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Una vez más, los pobres son los más afectados

 

Caridades Católicas presta auxilio
por medio de iglesias y de centros de asistencia

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

Varios días después que huracán “Wilma” pasó por la Arquidiócesis de Miami, tres jóvenes feligreses ayudan a recoger las ramas y los árboles derribados por el ciclón en la parroquia y la escuela St.  Jerome, en Fort Lauderdale.
Cortesía de la Parroquia St. Jerome.

Los que más sufren en cualquier desastre natural son los pobres, y el huracán “Wilma” no fue una excepción.

Durante el primer día después del ciclón, los residentes de los dañados edificios de apartamentos de Liberty City y Fort Lauderdale recibieron la orden de empacar y salir de sus casas, impartida por funcionarios de la ciudad a quienes les preocupaba el posible derrumbe de los techos.

En Davie, en la zona central de Broward, el huracán “Wilma” devastó parques de casas móviles, dejando a más de mil familias sin hogar, hambrientas y con pocos recursos de recuperación.

Catholic Charities (Caridades Católicas) de la Arquidiócesis de Miami acudió en auxilio de los damnificados, proporcionando en primer término fondos a dos centros de asistencia afiliados a dos parroquias: HOPE Outreach Center, de Davie, y Sacred Heart Outreach Center, de Homestead.

Esta casa móvil de Davie estuvo entre las muchas destruidas por el huracán “Wilma” el 24 de octubre. Cortesía de Caridades Católicas.

“Hemos provisto [de dinero y alimentos] a nueve parroquias y a dos centros de asistencia”, dijo el Diácono Richard Turcotte, funcionario ejecutivo principal de Caridades Católicas, y veterano de las campañas de recuperación después de los cuatro huracanes que azotaron la Florida el año pasado, y de “Katrina” en el estado de Mississippi este año

“Este caso ha sido un poco distinto”, señaló Turcotte, porque el personal de Caridades Católicas no pudo distribuir la ayuda por sí mismo, ya que primero tuvo que evaluar los daños sufridos por sus propias instalaciones, realizar reparaciones de emergencia y recoger escombros para que sus oficinas pudieran estar en condiciones de funcionar.

El Diácono Turcotte dijo que el 98 por ciento de los programas de Caridades Católicas estaba en funcionamiento el 31 de octubre. Mientras tanto, la agencia se valió de las parroquias y los centros de asistencia como lugares de distribución.

Dichas parroquias incluyeron a San Isidro (Pompano Beach), Notre Dame d’Haiti (Miami) y St. Peter (Big Pine Key), según indicó Brian Stevens, director de la Oficina de Defensa Social de Caridades Católicas.

Stevens dijo que St. Claire’s Hospitality House, de Key West, también ha recibido algunos fondos para ofrecer asistencia monetaria, y Sacred Heart Outreach Center tiene a un trabajador social ocupándose a tiempo completo de las víctimas del huracán.

“Wilma” derribó un gran árbol sobre el techo de la Casa Nazareth, un antiguo convento y casa de retiros adyacentes a la parroquia St. Brendan, que se utiliza actualmente como centro pre-escolar.  Angelique Ruhi-López.

Los centros de asistencia pueden entregar donaciones de hasta $200 por familia, para ayudarles a pagar cuentas de utilidades o de alquileres atrasados, pero ese dinero se consume rápidamente, por lo que Caridades Católicas procura obtener donaciones adicionales de fuentes privadas y públicas.

“Nos estamos ocupando de todo el mundo a través de las parroquias que podemos utilizar”, explicó el Diácono Turcotte. “Nos sentimos optimistas de que podremos conseguir algunos fondos adicionales”.

“La devastación es abrumadora”, dijo Helen Shinners, directora ejecutiva de HOPE Outreach Center, que reabrió sus puertas el día siguiente al huracán. El personal, conjuntamente con voluntarios, entregó alimentos y agua a quienes no pudieron llegar a los sitios de distribución de la Cruz Roja.

