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La imagen mariana más antigua en los Estados Unidos
Cansado y sudoroso, el buen fraile detiene su cabalgadura para
contemplar en silencio el ancho y luminoso valle que el sol de
la mañana intenta desplegar ante su vista. Tres meses han pasado
desde que salió de la ciudad de México con su flamante
nombramiento de custodio de la Orden y delegado del Santo Oficio
para el reino y las misiones de Nuevo México. De mediana edad,
pero con juvenil entusiasmo, Fray Alonso de Benavides ha llegado
a Santa Fe con la encomienda de animar y apoyar el intenso
trabajo evangelizador que los franciscanos han ido desarrollando
entre los indios Pueblo.
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Catedral de San Francisco, en Santa Fe. Imagen de “La
Conquistadora”, instalada en 1692 por el general
Diego de
Vargas. |
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Los bueyes que tiran de las carretas han recorrido dos mil
millas a través de valles, montañas y desiertos llenos de indios
hostiles, siguiendo la mísera y áspera ruta que lleva el pomposo
nombre de Camino Real.
Es el invierno del Año de Dios de 1625, y en una de las carretas
Fray Alonso ha traído un encargo especial que le han hecho los
padres fundadores de la Villa. Cuidosamente embalada en una
fuerte caja de madera viene una hermosa imagen de la Santísima
Virgen, una delicada y devota talla en madera de sauce, dorada y
policromada, destinada a la Parroquia de la Asunción de Santa
Fe, villa y ciudad que desde 1610 es la capital del “Reino de
Nuevo México”.
Obra de un taller sevillano, la escultura de la Virgen, de
aproximadamente unas 30 pulgadas de alto, tiene un noble porte
sereno y suaves ojos azules que miran con dulzura y señorío.
A su llegada fue colocada en una modesta ermita de adobe, donde,
según la costumbre del siglo XVII, fue cubierta con lujosas
vestiduras, mantos, mantillas, peluca y corona imperial.
Entonces la invocaron como “Nuestra Señora de la Asunción”, pero
más tarde se convirtió en “La Inmaculada”, luego “Nuestra Señora
de la Paz” y “Nuestra Señora del Rosario”, pero de todos esos
títulos y advocaciones, el pueblo de Nuevo México escogió
llamarla finalmente “La Conquistadora”.
Es muy posible que este título proceda del tiempo de la guerra
contra el Islam que llevaron a cabo los Reyes Católicos, cuando
muchas advocaciones marianas fueron una importante fuente de
apoyo e inspiración en la reconquista de la península ibérica
para la fe católica.
En 1630, y bajo la constante amenaza de apaches y comanches, los
cincuenta padres franciscanos de Santa Fe atendían a más de
60,000 indios Pueblo, organizados en 90 comunidades indígenas,
cada una con su propio templo y escuela de misión.
Cincuenta años después, los ataques de los apaches trajeron la
destrucción de una docena de los más importantes asentamientos.
Entonces la terrible hambruna de 1690 provocó un alzamiento
general contra los colonizadores. La mitad de los franciscanos
fueron martirizados en sus puestos de misión; cientos de
españoles fueron pasados a cuchillo junto con indios conversos.
Tras dos días de lucha, los españoles tuvieron que abandonar la
ciudad que ya comenzaba a arder, y una mujer, cuyo esposo había
sido muerto durante la revuelta, entró en la iglesia y desafió
las llamas para salvar la imagen de la Virgen.
Junto con los sobrevivientes y un buen número de indios leales,
“La Conquistadora” marchó al exilio hasta el sitio donde hoy
está la ciudad de El Paso, cerca del desierto de Chihuahua.
Luego de trece años de guerra se firmó la capitulación y el
perdón de los rebeldes, y la imagen de “La Conquistadora” fue la
primera en regresar a Santa Fe, a la cabeza de una gran
procesión que recorrió las calles de una ciudad totalmente
destruida.
En 1718, la imagen de la Virgen fue trasladada finalmente a la
Capilla del Rosario, en el transepto de la nueva catedral
dedicada a San Francisco de Asís. Allí permanece, hasta el día
de hoy, en lo alto de un hermoso retablo tallado y pintado en
1809 por Pedro Antonio Fresques, el primer “santero” (escultor
de santos) nativo de Nuevo México.
La imagen fue solemnemente coronada por el Cardenal Francis
Spellman durante el Año Santo Mariano de 1954.
El 26 de junio de 1960, al cumplirse los 350 años de la
fundación de la ciudad de Santa Fe, Su Santidad Juan XXIII
decretó la coronación papal de la Reina y Patrona de todo Nuevo
México, y bendijo personalmente la corona que la Virgen ostenta
actualmente. Con ese gesto, el Santo Padre reconoció el cariño y
la devoción de los miles de fieles que han orado
ininterrumpidamente ante “Nuestra Señora la Conquistadora”, una
imagen que, con sus 380 años, es el signo mariano más antiguo y
constantemente venerado en todo lo que hoy día es el territorio
de los Estados Unidos de América.
Miembro de la Facultad de Ministerios Laicos
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