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Que
la sangre del sacerdote asesinado en Turquía
sea “semilla de esperanza”
Redacción / ACI / EFE
El Papa Benedicto XVI ha expresado su profundo pesar por el
asesinato del sacerdote italiano Andrea Santoro, ocurrido el
domingo 5 de febrero en Trabzon, Turquía, mientras rezaba en la
iglesia en la que acababa de celebrar Misa, y expresó su deseo
de que la “sangre derramada sea semilla de esperanza para
construir una auténtica fraternidad entre los pueblos”.
Según una testigo presencial, identificada como Loredana
Palmieri, voluntaria laica que ayudaba al misionero, éste fue
víctima de dos disparos de bala perpetrados por un hombre que,
mientras disparaba, gritó en árabe: “¡Alá es grande!”. El
sacerdote era un misionero de la familia espiritual de Charles
de Foucauld.
En un telegrama enviado al Cardenal Camillo Ruini, Vicario
General para la diócesis de Roma de la que don Andrea –de 60
años– era misionero fidei donum, el Santo Padre expresó
que eleva “oraciones fervientes de sufragio por el valiente
testigo del Evangelio de la caridad”.
Asimismo, el Pontífice impartió “de todo corazón la consoladora
bendición apostólica a los familiares, en particular, a la
anciana madre, tan dolorida, y a cuantos lloran su muerte
violenta”.
En otro telegrama dirigido al Obispo Luigi Padovese, Vicario
Apostólico de Anatolia (Turquía), Benedicto XVI destacó la
generosidad y la dedicación apostólicas con que el sacerdote
llevaba a cabo su ministerio “en favor del Evangelio y al
servicio de las personas necesitadas y marginadas”.
El Santo Padre expresó su “particular cercanía a esta comunidad
cristiana, reafirmando la firme condena de toda forma de
violencia”.
Al concluir la Audiencia General del miércoles 8 de febrero, el
Papa recordó al P. Andrea Santoro y pidió que el sacrificio de
su vida “contribuya a la causa del diálogo entre las religiones
y de la paz entre los pueblos”.
Tras referirse al misionero romano con estas palabras, las más
de ocho mil personas congregadas en el Aula Pablo VI rompieron
en un largo y caluroso aplauso. “Que el Señor acoja el alma de
este silencioso y valiente servidor del Evangelio”, añadió el
Papa.
Benedicto XVI señaló que, precisamente el 7 de febrero por la
tarde, le llegó “una preciosa carta” del P. Santoro, escrita el
31 de enero, junto a la pequeña comunidad cristiana de la
parroquia de Santa María. “Es un emocionante testimonio de amor
y de adhesión a Cristo y a su Iglesia. Pero, sobre todo, es el
espejo de su alma sacerdotal y de su compromiso por los más
abandonados”, señaló el Papa.
Además de esta carta, Benedicto XVI dijo que había recibido otra
de las mujeres de la parroquia donde servía el misionero, en la
que, aseguró, “me invitan a ir”. También esta misiva, concluyó,
es un testimonio “de entrega y de amor por Cristo”.
Este asesinato no detendrá a la Iglesia
“Con el sacrificio de Andrea Santoro, la Iglesia ha vuelto a
teñirse de rojo, el color de la sangre de sus mártires. Sucedió
siempre y volverá a suceder, pero no por eso la Iglesia se
detendrá”, declaró el Prefecto de la Congregación para la Causa
de los Santos, Cardenal José Saraiva Martins, tras el asesinato
del sacerdote en Turquía.
Al recibir la noticia del asesinato, el Vicario de la Diócesis
de Roma, Cardenal Camillo Ruini, declaró que este acontecimiento
constituye un nuevo eslabón de la “larga cadena de sacerdotes
romanos que han derramado su sangre por el Señor”, y aseguró que
la diócesis agradece a Dios por su “fúlgido testimonio, con la
humilde certeza de que de él nacerá nueva vida cristiana”.
La diócesis de Roma, a la que pertenecía el misionero asesinado,
emitió una declaración en la que asegura que todos los
feligreses romanos “que querían y estimaban intensamente a Don
Andrea (…), fuertemente impresionados por esta triste noticia,
elevan al Señor intensas oraciones por Don Andrea, por su
anciana madre, las hermanas y todos los familiares”.
“Don Andrea había deseado y pedido intensamente dejar Roma para
ir a Anatolia, para estar en aquella tierra como testigo
silencioso y orante de Jesucristo, en el respeto de las leyes
locales”, precisó el comunicado.
El portavoz de la Conferencia Episcopal Turca (CET), el P.
George Marovitch, indicó que el suceso “ha causado un profundo
dolor en la comunidad católica de Turquía, porque se trataba de
un hombre muy querido y respetado”.
“Estamos muy tristes y conmocionados por el asesinato de Don
Andrea”, señaló, y “seguimos recibiendo mensajes de pésame y
solidaridad de las autoridades civiles, de líderes de otras
confesiones cristianas y de religiosos musulmanes”.
El vocero de la Conferencia Episcopal Turca afirmó que los
cristianos de Turquía viven un momento de incertidumbre, pero
sin miedo.
Arrestan a presunto asesino
La policía turca arrestó el 7 de febrero a un joven de 16 años
por el asesinato del sacerdote Santoro. El menor admitió su
responsabilidad y confesó que había sido reclutado por un grupo
radical islámico para cometer el crimen, tras la publicación de
unas polémicas caricaturas del profeta Mahoma en varios
periódicos europeos, según reveló su abogada.
El adolescente fue capturado en la casa de unos familiares, en
el centro de la ciudad de Trabzon. En el momento del arresto, el
joven estaba armado con una pistola calibre 9 milímetros que,
según la agencia oficial de noticias turca, Anatolia, es la
misma que fue usada en el asesinato, de acuerdo con los análisis
practicados en el laboratorio.
Mahya Usta, abogada del detenido, aseguró que el joven,
estudiante de secundaria, le dijo que “cumplía la petición de un
grupo extremista que tiene sede en la ciudad de Trabzon”.
“Hay una organización islamista, cuyo nombre no me facilitó.
Este joven acudía a una casa donde se reunían miembros del grupo”,
afirmó Usta, e indicó que sólo asistió a los interrogatorios con
el presunto asesino, y que todavía no ha decidido si finalmente
ejercerá su defensa.
También explicó que esa organización convenció al joven de que
asesinara al sacerdote tras la publicación de las caricaturas de
Mahoma, al considerar que, “como es joven, tendrá una pena leve”.
Otras informaciones habían vinculado la muerte del sacerdote con
su trabajo misionero, un tema delicado en Turquía, y con una
posible venganza de mafias de prostitución, pues el párroco
ayudaba con frecuencia a prostitutas procedentes de los países
ex soviéticos, infiltradas normalmente en Turquía a través de
Trabzon.
Don
Andrea Santoro
El P. Santoro nació en Priverno, en 1945. Ordenado sacerdote
para la diócesis de Roma en 1970, ejerció su labor pastoral en
diversas comunidades parroquiales, y estuvo a la cabeza de las
parroquias de Jesús de Nazareth, en el Collatino, y de los
Santos Fabián y Venancio, en Appio Tuscolano.
En 2000, Don Andrea partió como misionero Fidei donum a
Turquía, y se estableció en Trabzon, junto al Mar Negro. Le fue
confiada la iglesia de Santa Maria Kilisesi. En el 2003 fundó la
asociación “Ventana para el Medio Oriente”, dedicada al estudio,
la oración y el diálogo para facilitar el encuentro entre el
mundo occidental y el Medio Oriente.
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