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Las trampas del ayuno

P. Eduardo M. Barrios, S.J.

Marzo se estrenó con el Miércoles de Ceniza. El día primero comenzó la principal estación penitencial de la Iglesia, la Cuaresma.

Característico de la santa cuarentena es la insistencia en el ayuno. El término admite diferentes acepciones, e incluso se presta a malentendidos. Conviene analizar su práctica y motivaciones.

1) Ayuno político. Con frecuencia se publican noticias de personas que protestan mediante el ayuno. Esa praxis se conoce como huelga de hambre. Generalmente la motivación religiosa no entra en consideración.

2) Ayuno terapéutico. Ante la disyuntiva de bajar de peso o morir prematuramente, hay quienes obedecen al galeno, sometiéndose al ayuno para deshacerse de las libritas sobrantes. Suele llamarse dieta, y aunque es laudable cuidar la salud, la motivación religiosa no figura en primer plano.

3) Ayuno ideológico. Hay personas que se privan de ciertas comidas, como, por ejemplo, de animales en peligro de extinción, o por protestar contra el maltrato que se les da en la forma de sacrificarlos. También hay quienes se guían por la ideología vegetariana o por consideraciones ecológicas a la hora de seleccionar alimentos. Tampoco es un ayuno necesariamente religioso.

4) Ayuno estético. Se distingue del terapéutico por la motivación. No importa tanto la salud cuanto la buena apariencia. Hoy en día se vive bajo la dictadura del look. Algunos –sobre todo algunas– se someten a tal ayuno o, mejor dicho, dieta, sólo por lucir cierto tipo de ropa. De más está aclarar que prevalece la vanidad como motivación.

5) Ayuno forzado. Muchos millones de seres humanos pasan hambre. Ayunan porque no tienen qué comer. Es una situación que parte el alma, y que exige solidaridad mundial para que a nadie le falte el alimento necesario. Ahora bien, por mucha compasión que inspire el hambriento, ayunar soñando con saciarse no es precisamente lo que predica la Cuaresma.

6) Seudoayunos. Abundan los falsos ayunos, como privarse de lo que a uno no le gusta. Es ridículo que el abstemio diga que no bebe alcohol en Cuaresma. El que nunca fuma tampoco puede gloriarse de no hacerlo en este tiempo. Lo mismo se diga de quien siempre prefiere las frutas a los dulces; que no rechace un pastelito so capa de penitencia.

Aquí podría añadirse el ayuno farisaico que fustiga Jesús en el Evangelio: “Cuando ayunen, no anden tristes como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que la gente vea que ayunan” (Mt. 6, 16).

7) El ayuno cuaresmal. Es un ayuno religioso que forma trío inseparable con la oración y la limosna. Tiene que practicarse libremente y con explícita referencia al amor de Dios y del prójimo.

Actualmente, la Iglesia Católica sólo prescribe dos días de ayuno al año: Miércoles de Ceniza y Viernes Santo. Por supuesto que no prohíbe que se haga más, así como también existe dispensa por razones de salud y edad. Esos días de ayuno no consisten en pasarse la jornada “en blanco”, sino en hacer una sola comida completa más un par de “tentempiés”.

También se mantiene la abstinencia de carne los viernes de Cuaresma. Una trampa muy verdadera consiste en sustituir la carne por suculentas delicias del mar, digamos Maine lobster & Jumbo shrimps (!)

Mediante el ayuno estomacal en Cuaresma, el cristiano hace espacio en su corazón para llenarse de lo único necesario, a lo teresiano: “Sólo Dios basta”. Con el ayuno se testimonia que “no sólo de pan vive el hombre” (Mt. 4,4).

El ayunar, en cuanto freno al consumismo y el hedonismo, siempre ha sido un medio para adquirir un mayor dominio sobre las pasiones y crecer en libertad interior.

La privación voluntaria estimula el agradecimiento a Dios por todo lo que tenemos, y la generosidad hacia el prójimo necesitado.

Lo que se ahorra en comida no vaya a la cuenta de ahorros, sino a ayudar a los más necesitados. Podríamos concluir con un slogan “rimoso”: “Ayunar para ayudar.”

 

Sacerdote jesuita
mailto:ebarriossj@aol.com