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Como velas encendidas

Benedicto XVI: Consagrados son centinelas que perciben
y anuncian el Reino de Dios

ACI / Redacción

Velas encendidas en el interior de la Catedral de San Juan Bautista, en Varsovia, durante el transcurso de la Liturgia de la Luz.
Fotos: EFE

Al presidir en la Basílica de San Pedro una Misa solemne por la Fiesta de la Presentación del Señor (2 de febrero) y la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el Papa Benedicto XVI aseguró que las personas que se han entregado por completo a Dios son “centinelas que perciben y anuncian” su Reino.

Ante miles de personas –especialmente consagrados– reunidas con velas encendidas en la basílica, el Papa señaló que este día es una “ocasión propicia para alabar a Dios y agradecerle por el invalorable regalo que la vida consagrada representa en sus distintas formas; al mismo tiempo es un incentivo para promover en todo el pueblo de Dios el conocimiento y la estima de aquellos que están totalmente consagrados a Dios”.

“En efecto, como la vida de Jesús, en su obediencia y dedicación al Padre, es la parábola viviente del Dios con nosotros, la concreta dedicación de las personas consagradas a Dios y sus hermanos se convierte en un signo elocuente de la presencia del Reino de Dios para el mundo de hoy”, indicó.

El Papa Benedicto XVI (izq.) durante la Liturgia de la Luz, en el Vaticano, el 22 de febrero. El Papa celebró una Misa en la Basílica de San Pedro con motivo de la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, día en que la Iglesia celebra la Jornada de la Vida Consagrada.

Según el Santo Padre, “su forma de vivir y trabajar les permite mostrar con plena fuerza que pertenecen completamente al único Señor; su completa entrega en la manos de Cristo y la Iglesia es un anuncio de la presencia de Dios, hecho fuerte y claro en un lenguaje que es comprensible aún para nuestros contemporáneos. Éste es el primer servicio que la vida consagrada rinde a la Iglesia y al mundo”

El Pontífice precisó que los consagrados son en el Pueblo de Dios como “centinelas que perciben y anuncian la nueva vida que ya está presente en la historia”.

Finalmente, pidió a los consagrados que “el Señor renueve cada día” en sus vidas “la gozosa respuesta a su amor libre y fiel. Queridos hermanos y hermanas, como velas encendidas, irradien siempre y en todo lugar el amor de Cristo, luz del mundo. Que la Santísima María, la Mujer consagrada, los ayude a vivir plenamente su especial vocación y misión en la Iglesia por la salvación del mundo”.

La fiesta de la Presentación del Señor (episodio narrado por San Lucas en el capítulo II de su Evangelio) es una celebración antiquísima de origen oriental. La Iglesia de Jerusalén la celebraba ya en el siglo IV. Se celebraba allí a los cuarenta días de la fiesta de la Epifanía, el 14 de febrero. Desde Jerusalén, la fiesta se propagó a otras iglesias de Oriente y de Occidente. En el siglo VII, si no antes, había sido introducida en Roma. Se asoció con esta fiesta una procesión de las candelas. La Iglesia romana celebraba la fiesta cuarenta días después de Navidad.

 

Unas monjas durante el transcurso de la Liturgia de la Luz, en la Catedral de San Juan Bautista, en Varsovia, Polonia, el 2 de febrero.

Vista del interior de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, durante la Liturgia de la Luz oficiada por el Papa
Benedicto XVI.