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La relativa relatividad del Relativismo

 

Rogelio Zelada

Comenzado el curso escolar, una alumna argumentaba a su profesor de Moral que la materia que debían estudiar no tenía en la actualidad sentido alguno, ya que, como la ética era algo “relativo y personal”, nadie, en este caso el maestro, tenía derecho a imponer “valores absolutos” a otra persona.

Sin alterarse, el profesor propuso a la alumna aplicar a la clase sus personales “valores subjetivos y relativos”, y anunció: “desde este momento, todas las mujeres que están en esta aula tendrán que repetir el curso, pues están suspendidas”.

“Eso es injusto” reaccionó indignada la alumna.

“¿Qué es justo o injusto?” replicó el maestro; “si la justicia es para ti o para mí un valor diferente, yo no tengo derecho a imponerte mi concepto de justicia, pero tampoco tú puedes reclamar el tuyo. Sólo si existiera el valor universal de la justicia, común a ti y a mí, pudieras tú apelar a él para declarar injusto el que yo suspenda a todas las alumnas. Los valores absolutos existen sobre nosotros, no dependen de nuestros juicios y apreciaciones, porque no se trata de mi verdad o tu verdad, sino de la verdad”.

En la celebración eucarística, previa al cónclave que lo eligiera el 265º papa de la Iglesia Católica, el Cardenal Ratzinguer denunciaba como enorme peligro de los tiempos presentes la amenaza del relativismo, una moda que ha ido asentando en la sociedad actual una cosmovisión ética y filosófica que constituye “una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja sólo como medida última de todas las cosas al propio yo y sus apetencias”.

Para el entonces Cardenal Ratzinger, el relativismo ha venido a ser una nueva forma de intolerancia en la que “tener una fe clara según el credo de la Iglesia Católica” es calificado a menudo como fundamentalismo, de manera que todo aquel que se opone al relativismo es condenado como intransigente.

Desde la perspectiva del relativismo, nada es bueno ni es malo moralmente, sino que es lo que cada cual opina en este momento, o lo que las leyes o el consenso declaran como adecuado o conveniente. Los derechos o los juicios morales sobre la conducta humana, son utilitariamente concedidos desde el poder social, sin importar su grado de humanización o su relación con la verdad última del ser humano.

Ya Benedicto XVI lo veía venir cuando fue ordenado obispo en 1977: “en el mundo de hoy el argumento verdad ha desaparecido, porque parece demasiado grande para el hombre, y sin embargo, si no existe la verdad, todo se hunde”.

Hace algunas semanas, Eulogio López, editor del periódico digital Hispanidad, recogía en forma de decálogo una concisa síntesis de los postulados claves del relativismo, que voy a glosar brevemente.

1. “Nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. (Con este dogma aniquilador, el poeta español Ramón de Campoamor fue el precursor de esta mirada escéptica sobre la sociedad y el ser humano.)

2. “Se prohíbe prohibir”. (Pero entonces ya hay algo que queda prohibido: “prohibir”.)

3. “Todo es opinable”. (No existe la búsqueda de la verdad en sí; cada cual conforme con su idea, y punto.)

4. “No se aceptan los dogmas”. (Sobre todo si son los ajenos.)

5. “Mi pensamiento es libre”. (Aunque pienses como te dé la gana, dos y dos seguirán siempre siendo cuatro, y por mucho que se piense, no llegará a cinco)

6. “Toda idea, principio o creencia es tan respetable como cualquier otra”. (Pero la mía vale más y es acreedora del mayor de los respetos.)

7. “Eduquemos en libertad”. (Pero si el alumno puede elegir, muchos escogerán no educarse, ni hacer el menor esfuerzo para hacerlo. Un niño necesitará escuchar unas veces “sí” y otras tantas veces “no”, como sana preparación para la vida real.)

8. “No acepto aquello que no se pueda demostrar”. Todo lo que se puede demostrar no llega ni al 0.1% de los conocimientos humanos.

9. “Lo que se ve, existe; lo que no se ve, no existe” (¿Quien puede asegurar la certeza de lo que se percibe por los sentidos y de la realidad que lo rodea? Además, nadie puede colocar sobre una mesa el amor, ni el dolor, ni la belleza, ni la justicia. Nada de lo real-abstracto puede ser percibido por la vista.

10. “Nadie puede decir lo que está bien o lo que está mal”. (Sin embargo, si en algo se cree firmemente es en nuestras críticas –o en nuestras alabanzas– al prójimo, a la sociedad o a la suegra).

Para el relativismo no existe una ley natural fundamental, ni se puede distinguir lo que está bien de lo que está mal. Se hace imposible alcanzar el conocimiento de la verdad y su certeza, y por ello se rechaza toda afirmación dogmática y todo absoluto. Al negar la existencia de verdades universales comunes a todos, la verdad queda reducida a la simple opinión de cada cual.

En definitiva, el Cardenal Ratzinger demostró su buen ojo crítico cuando señaló que el relativismo es una enfermedad grave, corrosiva y desintegradora, “el más grande reto que enfrenta la sociedad actual”.

Miembro de la Facultad de Ministerios Laicos.
mailto:zelada@miamiarch.org