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Celebración conmemorativa “A 20 años del ENEC”
 
(Encuentro Nacional Eclesial Cubano)

Ondina Menocal
Miami

 

Del 15 al 18 de febrero del 2006 se ha realizado en la Casa Sacerdotal “San Juan Ma. Vianney” de La Habana, una Celebración para conmemorar el XX Aniversario del ENEC. Junto a los miembros de la Conferencia Episcopal, los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos representando a todas las comunidades de la Iglesia en Cuba se reunieron: el  representante de Benedicto XVI; el Nuncio en Cuba de su Santidad  Mons. Luigi Bonazzi; y amigos invitados que durante estos años han manifestado de diversas maneras  su solidaridad con sus hermanos de la Iglesia en Cuba; El Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Miami, Mons. Felipe de Jesús Estévez, quien como  Rector del  Seminario San Vicente de Paul asistió al ENEC. También sorpresivamente, después de preparado el Programa para esta Celebración, el Vaticano anunció asistiría el  Cardenal Renato Martino, presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz que estuvo presente  “para ilustrar las líneas fundamentales de la enseñanza social católica, de acuerdo con el Compendio recientemente publicado en Roma”. Demostró su Santidad Benedicto XVI en su Mensaje personal, que continua los gestos de especial atención pastoral  hacia la Iglesia en Cuba, que caracterizó el pontificado  de Juan Pablo II hacia la Iglesia en Cuba y su identificación con la realidad a la que estaba expuesta.

El ambiente que caracterizo el ENEC se vivió de nuevo, representantes del clero y del laicado cubano mantuvieron  el diálogo de comunión y participación,  esenciales  en el testimonio de la misión reconciliadora de la Iglesia, que caracterizaron aquel gran acontecimiento, considerado como “uno de los momentos más importantes de la historia eclesial y cubana”. Que mostró entonces el rostro de una Iglesia fortalecida y enriquecida en la fragua del dolor, por haberse limitado su labor por 27 años a lo  intraeclesial, pero siempre aspirando a realizar su misión evangelizadora en la sociedad, como dijera Mons. Adolfo Rodríguez, en un magistral Discurso Inaugural: “La Iglesia en Cuba quiere ser misionera y quiere ser signo de comunión, entonces la Iglesia cubana tiene que ser necesariamente la Iglesia de la apertura, la Iglesia del diálogo, la Iglesia de la participación, la Iglesia de la mano extendida y de las puertas abiertas, la Iglesia del perdón, la Iglesia de la diaconía”.. La Iglesia que "lava los pies" como el Maestro (Jn. 13, 5), que "camina dos millas con el que le pide caminar una; que da el manto también al que le pide la túnica y que pone la mejilla izquierda al que le pega en la derecha" (Mt. 5, 39), es decir, la Iglesia que sale en esta vida siempre con algo inesperado: la serenidad, la comprensión, el amor”..

 Las dinámicas de grupo  facilitaron la evaluación de la acción pastoral en fidelidad a los objetivos trazados durante el ENEC: ser Iglesia orante, evangelizadora y encarnada y del ECO (diez años después) para promover la promoción humana, la formación y las comunidades vivas y dinámicas. La Celebración no fue nostalgia de pasado sino proyección para continuar con renovado espíritu, viviendo lo nuevos retos que presenta para la Iglesia la sociedad donde sirve. Fortalecidos espiritualmente por la Eucaristía diaria,  la Adoración del Santísimo y la oración se analizaron  los logros y las dificultades que han guiado el caminar misionero de la Iglesia en Cuba, y se consideraron las estrategias y retos para implementar el Nuevo Plan Pastoral, del nuevo quinquenio. Se podía sentir el entusiasmo y la disposición por responder a la invitación que hiciera Juan Pablo en el Nuevo Milenio: Remar Mar Adentro (Duc in Altum),  mirar al pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y proyectarse al futuro con esperanza. Esto se facilitó gracias a las magnificas presentaciones que hicieron varios Conferencistas.

 

CELEBRARON AL ESTILO DE JUAN PABLO II COMPROMETIDOS CON EL FUTURO...

