También nosotros fuimos extranjeros
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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El 6 de enero celebramos la
fiesta de la Epifanía, una fiesta en que se conmemora el viaje
de los Magos a Belén, su búsqueda del Rey recién nacido y su
posterior adoración del Cristo niño.
Tal
como se narra en el Evangelio, este suceso fue un anuncio de la
venida del Hijo de Dios como salvador de todo el mundo, no sólo
de los israelitas. Fue una indicación de que la misericordia y
la generosidad de Dios no conocen fronteras.
No es
una coincidencia, por lo tanto, que la Iglesia Católica comience
su celebración anual de la Semana Nacional de la Inmigración en
la fiesta de la Epifanía. El objetivo es recordar a todas
aquellas personas que se encuentran “en tránsito” –como María,
José y el niño Jesús–, que se han visto obligadas a huir de su
patria por persecuciones políticas o religiosas, o por penurias
económicas.
La
Semana Nacional de la Inmigración es también la época de
regocijarse por las energías, las esperanzas y la refrescante
diversidad que los inmigrantes llevan consigo a sus nuevas
patrias. En efecto, los estadounidenses deben ser los primeros
en reconocer los dones que estos recién llegados traen a
nuestras costas, pues los antepasados de la gran mayoría de
nosotros vinieron de otras tierras.
Tristemente, con demasiada frecuencia dejamos de ser tan
generosos con los demás como Dios lo es con nosotros. En lugar
de sentir compasión por los inmigrantes, sentimos resentimiento.
Los culpamos de quitarnos nuestros empleos y de arruinar nuestro
estándar de vida. Exigimos que nuestro gobierno les cierre las
puertas en su propia cara.
Ésta
no debe ser la actitud de los cristianos. Nunca debe ser la
actitud de los católicos, cuyo mismo nombre significa
universal.
La
Iglesia enseña que debemos abrazar a los inmigrantes como el
propio Cristo abrazó al mundo. Y los obispos de los Estados
Unidos esperan reforzar esta enseñanza con su campaña “Justicia
para los Inmigrantes”, que iniciaron el año pasado.
El
propósito de esta campaña es educar a nuestros propios
feligreses, ayudarlos a separar los hechos de los mitos sobre
los inmigrantes, y llamarlos a mostrar solidaridad con quienes
han venido a nuestra tierra en busca de una vida mejor para
ellos y sus familias.
La
agencia arquidiocesana que ayuda a los inmigrantes, Catholic
Charities Legal Services (Servicios Legales de Caridades
Católicas), planea realizar varios eventos en los próximos meses
para destacar las contribuciones hechas por los inmigrantes a
nuestra comunidad del sur de la Florida. Uno de ellos es la
Marcha por la Justicia, programada para febrero.
Los
obispos estadounidenses también les piden a los católicos que
escriban a sus representantes en el Congreso en apoyo de la
propuesta de ley Secure America and Orderly Immigration Act de
2005. Ésta es una de las distintas propuestas para reformar la
ley sobre la inmigración presentadas recientemente ante el
Congreso. Consideramos que esta propuesta es la que mejor
refleja los principios para la reforma de la inmigración
establecidos sólidamente por los obispos, y cuya más reciente
exposición se encuentra en nuestra carta pastoral “Strangers No
Longer: Together on the Journey of Hope” (“Extranjeros nunca más:
Juntos en el viaje de la esperanza”).
Aunque
todo país tiene el derecho de controlar sus fronteras, el hecho
es que no podemos construir muros alrededor de nuestra nación o
de nosotros mismos. No podemos permitir que el miedo gobierne
nuestros pensamiento. La nuestra es una nación fundada y
conformada por inmigrantes. Los intereses de nuestro país, y los
de todos los que vivimos en él, reclaman una sólida reforma de
las leyes de inmigración.
José,
María y el Cristo niño fueron exiliados e inmigrantes en Egipto.
El libro del Éxodo ordena a los israelitas: “No molestaréis u
oprimiréis a un extranjero, pues también vosotros fuisteis
extranjeros en la tierra de Egipto”.
La
misericordia de Dios es abundante; su generosidad no conoce
fronteras. Como pueblo Suyo que somos, tenemos que actuar con el
mismo espíritu de generosidad hacia los otros. |