|
A Dios por el arte
La periodista Pilar Urbano preguntaba al guitarrista Narciso
Yepes: “¿A Dios le gusta su música?
“¡Le encanta!”, respondió. “Más que mi música, lo que le gusta
es que yo le dedique mi atención, mi sensibilidad, mi esfuerzo,
mi arte… Mi trabajo. Y, además, ciertamente, tocar un
instrumento lo mejor que uno sabe y consciente de la presencia
de Dios, es una forma maravillosa de rezar, de orar”.
A Dios le gustan la música, el canto, la pintura, y toda clase
de arte. Y también le gustan al ser humano. Una celebración sin
música, es una celebración sin vida.
El pueblo de Israel es un pueblo que alaba y da gracias a Dios
por todos sus bienes. “Todo Israel subía el Arca de la Alianza
de Yahvéh entre clamores y resonar de cuernos, trompetas y
címbalos, y haciendo sonar los salterios y las cítaras” (1 Cro.
15, 28). El libro de los Salmos es el libro de cantos de Israel,
y David es el cantor de los salmos de Israel. Cantar y tocar
para Dios fue para David expresión de alegría y amor. La alegría
es uno de los frutos del Espíritu, y es o tiene que ser una
virtud característica de los cristianos. “Lo contrario de un
pueblo cristiano es un pueblo triste, un pueblo de viejos”
(George Bernanós).
Jesús nació en un pueblo que sabía orar, y, como los judíos de
su tiempo, cantó el Hallel. San Pablo animaba a los
cristianos a orar con “salmos, himnos y cánticos inspirados”
(Col. 3, 16). Es buena la música para alabar a Dios. Cantar es
orar y el que canta “ora dos veces”, según afirma san Agustín.
Hay muchas oraciones que fueron compuestas para ser cantadas.
“Bienaventurado el pueblo que sabe cantarle al Señor” (S. 88,
16).
La música amansa a las fieras, arrastra, seduce. Santa Teresa
cantaba mal, según ella misma confiesa. Pero una simple canción
le extasiaba, como le pasó al oír cantar a la joven novicia Sor
Isabel. Y cuando San Juan de la Cruz escuchó la canción “Quién
no sabe de penas en este valle de dolores…”, se enterneció hasta
las lágrimas.
Lo que se aprende con el canto se graba más fácilmente en la
mente y en el corazón. El trabajo se hace más suave, el dolor
resulta más llevadero.
Lo mismo que decimos de la música, podemos afirmarlo de otras
artes. Hace pocos días estuve reunido con Gabriel Juárez, y
conversamos de todo un poco, pero, sobre todo, abordamos el tema
de “A Dios por el arte”. Este tema le apasiona a Gabriel, ya que
es artista por naturaleza y por dedicación. Este buen hombre
estuvo hablando sobre los nuevos proyectos que hay para este año
en el Centro de Espiritualidad Carmelita, y del contacto que ha
tenido con nuevos artistas en los últimos festivales de arte,
aquí en Miami: pintores, escultores y artesanos que serán
invitados, este año, a compartir en nuestra exposición de arte
“Entrega Total”.
Me decía Gabriel que el foco de este año, en la presentación de
“A Dios por el arte”, será la exposición de los artistas; no
habrá temas ni testimonios que compartir en un fórum, como en
años anteriores, sino, más bien, el contacto directo de los
artistas con el público, tratando de buscar una comunicación más
directa entre el expositor y la gente que asistirá a este
interesante evento, abriendo de esta manera una nueva fase en
este ministerio que promueve el arte, buscando la esencia
espiritual de la inspiración del artista.
Gabriel busca arduamente una forma específica de manifestar su
identidad como artista, ya que empezó como pintor y ahora se
dedica más a la escultura en piedra, mármol y granito, y está
preparando una obra en travertine, “Hasta la última gota
de sangre”, inspirada en la Crucifixión.
Hablar con Gabriel me inyectó una nueva fuerza para apoyar estos
proyectos de evangelización. Pues si usamos otros medios para
orar, para comunicarnos con Dios, ¿por qué no aprovecharnos del
poder de la música, del canto, de la pintura, la escultura y
toda clase de arte?
Creo que es bueno que nosotros, los católicos, apoyemos a todos
los artistas que nos comunican con sus obras la grandeza de Dios,
Su belleza y Su Amor.
Director del Centro deEspiritualidad Carmelita
mailto:eugona46@hotmail.com
|