El Santo Padre demostró particularmente durante las celebraciones del  V Centenario de la Evangelización (1983 –1992) y del Nuevo Milenio (1994-2000), que la  conmemoración de un acontecimiento eclesial, no era solamente  evocación de una fecha cronológica, sino sobre todo un Kairos (Momento de Gracia).  Un reclamo gozoso y solemne de la Gracia que se encuentra en la continua presencia sanadora y salvadora de Jesús, en el tiempo y en el espacio. El cumplimiento y la realización del mensaje gozoso de Dios a los pobres de cualquier época y nación, se concretiza cuando reinterpretemos el gesto profético de Jesús. Lc. 4, 17-21. Se experimenta una vivencia salifica, que llamamos conversión, se produce una experiencia comunitaria, que se vive en comunión y se descubre en la realidad cultural el compromiso de  solidaridad por construir la Nueva Civilización del Amor (Iglesia en América).
       Todo esto  enmarcado dentro de la conmemoración de un acontecimiento eclesial,  su “recordación” se proyecta como compromiso pastoral  hacia el futuro.  Miramos esta Celebración ”no como un punto de llegada sino de partida”.  La Celebración debe ser Proyecto, como nos dijera a los cubanos  el Santo Padre en la Universidad de la Habana y después al mundo al celebrar el Jubileo 2000 e iniciarse el Tercer Milenio del cristianismo... Pero para esto es necesario que tendamos una mirada a lo que ocurrió hace 20 años y los motivos más que suficientes para CELEBRARLO

 

VEMOS EL PROCESO DEL ENEC EN EL  MENSAJE DE
JUAN PABLO II

La cercanía del Papa polaco con la Iglesia cubana y su preocupación porque pudiera cumplir su misión de ser sacramento de Dios en la realidad de su pueblo, lo había acompañado durante todo su pontificado.

Así lo manifestó siempre en sus contactos con los Obispos Cubanos y lo demostró muy particularmente en el significativo Mensaje  enviado con el Cardenal Pironio al ENEC.

Podremos así valorar las etapas del proceso que se iniciara en 1979, después de la III Conferencia del CELAM en Puebla, con la presencia del recién elegido Papa. A su regreso Mons. Azcarate, el jesuita convertido en obispo auxiliar de la Habana, sugirió “un pueblita", una reflexión eclesial en que participara toda la Iglesia. Aunque al principio la idea fue considerada “una quijotada”, los obispos aceptaron que también la Iglesia en Cuba, después de un proceso de interiorización intraeclesial debería iniciar una reflexión nacional.

Este Proceso tenía dos grandes puntos de partida. En primer lugar, quería profundizar la naturaleza misma de la Iglesia en Cuba en su relación con la persona de Jesucristo y su mensaje de salvación. En segundo lugar, quería ser también un instrumento eficaz para servir mejor al pueblo cubano. Todo ello en el marco de la Iglesia que, al celebrar y proclamar su fe, se sintiera misionera, signo de comunión y encarnada en la realidad cubana

Por las limitaciones de espacio hemos decidido utilizar el propio Mensaje del Santo Padre como explicación del proceso del ENEC, enmarcamos en las coordenadas del marco histórico, el proceso que se inició con una Reflexión de 5 años desde las parroquias a las Diócesis (REC); recogido en un Documento de Trabajo; evaluado y discutido en el ENEC, y después puesto junto a sus Conclusiones con la Instrucción Pastoral de los Obispos de Cuba en un Documento Final.

Podemos sentir en este Mensaje toda la cercanía, conocimiento y atención pastoral que brindara a Cuba durante su largo pontificado Juan Pablo II, pero también descubriremos en sus propia palabras la razón para su esperanza   ante el “camino “ que se abría la Iglesia en la realidad social que se estaba viviendo en Cuba y su solidaridad para acompañarla con su propia experiencia.

  • Me alegra profundamente que el Señor Cardenal Eduardo Pironio lleve este Mensaje asegurándoos mi recuerdo constante y mi oración por vosotros.

  • Llega así, a su conclusión aquella reflexión eclesial que iniciada en el ámbito de las parroquias y a nivel diocesano, ha producido ya una consoladora renovación espiritual.

  • Los resultados de la encuesta y de las consultas llevadas a cabo, recogidos en el “Documento de Trabajo” que he examinado con atención, esperan recibir en estas jornadas una nueva profundización y un merecido reconocimiento, que den a la Iglesia en Cuba un renovado entusiasmo apostólico,

  • ...gracias a la fidelidad personal de los miembros del Pueblo de Dios y a su esfuerzo conjunto de evangelización.

