La Hna. Nancy Murray da vida a la vida de
Santa Catalina de Siena
Angelique Ruhi-López
La Voz Católica
La hermana dominica de Adrian Nancy Murray, O.P., no actúa en
las grandes películas de Hollywood como su hermano, el actor
Bill Murray, pero para aquellos que la ven infundir vida a Santa
Catalina de Siena en su espectáculo unipersonal sobre la vida de
dicha santa, su actuación enérgica podría ser digna de un premio
Oscar.
“La obra fue cómica, porque ella era la única persona y tuvo que
representar a Santa Catalina, a su madre y su padre, al
sacerdote, a los hermanos y hermanas, a todo el mundo”, expresó
Bianca López, de nueve años de edad y en el cuarto grado en la
escuela Our Lady of the Holy Rosary, donde la Hna. Murray
personificó a Santa Catalina de Siena el 15 de febrero.
“Involucró a la audiencia. Fue muy emocionante y agradable saber
que su hermano es Bill Murria”, señaló la estudiante. “Aprendí
mucho sobre Santa Catalina. Antes, sabía muy poco de ella. Supe
que no era una monja, pero la obra ayudó a explicar por qué se
vestía como una monja. Y aprendí que murió a los 33 años, la
misma edad a que murió Jesús”, añadió.
La Hna. Murray lleva su espectáculo unipersonal a través de los
Estados Unidos y el mundo, y durante su visita a la
Arquidiócesis en febrero, escenificó su obra en inglés y español
en la Parroquia Santa Catalina de Siena, de Miami, y en las
escuelas Archbishop Edward A. McCarthy High School, en Ft.
Lauderdale, y Our Lady of the Holy Rosary, en Perrine.
Pero antes de personificar a esta patrona de la orden dominica
del siglo XIV, la Hna. Murray desempeñó muchos papeles que la
han llevado a donde está hoy.
La Hna. Murray fue la tercera de nueve hijos y nació en
Wilmette, Illinois, en las afueras de Chicago. De niña,
participó en el teatro comunitario, pero, a los 18 años, decidió
entrar en la vida religiosa. Poco después de comenzar el
noviciado en las Dominicas de Adrian, Michigan, su padre, un
vendedor de madera aserrada que había estado en el seminario y
que fue quien más apoyó la vocación religiosa de su hija, murió
a los 46 años de edad. La entonces novicia Murray ofreció salir
del convento para ayudar a su familia, pero ellos la animaron a
que se quedara.
“En ese entonces, el noviciado era en silencio estricto, y mi
familia pensó que, de todas maneras, sólo duraría allí tres
semanas”, indicó la Hna. Murray.
La Hna. Murray aprendió español en el noviciado, cuando la
pusieron a cargo del lavado de la ropa, y tuvo que aprender a
hablarlo para comunicarse con las mujeres mexicanas que
trabajaban en la lavandería.
Después del noviciado, asistió a Barry University, en Miami
Shores, de donde se graduó en 1972 con un diploma en teatro, ya
que la actuación siempre fue una pasión para ella y su familia;
no sólo su hermano Bill, sino también sus hermanos Brian, John y
Joel son actores.
“En ese punto de mi vida, sólo había viajado de la estación
ferroviaria de Chicago a Adrian, Míchigan; poder ir a Miami fue
emocionante”, señaló la Hermana. “Soy la única en mi familia con
un diploma en actuación. Tengo el diploma, pero no me ha ayudado
con el salario”.
La Hna. Murray fue maestra de baile, drama y teología en Regina
Dominican High School, y enseñó en Loyola University Chicago, y
en un programa de entrenamiento para ejercer el ministerio en
Sudáfrica, antes de ser directora de servicios sociales y
ministro de la juventud en la Parroquia St. Sylvester, la mayor
parroquia latina de Chicago. En dicha parroquia, fundó “VIVA el
Teatro”, un programa de artes para los jóvenes y adolescentes.
Entre las actividades que desempeñó la Hermana con los jóvenes
de la parroquia –los cuales vivían en un azona de Chicago con
mucha violencia y pandillas– estuvo la de escribir unas
canciones de rap basadas en el Salmo 23 y los Hechos de
los Apóstoles, con el fin de contribuir a que la paz y la
espiritualidad sean llamativas para los jóvenes.
Cuando su maestra de drama, la Hna. Kathy Harkins, falleció hace
cinco años antes de poder hacer el papel de Santa Catalina de
Siena en un panel para la orden dominica, le pidieron a la Hna.
Murray que le reemplazara.
Su trabajo con los jóvenes y su personificación de Santa
Catalina tuvieron tanto éxito que llamaron la atención a la
priora, que le pidió que asumiera la dirección de vocaciones de
las Dominicas de Adrian. La Hna. Murray fue directora de
vocaciones por tres años, durante los que recibió muchas
solicitudes para desempeñar su espectáculo unipersonal en
parroquias, retiros y escuelas a través de los Estados Unidos.
Al terminar el desempeño de su cargo, la dirección de la orden
le pidió que viajara con su obra a tiempo completo para difundir
la vida de Santa Catalina por el mundo. La Hna. Murray ha “sido”
Santa Catalina en Asia y Europa, entre otros lugares, ya que la
representación de su obra sólo requiere de una mesa pequeña, una
silla, un crucifijo, un búcaro con flores diversas, una vela
grande y un vaso de agua; ella provee el hábito.
“SantaCatalina fue la última de 24 hijos, y en la obra vemos sus
luchas de adolescente, y los celos entre los hermanos y hermanas.
Éstas son cosas con las que los jóvenes se pueden identificar,
aunque hayan ocurrido en el siglo XIV. Son cosas que aún nos
dicen algo en el siglo XXI”.
“En la obra, trato de establecer un paralelo con lo que está
pasando hoy: cómo la guerra y los escándalos dentro de la
Iglesia influyen en nuestra sociedad, en aquel entonces y ahora…
La influencia de la peste bubónica, cuando una tercera parte de
Europa murió. Vemos que esto está pasando hoy, especialmente en
África, con el SIDA. La respuesta de Santa Catalina a estos
retos fue: ‘No puedes permanecer en silencio. Veo el mundo
arruinándose. Ámalos, sin esperar nada a cambio, excepto Mi amor.’
Los jóvenes ven la interpretación de la vida de esta santa, y
dicen: ‘Yo también puedo hacer eso’”.
Diferentes
momentos de la actuación de la Hna, Nancy Murray.
Fotos: Por Angelique Ruhi-López
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