para
ofrecerle su perdón e invitarlo a la conversión, muestra la
doctrina de la Iglesia: que lo que se debe buscar es la
rehabilitación del malvado para que pueda cambiar de vida, a la
vez que se proteja a la sociedad del peligro de la violencia
hacia otras personas, manteniéndolo en la cárcel en cadena
perpetua.
En una valiente catequesis en el verano de 1989, el Cardenal
Jaime Ortega Alamino se identifica como el seguidor de un
condenado a muerte clavado en una cruz entre dos malhechores.
El
Cardenal presenta los argumentos en favor de la pena de muerte:
por retribución del delito cometido (“el que la hace la paga”) o
para utilizarla como un castigo ejemplar que intimide a otros. Y
muestra cómo aun los hechos estadísticos descartan tal
efectividad. Y concluye: “si se escruta el Evangelio y se
atiende a la sensibilidad actual de la humanidad, se inclinará,
naturalmente, por la no aceptación de esta pena, aun en casos
muy graves”. (Te basta Mi Gracia, p.71-73).
En
los Estados Unidos, más de 3,500 presos se encuentran en la
lista de espera para ser ejecutados. Los Estados de Texas,
California y La Florida son los de más numerosos condenados.
Recientemente, la Corte Suprema del país declaró
inconstitucional la ejecución de personas retardadas y de
quienes cometieron crímenes antes de cumplir 18 años de edad. Y
estableció que en todo juicio debe existir un jurado que examine
las causas.
Algunos notan que el sistema penal necesita una profunda
revisión, ya que el lugar del crimen, la raza de las víctimas y
del ofensor, y el costo y la calidad de la defensa, importan en
el dictamen final.
La
pastoral penitenciaria busca un perspectiva integradora, que dé
cuidado pastoral a las víctimas y a sus familiares, que procure
la rehabilitación de los presos y sus relaciones con sus
familias y sus comunidades, y que promueva un esfuerzo educador
en la sociedad, para que el sistema penitencial sea más humano y
justo.
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