  • Veo en este Encuentro un fruto significativo y concreto del Concilio Ecuménico Vaticano II, el cual, ha querido, en primer lugar, responder a las necesidades pastorales y, alimentando la llama de la caridad, se ha esforzado por ir al encuentro no sólo de los cristianos separados de la comunión de la Sede Apostólica, sino también de toda la familia humana.

  • ...en el logro de los objetivos específicos de este Encuentro Nacional Eclesial Cubano, os sostendrán la luz y la fuerza del Espíritu Santo; también seréis estimulados interiormente por la experiencia de la gracia, madurada a lo largo de años difíciles en la oración, en el sacrificio y en el abnegado compromiso de vida cristiana de numerosos católicos cubanos, testigos generosos de la palabra de Cristo y de la caridad del Padre. Estoy convencido de que en su ejemplo de fe, de servicio a la caridad y de edificante comunión eclesial, encontrareis inspiración para vuestro camino.

  • La presencia espiritual de María Santísima —que el pueblo cubano honra con el titulo de “Nuestra Señora de la Caridad del Cobre”— será para todos vosotros un testimonio elocuente del amor especial con que os ama el Señor. Confío este Encuentro a su protección maternal y le encomiendo, en mi ferviente plegaria, la perseverancia de cada uno de vosotros en el amor a su Hijo.

  • Para que lleguen a gozoso cumplimiento las esperanzas que hemos puesto en este Encuentro, y como prueba del afecto que siento por vosotros, imparto de corazón a todos los participantes y a la amada Iglesia cubana mi Bendición Apostólica.

ALEGREMONOS Y REGOCIJEMONOS CON EN  EL RECUERDO DEL PAPA

Hace apenas 8 años, en enero de 1988,  los ojos del mundo estuvieron puestos en Cuba siguiendo por 5 días la visita “tan deseada” según las  propias palabras del Pontífice que llegaba como “Mensajero del amor, de  la verdad y la esperanza”” para “animarlos en el empeño por poner su propio esfuerzo para alcanzar esas expectativas”.  Juan Pablo II recogía los frutos del ENEC sabía que podía invitar a que ”fueran los protagonistas de su propia historia personal y nacional”  porque en medio de sus dificultades la Iglesia se había comprometido durante el ENEC a cumplir su misión de ser sacramento de Dios en la realidad de su pueblo.

 

DESDE LA DIASPORA NOS RECONOCEMOS COMO UN SOLO PUEBLO

Hace 10 años tuvimos  el privilegio de representar a CRECED (Comunidades de Reflexión Cubana en la Diáspora) en el Encuentro Conmemorativo del ENEC (ECO). Hoy, 10 anos después, para  preparar este articulo he estudiado y meditado sobre este Acontecimiento del Espíritu que fue el ENEC.  Utilicé su Documento Final, publicado para la Diáspora y para una mayor distribución dentro de la Isla, con el beneplácito de la Iglesia en Cuba, por los Antiguos Miembros de la Federación de Acción Católica Cubana.  Muy significativo que se hayan celebrado en estos días lo 78 años de su fundación y que el espíritu de ese laicado  vive aun enarbolando la cruz y la estrella como símbolos de “una patria ferviente y dichosa”.

Recuerdo las muchas coincidencias que descubrí entre CRECED y el ENEC, habíamos experimentado la presencia de Dios, sabíamos que su Espíritu nos impulsa y nos guía a realizar la Misión que Jesús nos ha confiado.  Me he permitido revivir  lo que experimenté por compartir con nuestros hermanos en la Isla el eco del ENEC  “aquel Kairos cubano”, porque al comunicarles este  recuento, están compartiendo una vivencia de un  recuerdo que debemos hacer Proyecto. La riqueza de aquella experiencia eclesial marcada por el diálogo y la participación, nos recordaban  nuestra propia experiencia con CRECED.

 En definitiva nos reconocíamos como misioneros de la única Iglesia de Jesucristo que agarrados de nuestra Madre de la Caridad hemos transitado por diferentes caminos pero que sabemos Ella nos orienta hacia un destino común... para la reconciliación de nuestro pueblo.  El   recuerdo agradecido se hace Alabanza y Compromiso al exclamar  ¡El Señor ha estado Grande con su Pueblo y estamos Alegres!!!.