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La Iglesia en Cuba
Parroquias hermanas en nuevas comunidades
Araceli M. Cantero
Especial para La Voz Católica
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Mons. Alberto Giraldo, Arzobispo de Medellín, con colombianos
que sirven en Cuba. La religiosa a su derecha, es su hermana.
Fotos: Araceli M. Cantero Guibert |
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Buenavista,
Cienfuegos (Abril, 2006).- Debajo del sagrario de la Parroquia
de Nuestra Señora de Lourdes, en el Barrio de Buenavista, en
Cienfuegos, hay un cartel que pueden leer todos desde la puerta
del templo.
“¡Animo!”, dice el mensaje escrito con letras doradas, tomado
del escudo episcopal del entonces Obispo de Cienfuegos, Mons.
Emilio Aranguren. Es domingo y muchos niños llegan con sus
abuelitas, que en Cuba son en gran parte las responsables de
sembrar la fe en las generaciones que han nacido en la
revolución
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Fieles católicos cubanos recorren en procesión el “Vía Crucis”,
el 14 de abril. La procesión abarcó varias manzanas del centro
histórico de La Habana. EFE |
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“Yo vengo para aprender sobre Dios”, dice Sheila Herrera, de 8
años. Le gusta venir porque, después de la Misa, “jugamos,
aprendemos y pintamos en los libros”. La catequesis la lleva el
Hno. Carlos Martínez Lavín. Los Hermanos Maristas se han ocupado
de esta parroquia desde que el templo volvió a abrirse. Para la
Eucaristía del domingo se turnaban sacerdotes como el teólogo
chileno Segundo Galilea, que está ahora en Cienfuegos, invitado
por Mons. Aranguren. Hoy día, Galilea se identifica como
“misionero itinerante” y reconoce que “es muy difícil trabajar
aquí, porque el sistema afecta a las personas”. Ya no escribe
“porque me cansa mucho. Rezo y no añoro otros tiempos”. Se
alegra “de terminar así, en el anonimato y el silencio”.
Ahora la parroquia ya tiene párroco y un equipo de seminaristas.
Ninguno es cubano. Ramón Torres saluda a los fieles y les
anuncia a un invitado especial. Viene el Arzobispo de Medellín,
Colombia, Mons. Alberto Giraldo Jaramillo.
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Yissel Rubier y Sheila Herrera con sus abuelas, Luisa Barrueca y
Yolanda Rivera, delante de la Parroquia de Buenavista. |
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Durante la homilía, el arzobispo les cuenta cómo empezó su
interés por Cuba. Se lo debe a su hermana María Elena, religiosa
franciscana de María Inmaculada, que fue enviada en 1994 como
misionera a la isla. Antes, él venía a verla a ella. Ahora viene
en visita pastoral a sus sacerdotes y seminaristas.
“Es más lo que recibimos que lo que ofrecemos”, señala el
arzobispo. Hasta el momento, 28 seminaristas y 19 sacerdotes de
Medellín han hecho su experiencia pastoral en Cuba. En sus
evaluaciones le cuentan que ahora han entendido lo que habían
estudiado sobre la parroquia como una “comunidad de comunidades”.
Después que la Iglesia cubana optara, en 1986, por ser una
Iglesia misionera, se iniciaron las misiones de puerta en puerta
y han ido surgiendo casas de misión en los nuevos núcleos
urbanos, pues el gobierno no permite la construcción de nuevos
templos.
Existen en Cuba unas 1,200 “casas de misión”, que agrupan a unos
20,000 mil vecinos para el culto, la catequesis y la pastoral
social, lo que convierte a cada parroquia en una comunidad de
comunidades. La encuesta nacional realizada por la Iglesia
señala que la actividad misionera es el mayor exponente del
cambio en la vida de la Iglesia.
En mayo de 2005 se celebró en La Habana la Primera Asamblea
Nacional de Misiones, con 188 delegados: sacerdotes, diáconos,
religiosas y laicos de las 11 diócesis cubanas. Concluyeron un
proceso de reflexión de tres años, iniciado con asambleas
parroquiales en 2003, y diocesanas en 2004.
Durante la reunión nacional se alternó el trabajo en grupos con
conferencias. Pero, además, los delegados no se quedaron en la
teoría y salieron a misionar de puerta en puerta. A su regreso
compartieron la positiva acogida que habían experimentado en los
hogares.
Es lo mismo que han comprobado los dos seminaristas colombianos
y el párroco de Buenavista en los tres meses que llevan allí.
Samuel Ignacio Galves Osorio, ordenado hace un año, dice que “la
pastoral aquí se inicia con lo más básico, el primer anuncio”.
Él ha venido sin tiempo definido, aunque lo normal son tres años.
“Venir a Cuba”, dice, “es una opción que ya se conoce en
Medellín”.
Rostros nuevos que abren puertas
La opción de misionar en Cuba se conoce también en otras partes
del mundo. Hay en Cuba agentes pastorales de varios países de
Iberoamérica, de Canadá y de Europa. Las estadísticas de la
Iglesia cubana señalan que, de los 330 sacerdotes (126
religiosos) que hay en Cuba, 175 vinieron del extranjero, y que
de las 646 religiosas, 516 son del exterior.
La Hna. Gloria Pérez Pupo afirma que “la presencia de religiosas
y religiosos extranjeros es una riqueza para la Iglesia cubana”.
Ella es presidenta de la Confederación Cubana de Religiosos
(CONCUR), y reconoce que es riqueza “por la pluralidad; porque
nos lleva a dialogar con lo distinto”. Y aunque se ha dado
“cierta sana tensión”, afirma que esta experiencia de
interreligiosidad es “un tesoro que queremos conservar”. Comenta
que “sin la vida religiosa, la Iglesia en Cuba sería otra cosa,
porque somos el 70% de los agentes de pastoral en la isla”.
Nacida en
1957, prácticamente con la revolución, y religiosa de María
Inmaculada (MIC), fue la primera religiosa que salió para
completar su formación en Canadá, pero con permiso del gobierno
para volver. Lo hizo en 1991. Ahora algunas religiosas salen por
tres años y también regresan. Pero además, “muchas comunidades
mandan aquí a sus formandas”, explica.
Su aporte es valorado, ya que, “por nuestro pasado, nos ponemos
límites. Pero las que vienen con otra experiencia pastoral, se
atreven a dar pasos y abren puertas que a nosotras no se nos
hubiera ocurrido abrir”.
En 1961, el gobierno revolucionario confiscó los colegios
católicos, lo que motivó la salida de unas 2,000 religiosas de
la isla. Quedaron unas 200. Los religiosos docentes se han
adaptado a otros modos de vivir su carisma. “Entre hombres y
mujeres, somos 800, de 54 congregaciones femeninas y 21
masculinas”, señala la presidenta de la CONCUR. La presencia
mayor está en La Habana, porque las casas de formación quieren
estar cerca del Instituto María Reina, en donde reciben la
formación académica todos los religiosos juntos. Esta formación
es complementada en sus respectivas comunidades, en donde viven.
“Vivir como religiosa en Cuba”, dice la Hna. Pérez Pupo, “exige
amar mucho a este pueblo, descubrir a Dios obrando en esta
realidad y amar a esta Iglesia haciendo el camino con ella”. Es
un caminar, señala, que exige aceptar las limitaciones en la
vida ordinaria.
Ex directora de La Voz Católica
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