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Las Bienaventuranzas y el mundo de los negocios

 

Jaime Padro
Especial para La Voz Católica

¿Qué tienen que ver las Bienaventuranzas (Mateo 5, 1-12) con los negocios? Mucho. En el mundo empresarial hace falta más cristianismo. Toda empresa o negocio necesita la fuerza transformadora de Dios. La Iglesia nos enseña que el laico tiene una labor o vocación única de transformar su ambiente secular, incluyendo el trabajo, con valores cristianos. Y, ¿qué mejor que poder hacerlo aplicando las bienaventuranzas al mundo empresarial? Muchas compañías ya lo están haciendo. Veamos cómo.

  • Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Debemos mirar más allá del propio interés egoísta y pensar más en los demás y en la corporación. En nuestras empresas tenemos que ser pacientes, y analizar los retos desde diferentes perspectivas, y no sólo desde la perspectiva del yo.

  • Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Es preciso ser sensitivos con nuestros compañeros de trabajo y clientes. En esto está la clave de cualquier éxito empresarial duradero. Esto se aplica tanto a la Iglesia como al trabajo.

  • Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Hay que estar comprometidos con los valores de la organización de la que somos parte. Éstos pueden ser el servicio a los demás, la realización profesional de los empleados, o proveer un ambiente productivo. Dichos valores deben estar bien definidos para que una organización sea efectiva.

  • Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Es necesario ser productivos, pro-activos, en vez de re-activos. Muchas veces se critica y no se resuelve, esperando que otro lo haga. Si existe un reto, el enfoque debe estar en resolverlo. Esa actitud y la acción reparadora son obras de misericordia que Dios bendice.

  • Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Pensamos en la honestidad. En su libro Winning, Jack Welch escribe que el secreto más sucio del mundo corporativo es la falta de honestidad. El cristiano lucha contra esto siendo honesto. Es necesario predicar la honestidad en el trabajo, como decía San Francisco de Asís, con palabras Y, si es necesario, con obras.

  • Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Reflexionamos en el trabajo efectivo en equipo. Sus miembros tienen que respetarse y trazarse metas y responsabilidades claras y que se puedan medir. Con una visión clara y definida, se crea un equipo con armonía productiva.

  • Bienaventurados los perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos pertenece el Reino de los cielos. Esta bienaventuranza puede extenderse al papel de la empleomanía, cuando se reconoce, promueve y celebra con frecuencia el talento de los demás. Esto es labor de todo empleador y de todo empleado, sin importar el nivel de responsabilidad que se tenga en la empresa. Reconocer con frecuencia a los demás las cosas positivas que tienen o hacen es crucial; ello edifica y motiva al éxito.

  • Bienaventurados serán cuando sean perseguidos y cuando los calumnien por mi causa, porque ellos tendrán recompensa en el cielo. A partir de esta Bienaventuranza podemos meditar en los valores morales como norma de acción en los negocios, y en la necesidad de la excelencia en los productos o servicios ofrecidos, siempre con Dios en la mente, encarando las críticas y los obstáculos con convicción y valentía cristianas.

La proyección práctica de las Bienaventuranzas en el crecimiento tanto personal como empresarial puede dar mucho fruto, para nosotros y para los demás, y contribuir a la imprescindible mejora del mundo en que vivimos.

Consultor/Liderazgo Personal y Organizacional
http://www.jpenter.com/