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La encíclica papal: un texto “erótico”

Febrero 14: Día de los enamorados

P. Eduardo M. Barrios, S.J.

La primera encíclica de S.S. Benedicto XVI, titulada Deus Caritas est, se divulgó a fines de enero.

No es un texto erotista, pues no rinde culto al “dios” Eros, pero sí es un texto “erótico”, es decir, sobre el amor: enseña que la atracción pasional está enraizada en la naturaleza humana, y por tanto es algo que viene del Creador.

El Papa pasa revista rápidamente a las diferentes expresiones del amor, pero deteniéndose en el amor entre hombre y mujer. Lo llama “arquetipo por excelencia, en el cual intervienen inseparablemente el cuerpo y el alma” (# 2).

Testimonian los enamorados que el flechazo hiere generalmente por el sentido de la vista. Las prendas físicas producen fascinación y atracción. El “herido” siente que ella lo haría feliz. A esa primera conmoción sigue luego el acercamiento y la conversación.

Con el trato, el enamorado puede descubrir que se dejó impresionar por una belleza huera; encuentra que a la muchacha le faltan valores y cualidades de orden superior. Ese descubrimiento puede llevar a desentenderse de ella, o también a continuar la relación en base al atractivo físico. En este segundo caso, la relación quedaría a nivel exclusivamente erótico; lo dominaría el deseo de la posesión física. Con eso se construye el amor sobre bases endebles, pues toda belleza corporal se marchita, como sucede con las flores.

Pero también puede ocurrir algo diferente. El enamorado descubre que, si bien la muchacha lo deslumbró inicialmente por sus cualidades físicas, ahora, con el trato, va encontrando en ella un mundo interior sumamente más rico. Si bella la percibía con la vista, más bella la percibe ahora que va conociendo sus pensamientos y sentimientos.

En esta situación, sin dejar de desearla, es decir, de sentir amor erótico hacia ella, amor también llamado posesivo o de concupiscencia, comienza a interesarse por el bien de ella. Ya no piensa solamente en “ella para mí”, sino también en “ella en sí misma”. Le desea todo el bien del mundo. Comienza a ocuparse y a preocuparse por su bienestar. Se siente enardecido a defenderla de quien sea, y se siente capaz de sacrificarse por ella hasta dar la vida (#6). Ese enamorado ha llegado a lo que el Papa, siguiendo el lenguaje del Nuevo Testamento, llama amor de agapé, término griego que designa al amor cristiano, también conocido como amor oblativo o amor de benevolencia.

Si el amor de él, que es al mismo tiempo pasional (eros) y desinteresado (agapé), encuentra correspondencia en la amada, entonces se entabla una sólida relación con vocación de matrimonio exitoso. El y ella se sienten el uno para el otro de manera exclusiva y definitiva. El verdadero amor de pareja elimina toda triangularidad y provisionalidad; sólo puede ser entre dos y para siempre.

La pareja se encamina a la felicidad cuando los dos no sólo se atraen, sino que desean vehementemente el bien del otro. En ese intercambio de dar y darse desinteresadamente, también se produce un recibir por parte y parte, algo esencial para un enlace feliz.

Muy oportuno resulta el texto papal en momentos en que la exaltación unilateral del eros lleva a reducir el amor de pareja a lo puramente sexual y biológico, sin el componente personal y espiritual.

La experiencia de casados que han perseverado hasta la muerte demuestra que el eros y el agapé pueden integrarse armoniosamente. En una recepción por bodas de oro, el “novio”, copa en mano y mirando hacia su veterana consorte, despertó la hilaridad de los presentes al brindar “por esta vieja mía que no cambio por ninguna supermodelo”.

NOTA: Por brevedad hemos escrito desde la perspectiva del enamorado, pero la enamorada puede adaptar la lectura.

 

Sacerdote jesuita
mailto:ebarriossj@aol.com