“Parece como si hubieran dejado caer una bomba”, comentó Shinners, refiriéndose a los parques de casas móviles. “Esto es desgarrador, porque hay una severa escasez de viviendas económicas en Broward, y los parques de casas móviles son a veces la única opción para los ancianos que viven con ingresos fijos y los inmigrantes indocumentados que luchan por dar de comer a sus hijos”.

Las reservas de alimentos de HOPE se agotaron, pero han vuelto a llenarse gracias a donantes individuales y a instituciones asociadas, incluyendo a Caridades Católicas y al Committee Cordinating Council del Million Meals Committee, de Broward.

Sin embargo, Shinners espera que las provisiones se volverán a agotar rápidamente, debido a la gran cantidad de familias necesitadas de asistencia.

La Hna. Germana Sala, miembro de la congregación de St. Joseph Cottolengo y coordinadora del programa de HOPE, dijo que el centro se concentraría en ayudar a los ancianos incapacitados y a las familias que no sean elegibles para recibir ayuda de FEMA o la Cruz Roja.

“Lo que nos hace falta con la mayor urgencia son las contribuciones financieras para ayudar a pagar cuentas de utilidades, medicinas y otros gastos de primera necesidad”, señaló la Hna. Sala. “Muchas de estas familias no pueden reubicarse, pues carecen de medios de transporte y tienen que vivir cerca de sus centros de trabajo. Por lo tanto, también hacen falta materiales de construcción para reparar las viviendas”.

El mayor problema siguiente es encontrar viviendas para los desplazados, especialmente los que estaban en viviendas de bajos ingresos en Liberty City.

“Muchos de ellos están viviendo dentro de sus autos, y de noche ocurren tiroteos y otros muchos problemas”, explicó Rachel Ramjattan, coordinadora del programa de la Oficina de Defensa Social de Caridades Católicas.

FEMA podría proporcionar alojamiento, pero las casas móviles podrían estar ubicadas 50 millas al sur en el área de Homestead.

“No tienen manera de llegar a sus trabajos y de llevar a sus hijos a la escuela”, dijo Ramjattan.

El Diácono Turcotte dijo que los funcionarios del gobierno “no están seguros de cómo van a manejar este flujo de gente con necesidad de alojamiento” en un mercado donde las viviendas económicas ya eran escasas antes de “Wilma”.

“En estos momentos estamos tratando de encontrar apartamentos y propietarios que estén dispuestos a admitir a inquilinos sobre la base de un alquiler renovable de semana en semana”, señaló Turcotte.

En el condado de Miami-Dade, un grupo de organizaciones de justicia social y de defensores de los pobres dio una conferencia de prensa el 3 de noviembre, para exponer diversas vías que permitirían a los gobiernos locales aliviar la carga que pesa sobre las personas que perdieron sus viviendas a causa de “Wilma”.

Los grupos incluyeron al Miami Workers Center y al Power U Center for Social Change, que funcionan con fondos de la Catholic Campaign for Human Development (Campaña Católica por el Desarrollo Humano), la Oficina de Defensa Social de Caridades Católicas y el Center for Peace and Justice (Centro por la Paz y la Justicia) de la Universidad St.Thomas.

Estos grupos apremiaron a los bancos y a las instituciones prestamistas a declarar una moratoria en los procesos de cancelaciones hipotecarias (foreclosures), y a que se creara un fondo de recuperación económica administrado localmente para ayudar a la gente con el pago de sus viviendas, la pérdida de sus ingresos, el desempleo temporal y las necesidades de transporte.

Los grupos sugirieron que los fondos provengan de FEMA, de los impuestos estatales sobre las compras motivadas por la inminencia del huracán, y de los ingresos excedentes de la ciudad de Miami generados por los impuestos sobre la urbanización.

“Es imprescindible que actuemos, que nos unamos a favor de los marginados de la sociedad”, dijo la Hna. Sala, de HOPE. “Mucha gente se está quedando abandonada. Nuestra fe nos obliga a responder”.

 

¿Cómo ayudar?
 
Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Miami está aceptando donaciones en efectivo para las víctimas del huracán “Wilma”. Las donaciones pueden enviarse a: Catholic Charities, 9401 Biscayne Blvd., Miami, FL 33138. Favor de especificar en la línea de memo:
“Huracán Wilma”.