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San Alberto Hurtado conquista devotos en Miami

 

Profesores, padres y estudiantes
comparten el emocionado recuerdo de su canonización

Angelique Ruhi-López
La Voz Católica

 

“Alberto Hurtado es un santo de tiempos modernos, y un ejemplo perfecto de fidelidad y discipulado. Era alguien que entendió el sentido de servicio y que inspira a los jóvenes a estar unidos en corazón y mente con los pobres, los abandonados y aquellos que necesitan apoyo.” – Angie Fernández, profesora del Colegio de Belén

 En la madrugada del 23 de octubre, más de 50,000 personas acudieron a la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, para ser testigos de la primera ceremonia de canonización del pontificado del Papa Benedicto XVI, en la que el pontífice proclamó santos a cinco beatos, entre ellos el sacerdote chileno Alberto Hurtado Cruchaga, S.J. Aproximadamente 7,000 de los asistentes a la canonización eran chilenos. Pero entre quienes estaban allí, “contentos, Señor, contentos” por la canonización de este hombre santo, había 62 visitantes de Miami: jesuitas, miembros de la facultad y alumnos de la secundaria Belén Jesuit Preparatory School y sus familiares, que viajaron a Roma para asistir a este evento histórico.

“Lo que sentí en la Plaza de San Pedro ese día era algo muy especial”, indicó Laura Del Río Pérez, que fue a la canonización con sus hijos David y Daniel, estudiantes de Belén, y que conoció al cirujano de Chile que comprobó el segundo milagro del P. Hurtado para ser nombrado santo. “La multitud de personas, la emoción de todos los presentes: niños, gente anciana, gente enferma. Sentí mucha paz y armonía, y mucha fe. Fue una celebración muy emotiva”, señaló Del Río.

“Al principio de este año escolar, me inscribí para este viaje sólo para ir a Roma”, explicó Alexis Fernández, alumno del onceavo grado en Belén. “Pero cuando el Papa llegó a la canonización, pensé: ‘Estoy viviendo la historia en este momento’. Cuando sea mayor y celebre la fiesta del P. Hurtado, voy a recordar haber estado allí cuando lo canonizaron. La canonización fue increíble. Fui al viaje sólo por ir a Roma, pero, al fin al cabo, la canonización fue lo mas me gustó”.

Fernández se siente tan conmovido por su experiencia y por sus estudios sobre el P. Hurtado (los estudiantes de Belén han visto películas sobre su vida y, en algunas clases, han leído sus cartas y realizado proyectos escolares sobre su vida), que ha decidido ir en el verano próximo a la República Dominicana como misionero, para ayudar a los pobres.

La lista de algunas de las obras de caridad y de las actividades que emprendió el P. Hurtado durante sus 51 años de vida, habla por sí mismo: autor del libro ¿Es Chile un país católico? (1941), y de otras obras, en las cuales hizo un llamado a mirar con honestidad la realidad social del país; asesor de la Acción Católica (1941), por medio de la cual invitó a los jóvenes a conocer a Cristo y a compartir Su ideal de vida; fundador del Hogar de Cristo (1944), actualmente la mayor institución caritativa de Chile y lugar de acogida y de educación para los marginados; fundador de la Acción Sindical Chilena (ASICH, 1948), que capacita a los trabajadores para que luchen por su dignidad; creador de la revista nacional Mensaje (1951), con el objetivo de evangelizar la cultura; y creador de una facultad de teología y de un nuevo noviciado para los jesuitas de Chile, además de ser director espiritual de muchos y frecuente director de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

“Alberto Hurtado es un santo de tiempos modernos, y un ejemplo perfecto de fidelidad y discipulado”, señaló Angie Fernández, profesora de teología en Belén que ayudó a organizar el viaje. “Era alguien que entendió el sentido de servicio y que inspira a los jóvenes a estar unidos en corazón y mente con los pobres, los abandonados y aquellos que necesitan apoyo”, precisó.

“Era un gran líder y muchas personas lo admiraban”, dijo Margaret Formoso, alumna de octavo grado de Carrollton School of the Sacred Heart, que asistió al evento con sus padres y su hermano, Christopher, alumno de Belén. “Era una gran persona, muy religioso, que sabía sus prioridades y sus metas. Básicamente, es una de las personas más increíbles de las que he oído hablar. Aunque acabo de cumplir 14 años, la canonización fue una de los eventos más extraordinarios que he experimentado en mi vida. No creo que nadie deba de perderse una canonización. Se lo voy a decir a mis hijos y mis nietos. Nunca lo olvidaré”.