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El que no ama no ha conocido a Dios

 

P. Alfredo I. Hernández

Se dice que cuando estaba muy anciano el apóstol y evangelista San Juan, los cristianos de la comunidad que había establecido en Éfeso le pedían que les dijera más sobre lo que tenían que hacer. El les respondía, “Ámense los unos a los otros”. Oyendo siempre la misma respuesta, algunos de los cristianos le insistían al Discípulo Amado que les dijera algo más. El les respondió: “No hay más que decir. Si se aman los unos a los otros, ya lo han hecho todo”.

Poco más de 1,900 años después de la muerte del último sobreviviente de los apóstoles, todavía nos queda mucho por hacer, porque no hemos aprendido bien la lección de su mensaje. No hay crisis en el mundo de hoy que no tenga en su base la falta de amor, a Dios y al prójimo. Si buscamos las raíces de las guerras civiles que han dejado tantos muertos en África, en los Balcanes y en otras partes del mundo en los últimos años, ¿cómo no ver en su origen la falta de amor? Si queremos saber por qué tantos niños mueren de hambre todos los años, ¿cómo no reconocer que la causa se encuentra en políticas de los gobiernos y los negociantes, que ponen la prioridad en el bien propio sobre el amor a los más necesitados? Si queremos entender por qué se destruyen tantos matrimonios y familias hoy en día, ¿cómo no reconocer que muchos no saben cómo poner a los demás primero en nuestros corazones, aun a aquellos a quienes dicen que más quieren?

Para el cristiano, ese amor al prójimo se fundamenta en el hecho de hemos conocido al Dios que es Amor (cf. 1 Juan 4:8). Hemos conocido ese Amor en la persona de Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Hemos conocido ese Amor en su oferta de Sí mismo por nosotros, muriendo por nuestros pecados en la Cruz. Si “Dios es Amor”, entonces el mismo rostro de Jesús –ya sea el rostro del Niño en el pesebre, o el rostro del Crucificado, o el rostro glorioso del Resucitado– es el rostro de Dios, el Amor en persona.

Vivir en comunión con ese Dios que es Amor sólo es posible si nosotros mismos amamos. Dice textualmente el pasaje de la primera carta de San Juan, al que he hecho referencia: “El que no ama no ha conocido a Dios, pues Dios es Amor” (1 Juan 4:8). No podemos pretender conocer de verdad a Dio si no hemos aprendido a amar. Por eso parece muy razonable la insistencia de San Juan: “Ámense los unos a los otros”. Si logramos hacer esto, lo hemos hecho todo. Si no lo logramos, no hemos hecho nada.

Por lo tanto, es lógico que este tema del Amor de Dios y cómo lo hacemos visible en el mundo los cristianos, esté en el centro del papado de Benedicto XVI. El mismo Papa, en un discurso reciente, indicó que en su primera encíclica, Deus Caritas est, “los temas Dios, Cristo y Amor se funden juntos como guía central de la fe cristiana”.

La Encíclica ofrece una reflexión teológica sobre el significado del amor o la caridad, y luego aplica esta verdad teológica a los trabajos concretos de caridad de la Iglesia. En fin, no puede haber obra de caridad que merezca ese nombre, que no esté fundada en la Caridad, o el Amor, que es Dios.

Párroco de la Iglesia Santa Juliana, en la Diócesis de Palm Beach.
mailto:fralfredo@stjulianacatholicchurch.com

La versión original de este articulo se público el 13 de enero de 2006 en el periódico La Palma, de Palm Beach.