Dejemos que el Amor hable por sí mismo
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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¡Cuán significativo
es que el tema de la primera encíclica del Papa Benedicto XVI
haya sido el amor, una palabra de la que tanto se abusa en
nuestra sociedad!
Ahora que acabamos de celebrar el Día de San Valentín, todos
estamos muy familiarizados con la connotación más popular de la
palabra amor: el romance, es decir, el muy humano y muy
natural amor entre el hombre y la mujer, llamado eros por
los griegos.
Este amor humano es tan poderoso como precioso, escribe el Papa,
porque puede llevarnos a “una felicidad que es, en sí misma, una
forma de gustar por anticipado de la divina”.
Pero el amor no se puede quedar sólo en eros. Debe
trascender lo estrictamente físico hacia algo más espiritual: el
ágape, otra palabra griega. El Papa describe el ágape
como “la noción bíblica del amor”, abierta al sacrificio y a la
entrega de uno mismo.
“El amor se convierte ahora en preocupación y cuidado por el
otro”, escribe el Papa. “Ya no es búsqueda para sí mismo, ni
anonadamiento en la ebriedad de la dicha; en vez de ello, es
buscar el bien de la persona amada: se convierte en renuncia y
en disposición –y hasta en voluntad– de sacrificio”.
Sabemos que las personas enamoradas se comportan de manera
diferente. Se consagran a la persona amada, sacrificando con
frecuencia sus propios deseos y necesidades para complacer a
quien aman.
Y es aquí donde el amor humano se entrecruza con el amor divino,
dice el Papa. Pues si –como escribe San Juan– “Dios es Amor”,
entonces ser cristiano “no es el resultado de una decisión ética
o de una idea elevada, sino del encuentro con un suceso, con una
persona, que da a la vida un nuevo horizonte y una dirección
decisiva”.
“Puesto que Dios primero nos amó a nosotros, el amor no es ya un
simple ‘mandamiento’; es la respuesta al don del amor con el que
Dios se acerca a nosotros… El amor que Dios derrama sobre
nosotros… tenemos, a nuestra vez, que compartirlo con los demás”.
Es aquí donde aparece lo que llamamos caritas, que es la
palabra latina que significa amor. Esta palabra expresa
una extensión del yo, un movimiento hacia el otro;
es decir, esencialmente, el amor al prójimo.
Los cristianos que experimentan verdaderamente el amor de Dios,
son “impulsados a amar” a su prójimo, escribe el Papa Benedicto
XVI. Es por esto que el ejercicio de la caridad, “como el
ministerio de la Palabra y de los sacramentos… ha sido parte
esencial de la misión [de la Iglesia] desde el principio”.
Les pido que tengan en mente las palabras del Papa cuando
analicen cuál va a ser su compromiso de donación para la campaña
2006 ArchBishop’s Charities and Development (ABCD). La
recaudación anual de ABCD es la forma en que la Iglesia Católica
del sur de la Florida da testimonio del Amor de Dios. Es una de
las formas en que los católicos locales demuestran su amor al
prójimo, que no es un simple mandamiento, sino la respuesta
natural a nuestro encuentro personal con el Amor de Dios.
¿Somos, como dice el Papa, “personas cuyos corazones ha
conquistado Cristo con su amor, despertando dentro de ellas el
amor al prójimo”?
Los pobres; los que no tienen hogar; los niños de los
vecindarios de pocos recursos, necesitados de una educación
católica de calidad; los jóvenes y los ancianos de los que se
ocupan nuestros ministerios pastorales, todos ellos tienen
necesidad de experimentar el Amor de Dios, y nosotros debemos
darles testimonio de ese Amor.
Como dice el Papa: “Un amor puro y generoso es el mejor
testimonio del Dios en el cual creemos, y por el cual somos
impulsados a amar. Un cristiano sabe cuándo es el momento de
hablar de Dios, y cuándo es mejor no decir nada y dejar que el
amor hable por sí mismo”.
Es hora, una vez más, de que los católicos del sur de la Florida
“dejen que el amor hable por sí mismo”.
En la tabla adjunta
se sugieren las cantidad apropiadas para el compromiso de
donación a ABCD, en dependencia de los ingresos familiares. |