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Ante el debate sobre inmigración, seguridad nacional y los
indocumentados
Guías Espirituales del Exilio Cubano
Los cristianos no podemos ser indiferentes ante el
intenso debate que se libra al presente, tanto en los niveles
legislativos, como en los medios de opinión pública, sobre los
temas de la inmigración, la presencia de indocumentados en la
nación y la seguridad de la misma. Comprometidos con la fe que nos
dice que todos los hombres y mujeres del mundo somos hijos del
mismo Padre Celestial, redimidos por la sangre del mismo Señor
Jesucristo y hermanos en el recíproco amor al que Él nos llama, no
podemos marginarnos de esos temas, que cargan en sí mismos tanto
de sufrimiento humano como de anhelos de justicia, y que tocan la
innegable necesidad de la prevención, en estos tiempos marcados
lamentablemente por la violencia y el terrorismo.
Una nación, para ser justa y ofrecer seguridad a
sus hijos, no puede dejarse llevar por reacciones histéricas que
no son producto del sentido común, sino del propio terror que se
trata de evitar. Sacrificar 1o justo y 1o sensato ante las
amenazas del terror equivaldría a ceder frente a los que 1o
utilizan para lograr sus fines, y tal cosa no iría en concordancia
con 1o que realmente son los Estados Unidos de América. La
atención de los encargados de proteger la nación debe centrarse en
las personas, los grupos y las organizaciones que ciertamente
conspiran contra ella, y no en aquellos que solamente buscan
mejores oportunidades de libertad y progreso para ellos y para sus
familias.
Es por eso que las políticas de inmigración deben
tener como objetivo prioritario facilitar la reunificación
familiar, algo en 1o cual el actual sistema ha demostrado gran
ineficiencia. Debe garantizarse también a toda persona, ciudadano
o inmigrante, el debido proceso legal que es piedra angular de
nuestro sistema de vida. Esto se hace imperativo en los casos de
los que solicitan asilo político o reconocimiento como refugiados,
a 1os cuales se les pondría en grave riesgo de ser devueltos a los
países cuyos sistemas políticos denuncian con el sólo hecho de
tratar de escapar de los mismos.
Parte primordial de cualquier reforma inmigratoria,
para que la misma sea justa y no agrave los problemas que ya
existen, debe ser el establecimiento de un sistema en el cual los
millones de indocumentados que ya viven en los Estados Unidos
puedan ganar su legalización permanente a través de requisitos
razonables, que no puedan ser interpretados como “premio” a su
entrada no autorizada al país, sino como una vía de enmienda y
reparación que beneficie a todos. Para estas personas, la mayor
parte de las cuales tiene ya raíces en este país, un status
temporal o un limbo legal no serían soluciones, como no lo serían
tampoco para el bien común y el progreso de la nación.
Así mismo, la creación de un programa de
trabajadores temporales extranjeros, debe acompañarse de medidas
que protejan a los trabajadores nacionales, así como a los que
vengan a trabajar a los Estados Unidos bajo dicho programa. Deben
aplicarse leyes para evitar la explotación laboral, así como todo
tipo de discriminación, y deben sustentarse en toda circunstancia,
en el principio de igual paga por igual trabajo.
Como guías espirituales de un pueblo en exilio,
podemos hablar de estos temas con directo conocimiento de causa.
Precisamente, porque conocemos el dolor de tener que dejar la
patria nativa en busca de mejores horizontes, sean estos políticos
o económicos, es que no podemos sustraernos a la solidaridad con
los que se ven en predicamento semejante al que nosotros hemos
vivido.
Por otra parte, y hablando en términos generales,
sería oportuno señalar el hecho bien reconocido de la exitosa
presencia de los cubanos en los Estados Unidos en el último medio
siglo, y los beneficios que esos triunfos personales y colectivos
han aportado a la bendita tierra que nos acoge, algo que
mencionamos humildemente. Estos triunfos y los beneficios de ellos
derivados no hubieran sido posibles sin las facilidades que
Estados Unidos nos brindó, desde los primeros tiempos de la
imposición del totalitarismo en Cuba, para poder vivir, trabajar,
establecernos y prosperar legalmente en estas tierras de libertad,
algo que nunca nos cansaremos de agradecer. Igualmente pudiera
ocurrir ahora con todos los beneficiados de la adecuada reforma
inmigratoria por la cual respetuosamente abogamos.
Exhortamos a todos los hombres y mujeres de buena
voluntad a apoyar esta justa causa. Rogamos a Dios que ilumine a
los encargados de legislar con justicia y que guarde siempre en su
amoroso cuidado a los Estados Unidos de América.
Guías Espirituales del Exilio Cubano
Miami, 4 de abril de 2006
Rev. Martín N. Añorga; Rev. Alberto Cutié; Rev. Aída M. Diego;
Rev. Rolando Espinosa; Rev. Leopoldo
Frade; Rev. Lenier Gallardo; Rev. Jacobo Gueribetey; Rev. Emilio
Hernández; Rev. Santiago Mateo; Rev. Daniel Medina; Rev. José Luis
Menéndez; Rev. Luis Pérez; Rev.
Marcos
A. Ramos; Rev.
Guillermo
A. Revuelta; Rev. Francisco Rodríguez; Rev. Agustín A. Román; Rev.
Manuel Salabarría; Rev. Onell Soto; Rev. Evelio Valdés;Rev. Emilio
Vallina. |