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Un grupo de médicos y de enfermeras se adentra todas las semanas en el interior del desierto de Arizona para ofrecer sus servicios gratuitos a los inmigrantes indocumentados que se encuentran en peligro de muerte. Sarah Roberts, enfermera retirada, no olvida el día en que era un poco más de las 6:00 de la mañana en el desierto de Arizona y ya la temperatura se aproximaba a los 100 grados Fahrenheit, cuando un voluntario alcanzó a ver a lo lejos una mancha roja que se movía. Al acercarse, encontraron a un hombre tirado cerca de la carretera 86, quien a duras penas podía sostener su mano temblorosa en alto en un esfuerzo por llamar la atención del grupo. El inmigrante había sido abandonado por el “coyote” (traficante de indocumentados) cuando comenzó a quejarse de un fuerte dolor en el estómago. El hombre sólo tuvo fuerzas para arrastrarse y llegar hasta la carretera. “De inmediato le ofrecimos agua y comenzamos a darle primeros auxilios”, dijo Roberts sobre el inmigrante mexicano, que llevaba más de tres días caminando en el desierto, tomando agua sucia que encontraba en los bebederos utilizados por el ganado. Roberts recuerda constantemente la imagen de ese hombre, tratando de aferrarse a la vida, esa mañana del pasado mes de julio, cuando una ola de calor fue la responsable de la muerte de 68 inmigrantes indocumentados, solamente en ese mes. Con esfuerzo, los voluntarios subieron al hombre a un auto y de inmediato lo llevaron a la sala de emergencias de un hospital de Tucson, donde le proporcionaron los medicamentos necesarios para contrarrestar la severa deshidratación que sufría. Ésta es una de muchas historias del grupo de enfermeras y médicos voluntarios del grupo “No Más Muertes”. “Es una verdadera tragedia humana la que se vive en el desierto”, aseguró Norma Price, médica voluntaria. Price indicó que los inmigrantes tienen que soportar condiciones infrahumanas para soportar el intenso calor del desierto. “El agua que traen consigo nunca es suficiente para poder mantener la temperatura del cuerpo”, afirmó Price. Explicó que a sólo unas horas de estar expuesto a temperaturas de más de 110 grados, el cuerpo humano comienza a sufrir de deshidratación. “Si la temperatura supera los 110 grados, la temperatura del suelo es de más de 160 grados. Estos hombres, prácticamente, se están cocinando cuando, sin poder caminar, caen al suelo”, dijo. Al estar expuesto el cuerpo a tan altas temperaturas la sangre comienza a coagularse, lo que pude causar un serio daño a los riñones. “Estos niños –y les digo niños por que son jovencitos de 15 y 17 años– llegan a los hospitales con los riñones colapsados; algunos de ellos, si sobreviven, requerirán ser sometidos a diálisis para toda su vida”, enfatizó la doctora. De acuerdo con la Patrulla Fronteriza, al término del año fiscal 2005 se reportaron 262 inmigrantes indocumentados muertos en la frontera entre Arizona y México, nueve más que el año pasado. Aunque organizaciones pro-inmigrantes aseguran que la cifra real supera los 282 fallecimientos. “Estamos hablando de 282 hombres y mujeres como nosotros, cuyo único delito es buscar una mejor vida para sus familias”, dijo el Dr. Bob Carins, voluntario de “No Más Muertes”. Carins señaló que son muchas las emergencias que se presentan en el desierto. El grupo ha presenciado múltiples casos de mujeres embarazadas, mujeres que cargaban a sus hijos, personas incapacitadas, hombres y mujeres con torceduras de pies y dolorosas llagas. “Es nuestra obligación, como seres humanos, brindarles nuestra ayuda”, sostuvo el médico. Agregó que con el grupo de cuatro doctores y tres enfermeras se han unido a la campaña “La Ayuda Humanitaria No Es Ningún Delito”, iniciada por “No Más Muertes”, después de que a dos de sus miembros les presentaron cargos judiciales por transportar a tres inmigrantes indocumentados. “Como médicos, sabemos que a simple vista no se puede saber la condición de una persona: después de haber estado sometida a tan altas temperaturas es cuestión de vida o muerte que la persona sea llevada a un hospital”, concluyó Carins.
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