La relativa relatividad del Relativismo
Comenzado el curso escolar, una alumna argumentaba a su profesor
de Moral que la materia que debían estudiar no tenía en la
actualidad sentido alguno, ya que, como la ética era algo
“relativo y personal”, nadie, en este caso el maestro, tenía
derecho a imponer “valores absolutos” a otra persona.
Sin alterarse, el profesor propuso a la alumna aplicar a la
clase sus personales “valores subjetivos y relativos”, y anunció:
“desde este momento, todas las mujeres que están en esta aula
tendrán que repetir el curso, pues están suspendidas”.
“Eso es injusto” reaccionó indignada la alumna.
“¿Qué es justo o injusto?” replicó el maestro; “si la justicia
es para ti o para mí un valor diferente, yo no tengo derecho a
imponerte mi concepto de justicia, pero tampoco tú puedes
reclamar el tuyo. Sólo si existiera el valor universal de la
justicia, común a ti y a mí, pudieras tú apelar a él para
declarar injusto el que yo suspenda a todas las alumnas. Los
valores absolutos existen sobre nosotros, no dependen de
nuestros juicios y apreciaciones, porque no se trata de mi
verdad o tu verdad, sino de la verdad”.
En la celebración eucarística, previa al cónclave que lo
eligiera el 265º papa de la Iglesia Católica, el Cardenal
Ratzinguer denunciaba como enorme peligro de los tiempos
presentes la amenaza del relativismo, una moda que ha ido
asentando en la sociedad actual una cosmovisión ética y
filosófica que constituye “una dictadura del relativismo que no
reconoce nada como definitivo y que deja sólo como medida última
de todas las cosas al propio yo y sus apetencias”.
Para el entonces Cardenal Ratzinger, el relativismo ha venido a
ser una nueva forma de intolerancia en la que “tener una fe
clara según el credo de la Iglesia Católica” es calificado a
menudo como fundamentalismo, de manera que todo aquel que se
opone al relativismo es condenado como intransigente.
Desde la perspectiva del relativismo, nada es bueno ni es malo
moralmente, sino que es lo que cada cual opina en este momento,
o lo que las leyes o el consenso declaran como adecuado o
conveniente. Los derechos o los juicios morales sobre la
conducta humana, son utilitariamente concedidos desde el poder
social, sin importar su grado de humanización o su relación con
la verdad última del ser humano.
Ya Benedicto XVI lo veía venir cuando fue ordenado obispo en
1977: “en el mundo de hoy el argumento verdad ha
desaparecido, porque parece demasiado grande para el hombre, y
sin embargo, si no existe la verdad, todo se hunde”.
Hace algunas semanas, Eulogio López, editor del periódico
digital Hispanidad, recogía en forma de decálogo una
concisa síntesis de los postulados claves del relativismo, que
voy a glosar brevemente.
1. “Nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del
cristal con que se mira”. (Con este dogma aniquilador, el poeta
español Ramón de Campoamor fue el precursor de esta mirada
escéptica sobre la sociedad y el ser humano.)
2. “Se prohíbe prohibir”. (Pero entonces ya hay algo que queda
prohibido: “prohibir”.)
3. “Todo es opinable”. (No existe la búsqueda de la verdad en sí;
cada cual conforme con su idea, y punto.)
4. “No se aceptan los dogmas”. (Sobre todo si son los ajenos.)
5. “Mi pensamiento es libre”. (Aunque pienses como te dé la gana,
dos y dos seguirán siempre siendo cuatro, y por mucho que se
piense, no llegará a cinco)
6. “Toda idea, principio o creencia es tan respetable como
cualquier otra”. (Pero la mía vale más y es acreedora del mayor
de los respetos.)
7. “Eduquemos en libertad”. (Pero si el alumno puede elegir,
muchos escogerán no educarse, ni hacer el menor esfuerzo para
hacerlo. Un niño necesitará escuchar unas veces “sí” y otras
tantas veces “no”, como sana preparación para la vida real.)
8. “No acepto aquello que no se pueda demostrar”. Todo lo que se
puede demostrar no llega ni al 0.1% de los conocimientos humanos.
9. “Lo que se ve, existe; lo que no se ve, no existe” (¿Quien
puede asegurar la certeza de lo que se percibe por los sentidos
y de la realidad que lo rodea? Además, nadie puede colocar sobre
una mesa el amor, ni el dolor, ni la belleza, ni la justicia.
Nada de lo real-abstracto puede ser percibido por la vista.
10. “Nadie puede decir lo que está bien o lo que está mal”. (Sin
embargo, si en algo se cree firmemente es en nuestras críticas
–o en nuestras alabanzas– al prójimo, a la sociedad o a la
suegra).
Para el relativismo no existe una ley natural fundamental, ni se
puede distinguir lo que está bien de lo que está mal. Se hace
imposible alcanzar el conocimiento de la verdad y su certeza, y
por ello se rechaza toda afirmación dogmática y todo absoluto.
Al negar la existencia de verdades universales comunes a todos,
la verdad queda reducida a la simple opinión de cada cual.
En definitiva, el Cardenal Ratzinger demostró su buen ojo
crítico cuando señaló que el relativismo es una enfermedad
grave, corrosiva y desintegradora, “el más grande reto que
enfrenta la sociedad actual”.
Miembro de la Facultad de Ministerios Laicos.
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